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LA HORA DE LA TENTACIÓN (1)


Mensaje dominical de Mons. Carmelo Giaquinta, arzobispo de Resistencia
13 de febrero de 2005 - Primer domingo de Cuaresma



I. JESÚS FUE TENTADO


1.
Uno de los pasajes de los Evangelios que más nos desconciertan es el de las tentaciones de Jesús. Pero tal vez sea uno de los menos considerados en la catequesis y en la predicación contemporánea. Sin embargo, los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas coinciden en iniciar la narración de los dichos y hechos de Jesús con la escena de la triple tentación: “Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio” (Mt 4,1). Por otra parte, la tentación ocupó un lugar importante en la enseñanza de Jesús. En la oración del “Padre Nuestro” nos enseñó a pedir a Dios: “No nos dejes caer en la tentación” (Mt 6,13). Y una de sus últimas palabras a sus discípulos fue: “Estén prevenidos y oren para no caer en la tentación” (Mt 26,41).



II. LA IGLESIA ES TENTADA


2. Al contrario de lo que acontece hoy, la tentación sufrida por Jesús fue un tema muy considerado en la primitiva Iglesia. El hecho de que fuese perseguida la tentaba a mimetizarse con el culto del antiguo Templo, y quizá a resignarse a anunciar un Evangelio ligth, que le permitiese sobrevivir y tener éxito como otros grupos judíos: saduceos, fariseos, esenios. La carta a los cristianos hebreos recuerda los primeros tiempos llenos de fervor y a compararlos con el momento actual de desaliento: “Recuerden los primeros tiempos: apenas habían sido iluminados (bautizados) y ya tuvieron que soportar un rudo y doloroso combate, unas veces expuestos públicamente a injurias y atropellos, y otras, solidarizándose con los que eran tratados de esa manera. Ustedes compartieron entonces los sufrimientos de los que estaban en la cárcel y aceptaron con alegrías que los despojaran de sus bienes” (Hb 10,32-34). Para alentarlos a mantenerse firmes en la fe recibida, les recuerda también las pruebas y tentaciones soportadas por Cristo: “Permanezcamos firmes en la en la confesión de nuestra fe. Porque no tenemos un Sumo Sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades; al contrario, él fue sometido a las mismas pruebas (tentaciones) que nosotros, a excepción del pecado. Vayamos entonces, confiadamente, al trono de la gracia, a fin de obtener misericordia y alcanzar la gracia de un auxilio oportuno” (Hb 4,14-16).



III. EL PROCESO DE LA TENTACIÓN


3. La liturgia de este primer domingo de Cuaresma, junto con la escena de la tentación de Jesús, nos trae también la escena de la tentación de Adán en el paraíso terrenal (Génesis 2,7-9; 3,1-17). Ambas nos muestran en forma plástica el proceso de la tentación que sufre el ser humano. Dejo a mis lectores observar este proceso en la lectura del libro del Génesis. Me detendré más bien en la escena del Evangelio según San Mateo (4,1-11).

Lo primero que ésta nos enseña es que en la tentación el hombre no está solo. Si Dios está siempre en él, con mayor razón en el momento de la tentación: “Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio”. Por tanto, el hombre no está destinado a caer en ella.

Lo segundo, es que la tentación propiamente dicha se produce cuando el hombre es tocado en sus fibras más íntimas, en su ser y misión en la vida. Las dos primeras tentaciones soportadas por Jesús comienzan de la siguiente manera: “Si tú eres Hijo de Dios”. Por tanto, Jesús fue tentado como Mesías. O sea, en su ser más profundo. Lo mismo le sucede a todo ser humano en algún momento de la vida.

Lo tercero, es que la tentación es un deslumbramiento de la mente y un engaño del corazón, provocado por razones a primera vista superiores y muy fundamentadas, que impulsan a desechar la senda emprendida en la vida como definitiva y abrir una cortada que haga más rápido y exitoso el logro de la propia vocación y misión. Es notable cómo la segunda tentación de Jesús toma pie de la Sagrada Escritura: “Si tú eres Hijo de Dios, tírate abajo (desde la parte más alta del Templo), porque está escrito: Dios dará órdenes a sus ángeles y ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra” (Mt 4,5-6). El salmo 91, que Jesús rezaba el sábado en la sinagoga con su pueblo, le daba pie para hacer una manifestación espectacular de su mesianidad. Si Dios ampara a los que se confían en él, ¿cómo no va a amparar a su Mesías en tal demostración de su misión? Lo mismo sucede con toda tentación. Nunca ésta se basa en una razón baladí. Las razones que más se invocan para abandonar un camino maduramente decidido y abrazar otro son la libertad y la felicidad. Y esto no sólo hoy, sino siempre. Porque al margen de que la cultura mercantil moderna abuse de estos argumentos en la propaganda para imponer sus productos, éstas son dos de las dimensiones más profundas del ser humano. Éste quiere necesariamente realizarse, ser libre, feliz.



IV. HORAS HISTÓRICAS DE TENTACIÓN


4. La Biblia nos muestra horas de tentación que son como prototipos a tener en cuenta. Fuera del libro del Génesis, la tentación máxima en el Antiguo Testamento es la añoranza de los israelitas por la antigua vida en Egipto, donde eran esclavos, pero gozaban de todos los bienes materiales: agua, ajos y cebollas. Y la consecuente caída en ella con la rebelión contra Moisés por haberlos sacado de Egipto. Y, sobre todo, rebelión contra el mismo Dios. En medio del desierto, se preguntaban: “¿El Señor está realmente entre nosotros, o no?” (Ex 17,1-7; cf. Num 14,1-4). Tan doloroso les resultaba a los israelitas el recuerdo de la caída en esta tentación que, arrepentidos, la recordaban recitando el Salmo 95. La misma carta a los Hebreos recuerda ampliamente este hecho, como si fuese el prototipo de las tentaciones que sufría aquella Iglesia (Hb 3,7-19).

La Iglesia Católica no está inmune de tentaciones. Tampoco nuestra Iglesia arquidiocesana. Orar para descubrir cuáles son las que más nos afectan como personas y como comunidad cristiana, y así desenmascararlas y superarlas, es una de las finalidades más importantes de este tiempo de Cuaresma.


Mons. Carmelo Giaquinta,
arzobispo de Resistencia



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