Documentos  
 

LA HORA DE LA GLORIFICACIÓN (3)


Mensaje dominical de monseñor Carmelo Giaquinta, administrador apostólico
de Resistencia (13 de abril de 2005 - Tercer domingo de Pascua)



1.
En el tercer Domingo de Pascua, en el leccionario litúrgico del “Ciclo C”, leemos una aparición de Jesús que aconteció ya fuera de la semana posterior a la Resurrección. El Evangelista San Juan dice que “ésta fue la tercera vez que Jesús resucitado se apareció a sus discípulos” (Jun 21,14). Se trata de la “pesca milagrosa”. Hoy nos interesan las dos escenas que siguen: la triple profesión de amor que Jesús le pide a Pedro, y el preanuncio de su muerte. Dejo al lector leer estos pasajes (Jn 21,15-19).



I. LA RESURRECCIÓN DE CRISTO, LAS NEGACIONES DE PEDRO
Y SU TRIPLE PROFESIÓN DE AMOR


2.
En cuanto a la primera escena, está íntimamente relacionada con la triple negación de Pedro la noche en que Jesús fue entregado. Convenía que el que lo había negado tres veces, por tres veces le profesase su amor: “Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntara si lo quería y le dijo: Señor, tú lo sabes todo; sabes que te quiero” (Jn 21,17; ver Jn 18,17.25-27).


3. Las negaciones de Pedro son símbolo de nuestras negaciones, las que cometemos a diario fieles y pastores. Pero ninguna infidelidad nuestra es capaz de conmover la fidelidad que Cristo nos guarda. Como escribió el apóstol San Pablo a Timoteo: “Si somos infieles, él es fiel, porque no puede renegar de sí mismo” (2 Tm 2,12). Por ello es posible que los que lo negamos podamos siempre convertirnos a él. Y ello, mediante el arrepentimiento y la renovación del amor.


4. Este punto del amor a Cristo es capital para una pedagogía cristiana. No se llega a ser discípulo de Cristo porque se conozcan muchos datos sobre su vida, pasión y resurrección. Se es discípulo por el amor. Como nos dijo el mismo Jesús en el sermón de despedida: “Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos... El que recibe mis mandamiento y los cumple, ése es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él... El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará, iremos a él y habitaremos en él” (Jn 14,15.21.23).


5. De estos doce años como Obispo de Resistencia me surge una duda, que no me atormenta, pero me hace doler: ¿he predicado suficientemente que lo principal del apostolado es enseñar a amar la persona del Señor Jesucristo? ¿Y esto especialmente a los catequistas y a los seminaristas?