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LA HORA DE LA TENTACIÓN (5)
Mensaje
dominical
de
Mons. Carmelo Giaquinta, arzobispo
de Resistencia
13
de marzo de
2005
- Quinto domingo de Cuaresma
I. ¿UN
CRISTIANISMO SIN LA CRUZ DE CRISTO?
1. Ya he referido cómo Jesús fue tentado a ser el Mesías o
Cristo sin la cruz. ¿Qué de extrañar que los cristianos queramos ser
tales sin ella? Es decir, sin tener que sufrir por el Evangelio. Pero
¿es posible? Desde la primera misión que Jesús encomendó a sus
apóstoles les previno con claridad sobre los sufrimientos que habrían
de soportar: “Yo los envío como a ovejas en medio de lobos.
Cuídense de los hombres, porque los entregarán a los tribunales y los
azotarán en las sinagogas. A causa de mí serán llevados ante
gobernadores y reyes, para dar testimonio delante de ellos y de los
paganos. Cuando los entreguen, no se preocupen de cómo van a hablar o
qué van a decir: lo que deban decir se les dará a conocer en ese
momento, porque no serán ustedes los que hablarán, sino que el
Espíritu de su Padre hablará en ustedes” (Mt 10,17-20). Todo el
Evangelio de Jesús está salpicado con un anuncio semejante a éste:
“Si me persiguieron a mí, también los perseguirán a ustedes” (Jn
15,20).
2. Sin embargo, y a pesar de lo claro que fue Jesús sobre lo
inevitable del dolor por ser discípulos suyos, los cristianos nos
ilusionamos en que es posible serlo sin la cruz. Sucede así desde
siempre. Recordemos el reproche que Jesús resucitado dirigió a los dos
discípulos que se iban a Emaús: “¡Hombres duros de entendimiento,
cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No era
necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en la
gloria?” (Lc 24,25-26).
Sucedió también en tiempos de la persecución de Nerón. El apóstol
Pedro tuvo que recordarles a los cristianos: “no se extrañen de la
violencia que se ha desatado contra ustedes para ponerlos a prueba
(someterlos a la tentación), como si les sucediera algo
extraordinario. Alégrense en la medida en que puedan compartir los
sufrimientos de Cristo” (1 Pe 4,12).
II. AUSENCIA DEL DOLOR EN LA CATEQUESIS Y EN LA PREDICACIÓN
3. Mucho me temo que el tema del sufrimiento por el Evangelio
esté hoy especialmente ausente de la catequesis y de la predicación.
Si así fuere, ¿los catequistas y predicadores no estaríamos estafando
a los catecúmenos y fieles cristianos? Una vida cristiana que no
suscitase contradicción ¿sería tal? Hoy en la Iglesia se da una
tendencia a hablar del amor de Dios de una manera muy ñoña, como si
éste eximiese de todo dolor a los que son sus hijos. Y no es así.
Dios, que nos ama infinitamente, ni siquiera le ahorró el dolor de la
cruz a su Hijo muy amado.
4. Es cierto que no toda persecución es religiosa, y no indica
necesariamente que se esté ante un cristiano. Puede tratarse de una
persecución policial a un malhechor. Pero cuando hay un cristiano
cabal, en algún momento éste sufre la persecución. El apóstol Pedro
distinguía perfectamente estos dos tipos de persecuciones: “Que
nadie tenga que sufrir como asesino, ladrón, malhechor o delator. Pero
si tiene que sufrir por ser cristiano, que no se avergüence y
glorifique a Dios por llevar ese nombre”.
Lo que
hoy nos llama la atención es que el Apóstol habla de sentir alegría en
medio de la persecución: “Alégrense en la medida en que puedan
compartir los sufrimientos de Cristo, porque el Espíritu de gloria, el
Espíritu de Dios, reposa sobre ustedes... Si uno sufre por ser
cristiano, que no se avergüence y glorifique a Dios por llevar ese
nombre” (1 Pe 4 4,14-15). Y hasta es reiterativo en esto de la
alegría: “Ustedes se regocijan a pesar de las diversas pruebas
(tentaciones) que deben sufrir momentáneamente; así la fe de ustedes,
una vez puesta a prueba, será mucho más valiosa que el oro perecedero
purificado por el fuego... Ustedes lo aman (a Cristo) sin haberlo
visto, y creyendo en él sin verlo todavía, se alegran con un gozo
indecible y lleno de gloria” (1 Pe 1,6). El apóstol Santiago hace
lo mismo: “Feliz el hombre que soporta la prueba (tentación),
porque después de haberla superado, recibirá la corona de Vida que el
Señor prometió a los que lo aman” (Sant 1,12).
5. ¿Nosotros, los catequistas y predicadores modernos, educamos
a vivir con alegría las contradicciones por ser cristianos? No se
trata de un elemento secundario de la catequesis. O el catequista
procura suscitar en el catecúmeno un amor tal a Jesucristo que sea
capaz de despreciar el sufrir por él, o no hará una catequesis
plenamente cristiana.
III. ¿ESTAMOS FALSEANDO EL EVANGELIO?
6. Aunque parezca extraño, siempre existe el peligro de que
falseemos el Evangelio. Ante el peligro de que los cristianos de
Galacia lo pervirtiesen relegando la cruz por la circuncisión, el
apóstol Pablo reaccionó indignado: “Me sorprende que ustedes
abandonen tan pronto al que los llamó por la gracia de Dios para
seguir otro evangelio. No es que haya otro, sino que hay gente que los
está perturbando y quiere alterar el Evangelio de Cristo. Pero si
nosotros mismos o un ángel del cielo les anuncia un evangelio distinto
del que les hemos anunciado, ¡que sea expulsado!” (Ga 1,6-8).
7. ¿Hoy no deberíamos reaccionar de la misma manera? Sí, y ello
porque en la Iglesia estaríamos tergiversando el Evangelio asumiendo
criterios mundanos que desplazan la cruz de Cristo. A veces se oye
decir: “Ahora tengo que hacer mi vida”. Y se trata, quizá, de una
persona con muy largos años dedicados con generosidad al apostolado
presbiteral o vividos en un instituto religioso, pero hoy siente como
si todo hubiese sido tiempo perdido. ¿Qué le pasó? ¿Podemos escapar a
la trampa de ciertos slogans que nos impulsan a buscar la felicidad en
forma rápida? Ciertamente, por la vuelta al amor a Jesucristo en la
Cruz, como nos lo enseñó el apóstol Pablo: “Yo estoy crucificado
con Cristo, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí: la vida que
sigo viviendo en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios, que me
amó y se entregó por mí”. “Yo sólo me gloriaré en la cruz de nuestro
Señor Jesucristo, por quien el mundo está crucificado para mí, como yo
lo estoy para el mundo” (Ga 2,20; 6,14). (Continuará).
Mons. Carmelo Giaquinta,
arzobispo de Resistencia |