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LA HORA DE LA TENTACIÓN (3)
Mensaje
dominical
de
Mons. Carmelo Giaquinta, arzobispo
de Resistencia
27
de febrero de
2005
- Tercer domingo de Cuaresma
I. LA VIDA DE JESÚS EN MEDIO DE TENTACIONES
1. A veces pensamos que las tentaciones de Jesús estuvieron
circunscritas a un tiempo y lugar especial: su estadía en el desierto.
Pero una lectura atenta de los Evangelios nos muestra que estuvo
rodeado de tentaciones. Y, de una u otra forma, siempre relativas a su
mesianidad, que le eran armadas por la gente religiosa y bienpensante
de entonces. Podía ser el pretexto de que les mostrase un milagro:
“Los fariseos y los saduceos se acercaron a él, y para ponerlo a
prueba (para tentarlo), le pidieron que les hiciera ver un signo del
cielo”. O bien, la solución de una cuestión espinosa como el
divorcio: “Se acercaron a él algunos fariseos y, para ponerlo a
prueba (para tentarlo), le dijeron: ¿Es lícito al hombre divorciarse
de su mujer por cualquier motivo?”. O mucho más astuta la cuestión
sobre la licitud de pagar el tributo al emperador: “Hipócritas,
¿por qué me tienden unan trampa (me tientan)?”. O tener que
expedirse sobre cuál es el mandamiento más grande de la Ley:
“Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había hecho callar a
los saduceos, se reunieron en ese lugar, y uno de ellos, que era
doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba (para tentarlo):
Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?”
(cf Mt
16,1; 19,3; Mt 22,18.35).
En
todos estos casos apreciamos que Jesús se saca fácilmente el lazo que
le tienden. Por ello pensamos que las pruebas o tentaciones no lo
afectaban.
II. LA TENTACIÓN MÁS DOLOROSA:
¿SER MESÍAS POR EL APLAUSO O POR LA CRUZ?
2. Sin embargo, la carta a los Hebreos nos hace ver que hubo un
tipo de tentación que hizo sufrir mucho a Jesús, y que podemos definir
así: ser Mesías a través del espectáculo y del aplauso, o serlo por la
humillación y el dolor. A lo largo de todo el capítulo 11, el autor de
la carta recuerda las grandes figuras de la antigüedad que fueron
probadas (tentadas) de muchas maneras por el sufrimiento: Abraham, los
Patriarcas, Moisés, los Jueces, los Profetas. Éstos superaron la
tentación por la fe en Dios: “Por la fe, Abraham, cuando fue puesto
a prueba (tentado), presentó a Isaac... Y lo ofreció, porque pensaba
que Dios tenía poder aun para resucitar a los muertos. Por eso
recuperó a su hijo” (Hb 11,17.36.37). Pero el ejemplo máximo de
hombre de fe puesto a prueba es Jesús, “el cual en lugar del gozo
que se le ofrecía (ser Mesías por el aplauso), soportó la cruz sin
tener en cuenta la infamia, y ahora está sentado a la derecha de Dios”
(Hb 12,2). Este momento no le fue nada fácil a Jesús. El mismo
autor nos dice que “él dirigió durante su vida terrena súplicas y
plegarias, con fuertes gritos y lágrimas, a aquel que podía salvarlo
de la muerte” (Hb 5,7).
III. ¿SER DISCÍPULO SEGÚN LO QUE DIGA EL PROPIO CORAZÓN?
ORIENTACIÓN PARA UNA PASTORAL DE JUVENTUD
3. Las palabras “cruz” y “corazón” no son necesariamente
antitéticas en el lenguaje cristiano. Pero de hecho muchas veces lo
son. El misterio de la cruz con frecuencia es callado e incluso
desechado. Y no siempre la palabra “corazón” es empleada en sentido
cristiano.
Comencemos por esta última. A los jóvenes les gusta mucho la palabra
“corazón”. ¡Qué cosa más bella que sentir que te digan “obra según te
dicte tu corazón”, cuando esta palabra es entendida en el sentido que
muchas veces le dio Jesús! “Aprendan de mi, porque soy paciente y
humilde de corazón” (Mt 11,29). O bien, “¡Felices los que
tienen el corazón puro!” (Mt 5,8). Pero el mismo Jesús nos
advirtió que no siempre el propio corazón es puro: “El que mira a
una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón” (Mt
5,28). “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está
lejos de mí... Del corazón proceden las malas intenciones, los
homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los robos, los falsos
testimonios, las difamaciones” (Mt 15,8.18-19). En este caso,
“obrar según dicta el propio corazón” equivaldría a caer en la
tentación y oponerse a Jesús, desecharlo.
4.
Convendrá analizar hasta dónde las fórmulas con que el mercado impone
hoy sus productos no se están convirtiendo en normas morales para el
mundo juvenil. Este discernimiento es una de las tareas necesarias de
una auténtica pastoral de juventud. Porque ésta, en especial en
América Latina, es un mercado potencial enorme, y éste sabe que se
pueden hacer grandes negocios con ella sin que se dé cuenta. Basta
robarle el alma con frases seductoras. E imponerle un producto hoy, y
mañana otro, y pasado otro más. Es una gran tentación a la que está
sometida nuestra juventud. Y los que tenemos algunos años caminados
tenemos la obligación de estar a su lado para que no se deje engañar.
IV. SER DISCÍPULO ASUMIENDO LA PROPIA CRUZ
5. La “cruz” o el sufrimiento es concomitante al seguimiento a
Jesucristo. Jesús, que no engaña, siempre planteó como necesaria esa
relación: “El que no toma su cruz y me sigue no es digno de mí”;
“El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue
con su cruz y me siga” (Mt 10,38; 16,24). Sin embargo, nunca fue
un tema fácil. Cuando Jesús lo planteó, los discípulos siempre lo
rechazaron. Así las tres veces que anunció su pasión en la cruz. La
primera vez, Simón Pedro trató de disuadirlo. La segunda, se quedaron
muy apenados. La tercera, los Zebedeo hicieron caso omiso, y pidieron
para ellos los primeros puestos en el Reino (Mt 16,21-23; 17,22-23;
20,17-28).
6. A la natural repulsa a asumir la cruz, que proviene de la
limitación humana, hoy se agrega un rechazo visceral a toda
insatisfacción, que se origina en la cultura ambiente. Según ésta todo
atisbo de dolor sería un signo negativo. Una especie de luz roja que
indicaría que algo estaría andando mal, y que habría que apagar el
motor que habría conducido hasta allí. Si duele, no sirve. Nada que
ver con la enseñanza de la naturaleza y la de Jesús: la mujer que gime
cuando da luz; el grano de trigo que muere para germinar.
(Continuará).
Mons. Carmelo Giaquinta,
arzobispo de Resistencia |