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LA HORA DE LA
GLORIFICACIÓN (4)
Mensaje
dominical
de
monseñor Carmelo Giaquinta,
administrador
apostólico
de Resistencia
(17
de abril de
2005
- Cuarto domingo de Pascua)
I. JESÚS,
EL BUEN PASTOR, NOS DEFIENDE DE LOS PELIGROS
EL VALOR PASTORAL DE LA ORTODOXIA
1. El cuarto Domingo de Pascua es llamado popularmente de
“Jesús Buen Pastor”, porque en él se lee siempre el capítulo décimo
del evangelio según San Juan, en el que Jesús se autodefine con dos
parábolas: “Yo soy la puerta del corral de las ovejas” y “Yo
soy el Buen Pastor”. Ambas parábolas están profundamente
relacionadas, pues no sólo se refieren a las ovejas, sino a la
seguridad que éstas necesitan frente a los peligros de los lobos. Es
decir, el maltrato pastoral y el alimento dañino, que es la mala
doctrina.
2. Ambos peligros merecerían especial consideración. Al segundo
se le presta hoy muy poca atención. Está de moda despreciar la
ortodoxia; o sea, el pensar conforme a lo que la Iglesia enseña. Todo
es igual. Y si está reñido con lo enseñado siempre, mejor. Se lo toma
como signo de libertad. La Iglesia, en cambio, que tiene sentido de lo
que valen las ovejas del rebaño de Cristo, nunca fue indiferente a la
ortodoxia. No se trata de embarcarse en disquisiciones académicas
sobre cuestiones opinables. Cuando es así, la Iglesia procura no
terciar y lo deja a la libre discusión de las escuelas teológicas.
Pero a veces está en juego la calidad del alimento de las ovejas. No
es lo mismo el pasto bueno que el venenoso. La mala doctrina lleva a
los fieles a pensar mal y a obrar de modo no conforme al Evangelio.
Que en la defensa de la ortodoxia se pueden cometer yerros, por
cierto. Y durante la historia se han cometido muchos y muy graves.
Pero ello no hace que la ortodoxia pierda su valor y que no sea
necesaria para apacentar el rebaño de Cristo. Así como la recepción
sacrílega de la Eucaristía no daña su santidad y la necesidad que
tenemos de ella, lo mismo acontece con la ortodoxia. Ningún abuso
habido en su defensa descalifica su bondad y necesidad.
3. El apóstol San Pablo, en los dos testamentos que nos dejó,
previene seriamente sobre el peligro de la mala doctrina. Así, al
despedirse de los presbíteros de Éfeso: “Velen por ustedes, y por
todo el rebaño sobre el cual el Espíritu Santo los ha constituido
guardianes para apacentar la Iglesia de Dios, que él adquirió al
precio de su propia sangre. Yo sé que después de mi partida se
introducirán entre ustedes lobos rapaces que no perdonarán al rebaño.
Y aun de entre ustedes mismos, surgirán hombres que tratarán de
arrastrar a los discípulos con doctrinas perniciosas” (Hch 20,28-29).
Y escribiéndole a Timoteo desde la cárcel: “Proclama la Palabra de
Dios, insiste con ocasión o sin ella, arguye, reprende, exhorta, con
paciencia incansable y con afán de enseñar. Porque llegará el tiempo
en que los hombres no soportarán más la sana doctrina; por el
contrario, llevados por sus inclinaciones, se procurarán una multitud
de maestros que les halaguen los oídos, y se apartarán de la verdad
para escuchar cosas fantasiosas” (2 Tm 4,2-4).
II. CANTOS DE SIRENA
4. Es llamativo cómo en los días de la agonía del Papa Juan
Pablo, y sobre todo después, se han multiplicado las voces que
sugieren, y casi que ordenan, el camino que ha de seguir el próximo
Papa para garantizarle a la Iglesia la vuelta de las multitudes que la
abandonan. Verdaderos cantos de sirena.
-
“Aprueba el divorcio - le dicen -, bendice el matrimonio de los
homosexuales, proclama el derecho al aborto, propicia los experimentos
con la vida humana, eutanasia y eucaristía van juntas, reconoce el
derecho de los curas célibes a casarse, recomienda los
preservativos...”.
-
Pero sirena encantadora, si desde siempre enseño que los que no
quieren hacerse cargo de su paternidad están obligados gravemente a
usar forro...
- Eso
no basta, viejo pastor. La Iglesia, experta en humanidad, debe
promover la salud sexual. Que los chicos y chicas hagan el amor
libremente...”.
No
será de extrañar que en los próximos días esas voces arrecien. ¿Cuál
es el interés en ello? ¿Qué los mueve a que una institución vetusta
como la Iglesia adopte sus puntos de vista? Y no se trata sólo de que
ella ajuste su praxis penitencial. La cosa es más profunda. La Iglesia
debe enseñar lo que pontifican ciertos periodistas transformados en
improvisados teólogos, o teólogos de renombre que han roto la comunión
católica.
5. Nunca como en estos días he comprendido las tentaciones a
las que fue sometido Cristo: “Si eres Hijo de Dios, tírate abajo...
Te daré todo esto, si te postras para adorarme”. Pero nunca
imaginé semejante descaro. Tal vez que la Iglesia sugiera imagen de
poder, y que entonces se pretenda seducirla como se hace con los
poderosos de este mundo. Cuando no se los puede derrotar, se procura
hacerlos aliados. Pero como la Iglesia no es un poder como los de este
mundo, no se aliará con ellos. Por ello los días que vienen no serán
para la Iglesia la prolongación de la apoteosis del funeral de Juan
Pablo II: multitudes afluyendo de todas partes y los grandes de este
mundo rindiéndole homenaje. No. A la Iglesia le esperan días
dolorosos. La calumnia y ridiculización persistente. La supresión de
los signos religiosos erigidos a lo largo de dos milenios. Hasta la
penalización de su enseñanza sobre cuestiones éticas y de moral
sexual. Quizá se la despoje del poquito poder temporal que le queda.
Pero
no hagamos futurología. Lo que importa siempre, y hoy especialmente,
es prepararse a la prueba con la oración. Como Jesús le enseñó a Simón
Pedro: “Estén prevenidos y oren para no caer en la tentación” (Mt
26,41).
III. ORAR POR EL FUTURO PAPA
6. Mañana comienza el Cónclave de los Cardenales para elegir al
futuro Obispo de Roma, sucesor del apóstol San Pedro. Invito a todos a
orar muy intensamente por él. Como lo hizo Jesús cuando tuvo que
elegir a Simón y a los demás apóstoles, y cuando se acercó la hora de
la traición (cf. Lc 6,12-16; 22,32). Que el Señor nos dé un pastor
según su corazón, que guíe el timón de la barca de la Iglesia con mano
segura.
Mons. Carmelo Giaquinta,
administrador
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