Documentos  
 

LA HORA DE LA TENTACIÓN (4)


Mensaje dominical de Mons. Carmelo Giaquinta, arzobispo de Resistencia
6 de marzo de 2005 - Cuarto domingo de Cuaresma



I. LA IGLESIA DE LOS APÓSTOLES SOMETIDA A LA TENTACIÓN


1. Con frecuencia encuentro a cristianos, incluso con muchos estudios religiosos, que miran con añoranza a la Iglesia de los Apóstoles, como si en aquella época se hubiese realizado plenamente el ideal de Iglesia soñado por Jesús, pero que luego, poco a poco, y en especial a partir del emperador Constantino, hubiese entrado en franca decadencia hasta llegar a ser la calamidad que es hoy día. Aunque duela decirlo, esos cristianos sólo tienen una visión romántica de la Iglesia primitiva, no saben leer el Nuevo Testamento y desconocen la historia de la Iglesia.


2.
Una mirada somera a las cartas de los Apóstoles muestra que la Iglesia de aquel entonces tuvo que abrirse camino dolorosamente en medio de muchas tentaciones. Y que así como el pueblo de Israel era contagiado por el paganismo de los pueblos vecinos, también la Iglesia primitiva era infectada por los desvalores de la cultura grecorromana circundante. De allí, que la Iglesia del tiempo de los Apóstoles pueda ser hoy un paradigma inspirador, pero no tanto por la realización del ideal evangélico propuesto por Jesús, sino por el empeño que puso en convertirse permanentemente al mismo.



II. LA CULTURA GRECORROMANA TIENTA A IGLESIA DE CORINTO


3. El apóstol San Pablo en casi todas sus cartas tuvo que responder a una abundante casuística que le presentaban los fieles de las diferentes comunidades, y que él examinaba cuidadosamente para enseñarles a distinguir los comportamientos conforme al Evangelio y los contrarios a él. Recordemos la problemática de la primera carta a los Corintios: divisiones de la comunidad, pujas entre grupos por quién seguía al apóstol más importante, convivencia sexual de un cristiano con su madrastra, pleitear entre cristianos ante los tribunales paganos, frecuentar a las prostitutas argumentando la libertad que nos trajo Cristo, burlarse de los hermanos que no comían carne inmolada a los ídolos, celebrar la Eucaristía como si fuese una comida común, etc.


4. Por ello el apóstol no duda en comparar a la Iglesia de Corinto con el pueblo de Israel en su marcha por el desierto, con todas las maravillas obradas por Dios, pero también con todas las rebeliones de Israel contra él y los consecuentes castigos. Y dice: “Todo esto aconteció simbólicamente para ejemplo nuestro, a fin de que no nos dejemos arrastrar por los malos deseos, como lo hicieron nuestros padres. Ustedes no adoren falsos ídolos, como hicieron algunos de ellos... No forniquemos, como algunos de ellos... No provoquemos al Señor, como hicieron algunos de ellos... No nos rebelemos contra Dios, como algunos de ellos, por lo cual murieron víctimas del Ángel exterminador. Todo esto les sucedió simbólicamente, y está escrito para que nos sirviera de lección a los que vivimos en el tiempo final”. Y enseguida agrega que, de tamañas tentaciones, los corintios pueden salir victoriosos por la gracia de Dios: “Por eso, el que se cree muy seguro, ¡cuídese de no caer! Hasta ahora ustedes no tuvieron tentaciones que superen sus fuerzas humanas. Dios es fiel, y él no permitirá que sean tentados más allá de sus fuerzas. Al contrario, en el momento de la tentación, les dará el medio de librarse de ella, y los ayudará a soportarla” (1 Co 10,8-13).



III. UN FALSO APÓSTOL TIENTA A LA IGLESIA DE GALACIA


5. Mientras la Iglesia de Corinto era tentada por la cultura grecorromana, la de Galacia, en cambio, lo era por un excesivo aprecio de la tradición judía. Esta Iglesia, compuesta por una población de origen mayoritariamente pagano, a raíz de la visita de un falso apóstol comenzó a sentirse de segunda categoría porque no adoptaba la costumbre judía de la circuncisión. De hecho, evangelizada por el apóstol Pablo, descartaba esa práctica. Pero, desde aquella desventurada visita, muchos comenzaron a practicarla. Y, por tanto, corrían el peligro de relegar el valor redentor de la cruz de Cristo. Por ello el apóstol Pablo los zamarrea con su carta para que despierten de la ilusión que los está perdiendo: “Gálatas insensatos, ¿quién los ha seducido a ustedes, ante quienes fue presentada la imagen de Jesucristo crucificado? ¿Han sido tan insensatos que llegaron al extremo de comenzar por el Espíritu, para acabar ahora en la carne?... Si ustedes se hacen circuncidar, Cristo no les servirá de nada... Si ustedes (que son de origen pagano) buscan la justicia por medio de la Ley (de Moisés), han roto con Cristo y quedan fuera del dominio de la gracia... En cuanto a aquel que los está perturbando, será castigado, sea quien sea” (Ga 3,1; 5,2-4.10).


6. Pero el apóstol sabe muy bien que no basta mucha energía para despertar al prójimo de la ilusión que lo tienta. Hace falta también mucha humildad y paciencia. Por ello agrega: “Si alguien es sorprendido en alguna falta, ustedes los que están animados por el Espíritu, corríjanlo con dulzura. Piensa que también tú puedes ser tentado. Ayúdense mutuamente a llevar las cargas , y así cumplirán la Ley de Cristo. Si alguien se imagina ser algo, se engaña, porque en realidad no es nada” (Ga 6,1-3).



IV. EL PASADO, LECCIÓN PARA EL PRESENTE DE LA IGLESIA


7. Por lo general los cristianos no sabemos hacer una lectura pastoral de la Biblia. Lo que aconteció en el Antiguo o en el Nuevo Testamento solemos leerlo como si fuesen simples anécdotas del pasado, pero sin ninguna relación con el presente. No pensamos que los escribas y fariseos que tentaban a Jesús siguen estando presentes en los que hoy sobrevaloran sus razonamientos teológicos y no adoptan un espíritu de conversión al Evangelio. Ni imaginamos que la actitud de los corintios sigue vigente en los que adoptan la cultura posmoderna sin someterla a ninguna crítica. Ni que la actitud de los gálatas revive en los que defienden a ultranza todas las costumbres anteriores al Concilio Vaticano II sin reparar que en ellas no todo era evangélico. (Continuará).


Mons. Carmelo Giaquinta,
arzobispo de Resistencia



Agencia Informativa Católica Argentina
Bolívar 218, 3er. piso, 1066 Buenos Aires,
Tel. (011) 4343-4397 (líneas rotativas) - Fax: (011) 4334-4202
E-mail: info@aica.org - Sitio en Internet: www.aica.org

Copyright © 1996 / 2006 AICA. Todos los derechos reservados.