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LA HORA DE LA
GLORIFICACIÓN (6)
Mensaje
dominical
de
monseñor Carmelo Giaquinta,
administrador
apostólico
de Resistencia
(1
de mayo de
2005
- Sexto domingo de Pascua)
I. LA ORACIÓN PARA LA ELECCIÓN DEL PAPA:
TERMÓMETRO DE MADUREZ CRISTIANA
1.
Entusiasmo, desconcierto, miedo, turbación, alegría: fueron algunos de
los sentimientos que predominaron en los discípulos de Jesús en los
días de su pasión y resurrección. Entusiasmo, en su entrada triunfal a
Jerusalén. Desconcierto y miedo, en su pasión y muerte. Turbación,
ante las primeras noticias de su resurrección. Alegría, una vez que
experimentaron que había resucitado.
Salvadas las distancias, la Iglesia acaba de sufrir una serie de
sentimientos muy fuertes y contradictorios con ocasión de la agonía y
muerte del Papa Juan Pablo II, y de la elección de Benedicto XVI. Es
normal que así suceda, porque la Iglesia, comunidad de creyentes, está
compuesta por seres humanos que tienen sentimientos, y necesariamente
reaccionan frente a lo que perciben como una esperanza o una amenaza.
Y ello, sin contar que sufrimos las presiones de los medios de
comunicación, los cuales, ante situaciones semejantes, añaden su cuota
de reacciones, que a veces llegan a dominarnos.
2. Por sobre el cúmulo de tales sentimientos, conviene ahora
que los cristianos examinemos cuánto y cómo hemos orado, sea en la
muerte de Juan Pablo II para que el Señor lo purifique de sus pecados
y premie sus buenas obras, sea en la elección del nuevo Romano
Pontífice, Benedicto XVI. Sobre todo, en esta última ocasión. Y ello,
porque la medida de la oración hecha es un termómetro de nuestra fe.
Y, por tanto de nuestra madurez espiritual. ¿Hemos orado con
insistencia, confianza y libertad espiritual por el que habría de ser
el Vicario del apóstol Pedro? ¿Podemos comparar nuestra oración con la
que hicieron los Apóstoles, junto con María la madre Jesús, las demás
mujeres y los otros discípulos, cuando se trató de completar el lugar
abandonado por Judas? ¿O hemos orado nerviosamente para que
fuese elegido fulano? ¿Para que no saliese zutano? ¿Nos hemos ahogado
en las especulaciones de la prensa o de algunos círculos pensantes?
¿Hoy estamos orando de corazón por el nuevo Romano Pontífice?
3. Como dije en el breve mensaje que dirigí desde San Miguel al
día siguiente de la elección de Benedicto XVI, la oración del pueblo
cristiano ha sido más decisiva en su elección que la labor específica
de los Cardenales en el Cónclave. Ésta fue importante: dialogar,
discernir, votar. Pero mucho más lo fue la oración que hicieron junto
con el pueblo cristiano: “Señor, tú que conoces los corazones,
muéstranos a cuál elegiste” (Hch 1,24). Es lo que nos enseña la
fe.
II. ORAR POR EL FUTURO ARZOBISPO DE RESISTENCIA
4. Lo dicho sobre el valor insustituible de la oración en la
elección de Papa, vale para la designación del futuro Arzobispo de
Resistencia. La forma de designación de los Obispos es importante,
pero ésta ha variado a lo largo de los siglos. Lo que no variará jamás
es la necesidad de la oración del pueblo cristiano. Por medio de ella
éste se convierte en madre de quien ha de ser su padre y pastor.
5. En cuanto a la forma actual de designación, el Código de
Derecho Canónico, en el canon 377, dice:
“1°) El
Sumo Pontífice nombra libremente a los Obispos o confirma a los que
han sido legítimamente elegidos. 2°) Al menos cada tres años, los
Obispos de la provincia eclesiástica o, donde así lo aconsejen las
circunstancias, los de la Conferencia Episcopal, deben elaborar de
común acuerdo y bajo secreto una lista de presbíteros, también de
entre los miembros de institutos de vida consagrada, que sean idóneos
para el Episcopado, y han de enviar esta lista a la Sede Apostólica,
permaneciendo firme el derecho de cada Obispo de dar a conocer
particularmente a la Sede Apostólica nombres de presbíteros que
considere idóneos para el oficio episcopal. 3°) A no ser que se
establezca legítimamente de otra manera, cuando se ha de nombrar un
Obispo diocesano o un Obispo coadjutor, para proponer a la Sede
Apostólica una terna, corresponde al Legado pontificio investigar
separadamente y comunicar a la misma Sede Apostólica, juntamente con
su opinión lo que sugieran el Arzobispo y los Sufragáneos de la
provincia, a la cual pertenece la diócesis que se ha de proveer o con
la cual está agrupada, así como el presidente de la Conferencia
Episcopal; oiga además el Legado Pontificio a algunos del colegio de
consultores y del cabildo catedral, y, si lo juzgare conveniente, pida
en secreto y separadamente el parecer de algunos de uno y otro clero,
y también de laicos que destaquen por su sabiduría”.
Una
norma canónica recuerda que “en lo sucesivo no se concederá a las
autoridades civiles ningún derecho ni privilegio de elección,
nombramiento, presentación y designación de Obispos” (canon 377,5°).
Otra, que “el juicio definitivo sobre la idoneidad del candidato
corresponde a la Sede Apostólica” (canon 378,2°). Los cánones
412-415 tratan de la “sede impedida”.
III. LA INTERCESIÓN DE SAN JOSÉ OBRERO POR LA ARQUIDIÓCESIS
6. Hoy, 1 de mayo, correspondería celebrar la solemnidad de San
José Obrero, que, junto con la Inmaculada Concepción de la Santísima
Virgen María, es patrono principal de la Arquidiócesis de Resistencia.
Por coincidir con el sexto Domingo de Pascua, se traslada al día de
mañana. Comienzan así las dos últimas semanas del tiempo pascual, que
culminará en la solemnidad de Pentecostés. Una ocasión preciosa para
que todo el pueblo cristiano, fieles y pastores, con la intercesión de
tan poderosos patronos, intensifiquemos la oración a Dios para que nos
envíe un nuevo pastor según su corazón. Exhorto a todos hacerlo con fe
viva, como lo hizo Jesús cuando tuvo que elegir a sus Apóstoles. Como
lo hizo la Iglesia naciente al elegir a Matías. Como lo hace en toda
ordenación episcopal, presbiteral y diaconal. Y en la consagración de
vírgenes, y en la profesión religiosa. Y en el reciente Cónclave.
Oración que se expresa con singular intensidad en las Letanías de los
Santos, tan bellamente comentadas por Benedicto XVI en su homilía del
pasado domingo al iniciar su ministerio “petrino”.
Mons. Carmelo Giaquinta,
administrador
apostólico de Resistencia |