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POR UNA CULTURA DEL TRABAJO
Conferencia de Mons. Carmelo Juan Giaquinta, administrador apostólico
de Resistencia, y Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral
Social, en la inauguración de las Jornadas Sociales de Mar del Plata
(6 de mayo de 2005)
INTRODUCCIÓN
Un tema capital
1.
El tema de estas Jornadas Sociales es “La Cultura del Trabajo”.
Y lleva un lema sugerente: “Una Argentina con trabajo tiene
futuro”. El mismo carga con una gran esperanza: “La Argentina
tiene futuro”. Pero, a la vez, previene de un peligro grave, casi
trágico: que, sin trabajo, la Argentina no tendría futuro. Es decir,
ni nosotros, ni nuestros hijos. De modo que el tema es por demás
capital.
Finalidad: suscitar y encauzar el Diálogo
2.
A mi charla la intitulé “Por una Cultura del Trabajo”, suponiendo que
en nuestro País está amenazada o seriamente dañada. La finalidad de la
misma es despertar la experiencia de ustedes en este campo y suscitar
la creatividad de la que son capaces, y encauzarlas, para que así,
durante estos días, se entable entre todos los participantes de los
diversos sectores sociales un diálogo noble y provechoso, en el que
todos expongan sus puntos de vista, y todos estén dispuestos a
enriquecer la propia perspectiva con la del otro, sin temor a
corregirla si fuese necesario; y, si fuese posible, lograr consensos
fundamentales.
No se trata de un
ejercicio puramente académico sobre La Cultura del Trabajo. En la
Argentina el tema no está para un pasatiempo. Debemos actuar con
urgencia, pero para ello tenemos que ver con claridad. Las ideas
claras son el motor de la historia.
3. Mi charla atenderá especialmente a dos aspectos: uno
primero, referido al aporte que la fe cristiana hace al tema; uno
segundo, referido a observaciones pastorales sobre el mismo adquiridas
durante mi vida y, en especial, durante los veinticinco años de
ministerio episcopal, que tal vez puedan ser útiles para formularnos
preguntas en orden a resucitar la Cultura del Trabajo. Son,
sustancialmente, las dos primeras partes, que complemento con las dos
últimas.
PRIMERA PARTE
EL TRABAJO A LA LUZ DE LA FE CRISTIANA
Por el trabajo el hombre se asemeja a Dios creador
4.
En la visión cristiana del hombre, el Trabajo ocupa un lugar central.
En el primer libro de la Biblia, el Génesis, que es un escrito
sencillo pero lleno de poesía y sabiduría, el hombre es presentado
como un trabajador: “El Señor Dios tomó al hombre y lo puso en el
jardín de Edén, para que lo cultivara y lo cuidara” (Gen 2,15).
En este pasaje
bíblico, el Trabajo es algo grato: cultivar el jardín de Edén,
cuidarlo. Está muy en relación con el Trabajo que el mismo Dios hace
durante los seis días que dura la obra de la creación. Ésta le procura
a él un gozo indecible. “Y Dios vio que esto era bueno”,
exclama el autor del Génesis al final de cada uno de los días,
imaginando a Dios que contempla satisfecho la obra realizada: la luz,
la tierra y el mar, los vegetales, los astros del cielo, las aves y
peces, los animales (cf. Gen 1,4.10.12.18.21.25). Pero de todas
sus obras, la que más contento lo pone es haber creado al hombre, un
trabajador como él: “Y Dios vio que era muy bueno” (Gen 1,31).
Por ello ya puede descansar tranquilo: “El séptimo día, Dios
concluyó la obra que había hecho, y cesó la obra que había emprendido”
(Gen 2,2).
5.
Es importante advertir que el trabajo como algo penoso aparece en
la Biblia sólo después que el hombre pecó: “Porque comiste del
árbol que yo te prohibí, maldito sea el suelo por tu culpa. Con fatiga
sacarás de él tu alimento todos los días de tu vida. Él te producirá
cardos y espinas y comerás la hierba del campo. Ganarás el pan con el
sudor de tu frente hasta que vuelvas a la tierra de donde fuiste
sacado” (Gen 3,17-19).
6.
En el relato bíblico de la creación del hombre, importa advertir que
Dios creó al hombre capaz de proveer a su propio sustento y al de
sus seres queridos: “Y Dios creó al hombre a su imagen; los
creó varón y mujer. Y los bendijo, diciéndoles: Sean fecundos,
multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del
mar, a las aves del cielo y a todos los vivientes que se mueven sobre
la tierra” (Gen 1,28).
Cuestiones a los cristianos
7.
Los cristianos afirmamos en el Credo: “Creo en Dios Padre, creador
del cielo y de la tierra”. Pero para creer en Dios creador en
serio no basta que aceptemos que allá, al comienzo de los tiempos,
Dios hizo todo de la nada. Ese tipo de fe también la tiene el Demonio,
y de nada le sirve. Creer en serio implica que aceptemos que Dios
hoy me sigue creando y me sigue proveyendo los dones esenciales para
que yo enfrente la vida y cumpla mi misión en ella. Dios no me
crea inútil. Me da inteligencia, voluntad, dos brazos, instinto
solidario, tierra bajo los pies y pone el universo entero a mi
disposición. Creer en Dios creador es, por tanto, reconocer que yo
estoy capacitado por él con los recursos necesarios para trabajar y
enfrentar la vida.
8.
¿Los cristianos argentinos creemos en serio en este artículo de
nuestra fe? Si así fuese, ¿cómo explicar que en nuestro País, en
el que la inmensa mayoría se dicen cristianos y católicos, se difundan
tanto dos formas patológicas de proveer al propio sustento: la
búsqueda y defensa a ultranza de privilegios, y la dádiva? La primera,
muy difundida entre los dirigentes de todos los órdenes, que no
reparan en que sus privilegios hieren la equidad social y atropellan
los derechos fundamentales de terceros. La segunda, entre los más
pobres, que los hace cada día más numerosos y los degrada en extremo
hasta hacerlos seres inservibles, sólo útiles para integrar una
clientela necesitada de votar a un cacique que les mate el hambre.
9.
Creer en Dios creador implica también el propósito de cultivar los
dones que él nos da para enfrentar la vida. ¿De qué serviría tener
dones si no los cultivásemos? La parábola de Jesús sobre los talentos
nos alecciona al respecto. (“Talento” era en la antigüedad una medida
de dinero importante. De allí pasó al español popular para designar
las cualidades de una persona). Jesús dijo: “Un hombre, al salir de
viaje, llamó a sus servidores y les confió sus bienes. A uno le dio
cinco talentos, a otro dos, y uno solo a un tercero, a cada uno según
su capacidad, y después partió” (Mt 24,14-15). Ustedes saben cómo
sigue la historia: El primero fue, negoció, y duplicó el capital. Lo
mismo hizo el segundo. El tercero, por temor a perder su talento, lo
escondió. Cuando regresó el señor, premió a los dos primeros, y al
último lo castigó, no por haber malgastado el talento, sino por no
haberlo hecho rendir el fruto que podría haber dado.
Cultivar los dones
que Dios nos da para servir a la sociedad y así proveer al propio
sustento es una de las enseñanzas fundamentales de la fe cristiana
sobre el hombre.
10.
¿Los
argentinos cultivamos los dones que Dios nos da? Y aquí vienen
necesariamente las preguntas sobre
la educación:
* en la familia;
* en la escuela;
* en la catequesis;
* en los medios de
comunicación;
* en los
sindicatos;
* en las empresas;
etc.
¿Cómo es la
educación en todos estos ámbitos?
Como Obispo, no
puedo dejar de preguntarme cómo es la educación que se imparte en la
catequesis y en la escuela católica. ¿Lleva a tomarse en serio esto de
que Dios nos crea, y al crearnos nos capacita para el trabajo? ¿Y que
éste debe ser bien hecho?
Y ustedes los
sindicalistas, ¿consideran que la formación integral de sus
representados es el arma más valiosa con que los mismos pueden
defenderse? ¿Se dedican especialmente a proporcionársela? (Por
“formación integral” del trabajador entiendo “formación profesional y
moral” del mismo).
Y lo mismo cabría
preguntar a los empresarios.
Vamos vislumbrando
cómo la Cultura del Trabajo es fruto de la sintonía de muchos sectores
sociales, incluso que de algunos no están representados aquí.
Jesús, el
carpintero
11. La fuente de luz más grande que poseemos los
cristianos para comprender la dignidad del Trabajo es la figura de
Jesús de Nazaret. El Evangelio de San Mateo lo recuerda como “el
hijo del carpintero” (Mt 13,55). Y el de San Marcos lo califica
directamente como “el carpintero” (Mc 6,3). A pesar de
su importancia, no me detendré en su figura. Pero que Jesús fue un
trabajador no es una pura anécdota. El hecho tiene un contenido
evangélico. Es decir, es un anuncio salvador y actual, que hemos de
saber escuchar. ¿Qué nos quiere decir la figura de Jesús trabajador?
Por otra parte, Jesús
en su predicación acudió con frecuencia a imágenes de trabajadores
para ayudarnos a comprender las verdades superiores del Reino de Dios:
el sembrador, el pastor, el constructor, el pescador, la mujer que
amasa el pan, la que barre la casa, el general que va a la guerra, el
comerciante en perlas finas, etc. Lo cual, a su modo, habla de la
dignidad del trabajo. Si éste fuese en sí mismo indigno, de ningún
modo serviría para significar verdades superiores.
Por lo demás, frente a
los que malentendían el descanso del sábado como si no se pudiese
hacer en él ni siquiera una obra buena, Jesús se presentó como un
trabajador incansable: “Mi Padre trabaja siempre, y yo también
trabajo” (Jn 5,17).
“El que no quiera trabajar, que no coma”
12. El apóstol San Pablo, por su parte, frente a algunos
cristianos que, con el pretexto de que la Vuelta de Cristo era
inminente, vivían en la holgazanería y pretendían hacerse mantener por
la comunidad, prescribe: “que el que no quiera trabajar, que no
coma”. Y prosigue: “Nos enteramos de que algunos de ustedes
viven ociosamente, no haciendo nada, entrometiéndose en todo. A estos
les mandamos y los exhortamos en el Señor Jesucristo que trabajen en
paz para ganarse el pan” (2 Tes 3,10-12).
El apóstol,
aleccionado tal vez por la experiencia de los cristianos de Jerusalén,
que vendieron sus bienes y se empobrecieron y tenían que recurrir a la
caridad de la otras Iglesias, no alentó la práctica de la venta
indiscriminada de los mismos. Más bien él prefería que el cristiano
trabajase y tuviese para vivir, e incluso en abundancia, y así ayudar
a los menesterosos: “El que robaba, que deje de robar y se ponga a
trabajar con sus manos, para poder ayudar al que está necesitado” (Ef
4,28).
La Doctrina de la Iglesia sobre el Trabajo
13.
Haciendo eco a cuanto nos dice la Biblia sobre el Trabajo, y para
responder a problemas suscitados en diversas circunstancias, la
Iglesia se ha visto obligada a reflexionar sobre el mismo. Y ha
manifestado su pensamiento en innumerables documentos. Entre los
últimos mencionamos:
1°) la constitución
del Concilio Vaticano II sobre “La Iglesia en el mundo actual”
(7-12-1965), en especial los capítulos sobre “La actividad humana en
el mundo” (n°s 33-39), y sobre “La vida económico-social” (n°s
63-.72);
2°) la encíclica
“Laborem exercens”, sobre el Trabajo humano, del Papa Juan Pablo II
(14-9-1981);
3° el Compendio de
la Doctrina Social de la Iglesia (24-06-2004), de la Comisión
Pontificia “Justicia y Paz”, en especial los n°s 225-322; ed.
argentina, pp.175-210.
SEGUNDA PARTE
PARA PROMOVER UNA
CULTURA DEL TRABAJO:
ALGUNAS
OBSERVACIONES Y REFLEXIONES
La crisis global del Trabajo
14.
No se puede hablar de Cultura del Trabajo en la Argentina y de su
crisis sin tener presentes las demás coordenadas de la vida
político-social. Además, hay que tener en cuenta la crisis que hoy se
siente en todo el mundo. No son tiempos tranquilos en los cuales la
Cultura del Trabajo haya entrado en crisis sólo en la Argentina.
Nuestra crisis, que tiene causales muy propias, se engarza y potencia
con una crisis global. Ya se pregunta si el Trabajo va a existir
mañana en el mundo de la misma forma que ahora.
¿Y cuál es la forma
actual? No es, por cierto, la que conoció mi padre, inmigrante
italiano llegado a la Argentina en 1925. Ni es la situación de pleno
empleo que se conoció durante décadas en la Argentina, donde de hecho
el Estado garantizaba el trabajo para todos. Hoy se habla de crisis
del Trabajo en Italia, Alemania y Francia. A pesar de la mano de obra
de millones de inmigrantes, se les hace difícil a los gobiernos de
esas grandes naciones industriales garantizar intactas las
jubilaciones a los viejos trabajadores que se sacrificaron por su
reconstrucción. Incluso, se les hace difícil promover nuevas fuentes
de trabajo para las generaciones jóvenes, pues no pocas industrias
están emigrando a China.
Sobre este tema,
puede verse el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, que
resumo al final de estos apuntes, en el párrafo 30.
Causales argentinas
15. Sin embargo, no podemos refugiarnos en la crisis
global para no ver nuestra propia crisis y sus causales más profundas.
La eterna tentación en la Argentina ha sido buscar la causa de
nuestros males exclusivamente fuera de nosotros. “Compañero, es muy
interesante lo que usted está diciendo. Pero no se equivoque en la
identificación del enemigo”, se escucha a veces cuando alguien
intenta hacer una introspección de lo que nos pasa a los argentinos.
Desde que tengo
conciencia política, más o menos desde mis quince años, en 1945, al
enemigo lo hemos visto siempre afuera. O, si aceptamos que también
está adentro, estaría atrincherado sólo en los grupos que pactan con
el imperialismo, con las multinacionales. Antes decíamos con los
grupos cipayos y apátridas. El enemigo nunca estaría dentro de
nosotros: en nuestra idiosincrasia y comportamientos sociales, en los
políticos, empresarios y sindicalistas. Actitud adolescente, que ha
hecho que la Argentina se estancase y retrocediese aceleradamente en
la escala del progreso de los pueblos. De ser uno de los Países que
más trabajo ofrecía, incluso a otros pueblos, y que mejor garantizaba
el futuro de sus ciudadanos, hemos pasado a ser un pueblo decadente,
sin mayor peso en el concierto de las naciones, al cual ya no sólo no
vienen los trabajadores europeos, sino que de él se marchan muchos de
los nietos de aquellos. Muy al contrario de lo que hizo Japón. Él supo
ver al enemigo de afuera, pero también tuvo la valentía de ver al
enemigo de adentro. Y porque derrotó a éste último, supo convertir en
aliados a los enemigos externos. Y hoy, a pesar de no tener materias
primas, es una potencia industrial que hace temblar al coloso de los
Estados Unidos.
Aún a riesgo de
equivocarnos, conviene que nos preguntemos: ¿cuáles son nuestros
enemigos de adentro que conspiran contra la Cultura del Trabajo? O
sea, las causas internas de la crisis. En mi opinión, existen causas
de dos órdenes: a) estructurales; b) espirituales. Y ambas en estrecha
interrelación. Sólo intentaré describir algunas.
Organización político-social desproporcionada
16.
La primera causa que se me ocurre es la desproporcionada organización
político-social del territorio argentino. ¿Es posible una Cultura del
Trabajo en un País con una extensión enorme, donde un tercio de la
población se hacina en el Gran Buenos Aires con doce millones de
habitantes, y gran parte de los otros dos tercios se amontona en
muchas capitales de Provincia?
No tengamos miedo
de hacernos otras preguntas, aunque parezcan un rosario de penas. ¿De
qué vive la gente de las ciudades? La industria no es floreciente en
la Argentina. Y aun cuando lo fuese, ¿es bueno establecer las
industrias casi exclusivamente en las grandes ciudades? Por otra
parte, ¿es cierto que la explotación agrícola no rinde si no es a gran
escala? ¿Hay que descartar en la Argentina el binomio industria-campo,
tan fuerte y prometedor en las grandes naciones de Europa?
Ante estos
interrogantes, se me responderá tal vez que el fenómeno de la
megápolis es propio de las naciones del Tercer Mundo, incluso que
muchas son mayores que Buenos Aires. Por ejemplo, México y San Pablo.
Y que la merma de la población rural es un fenómeno muy común en el
Primer Mundo.
Ambas cosas son
ciertas. Pero no conozco otro País donde coexistan coordenadas tan
desparejas como en la Argentina:
* gran extensión
continental (2.700.000 km2);
* escasa población
(no llega a 37 millones);
* excesiva
concentración en el Gran Buenos Aires (1/3);
con el consecuente
desprecio práctico de la tierra, que por su naturaleza es la primera
fuente de trabajo.
Urge una Política de Estado: fortalecer a las Provincias periféricas y
a los Municipios de Interior
17.
Ante el problema enunciado, algunos tal vez digan: “¿Y qué tiene que
ver todo eso con la falta de trabajo hoy?” Se equivocaría en la
apreciación. Estamos hablando de Cultura del Trabajo. Ésta no se
instaura ni restaura de un día para otro. Descarto, por tanto, pensar
en soluciones laborales de aquí a las próximas elecciones legislativas
de octubre. Quiero ayudarlos a pensar en los próximos sesenta años:
qué debemos hacer a partir de hoy para que la Argentina vuelva a ser
tierra de esperanza para los que busquen trabajo y quieran comer un
pedazo de pan con dignidad. Una Argentina como lo fue en gran medida
desde 1870 hasta 1930, cuando buscaron refugio en ella más de seis
millones de trabajadores europeos.
¿Qué hacer? ¿Cómo
hacerlo? No se trata de boicotear a Buenos Aires y a las grandes
capitales de Provincia. Ni podemos imaginar un desplazamiento forzado
de poblaciones, a la manera de lo que hizo en Camboya en Khamer Rojo.
Pero algo muy importante se puede hacer.
Lo primero es
fortalecer a las Provincias periféricas, que son las que surten de
población advenediza al Gran Buenos Aires y al Gran Rosario, lo mismo
que a otras capitales. Y ello, favoreciendo en esas provincias la
instalación de industrias adecuadas a su idiosincrasia.
Lo segundo es
fortalecer a los Municipios del Interior. Que la población no deba
emigrar para gozar de los servicios que hoy son necesarios para la
educación y la salud. Y que también se favorezca en ellos el
funcionamiento real de industrias.
Si esto se
constituye en una política de Estado aprobada por ley nacional, cuya
ejecución sea bien controlada, que no cambie con los vientos de cada
elección o con el cambio de partido, gradualmente se irá perfilando
otra Argentina, y reaparecerá la Cultura del Trabajo.
Necesidad de una Política demográfica
18.
Muy unido a lo
anterior va la cuestión de la política demográfica. ¿Existe? Tal vez
sí, y yo en mí ignorancia quizá no la conozca. Sólo percibo gestos
erráticos, que no logran constituir una política al respecto. Lo único
que recuerdo en los últimos 25 años digno de mención fue la ilusión
del Presidente Alfonsín de llevar la Capital Federal a Viedma-Carmen
de Patagones, con la intención de poblar la Patagonia, que tanto me
entusiasmó cuando era Obispo auxiliar de Viedma. ¡Cuánto trabajo
habría habido! Como en Brasilia. ¡Y qué transformación habría habido!
Pero bien dije: ¡ilusión! Excepto la expresión retórica del entonces
Presidente, no hubo una verdadera política demográfica que respaldase
el traslado de la Capital Federal.
Conozco, también,
otros planes. Unos ya convertidos en ley. Otros a punto de serlo,
aunque se lo niegue oficialmente. Planes de control de la natalidad.
De esterilización. De aborto. Pero no conozco un solo plan de
división de tierras para su distribución y explotación.
Conozco planes de
viviendas, que procuran solucionar uno de los problemas
elementales del ser humano. Y, sin duda, dan trabajo por un tiempo.
Pero ¿con qué criterios se los hace? Es necesario construir barrios
donde se pueda vivir y trabajar de por vida. Pero muchas veces se
burlan todas las normas urbanísticas. Si la norma es válida para los
barrios superiores a las 250 viviendas, entonces se los construye de
249 unidades. Y así surgen barrios sin los servicios necesarios: sin
pavimentos, sin escuela, sin asistencia médica, sin iglesia. Sin
siquiera la reserva de un espacio al efecto.
Casi nunca se piensa
en favorecer con ellos a la población rural. Y cuando se lo hace,
muchas veces se le ofrece a la gente de campo una vivienda en un
barrio periférico del pueblo, con lo cual se la destierra del campo en
el que trabajaba. En vez de una riqueza humana a proteger, en la
Argentina al pequeño productor rural se lo ve como una plaga a
extirpar.
El Estado omnipotente y sobreprotector
19. Además de las dos causas señaladas: organización
político-social desproporcionada, y política demográfica errática, hay
muchas otras causas que impiden que resurja en la Argentina la Cultura
del Trabajo. Una muy importante es el papel del Estado en las
relaciones laborales.
No es el caso de
recordar el camino recorrido. De defensor necesario del trabajador
ante los atropellos del patrón capitalista, se pasó al Estado patrón.
Esta idea se metió en la Argentina de la mano de las dos causas antes
señaladas, e imperó en forma creciente desde 1930 hasta 1990. Entonces
se la quiso erradicar de manera brutal. Y a ella algunos quieren
volver hoy.
Al margen de las
corrientes en boga en Europa en los años de preguerra, el estatismo en
la Argentina ha sido, en cierto modo, connatural. Si el campo no sirve
para vivir, si hay que aglomerarse en la gran ciudad, si en ésta no
florece la industria: ¿de qué va a vivir la gente? La manera menos
deshonesta es “vivir del Estado”. Y así, del Estado como instrumento
creado permanentemente por los ciudadanos para que los defienda, se
pasó a la idea de una especie de dios preexistente, que todo lo puede,
a quien todo se le puede exigir, a quien nunca nada malo le podría
ocurrir. Una verdadera concepción mágica de la vida.
El derrumbe
20. Hasta que un día lo malo ocurrió. El 21 de diciembre
de 2001 el Estado argentino se derrumbó. No es cuestión ahora de
juntar y pegar los añicos. Tenemos el deber de construir un Estado
nuevo, a la altura de los tiempos, que sea de veras el defensor de la
justicia, que destierre la corrupción, que promueva la equidad social,
que establezca democráticamente las grandes políticas a seguir durante
años, también en cuanto a la reforma productiva y en materia laboral.
Ya han pasado casi
cuatro años del derrumbe. ¿Estamos en camino a construir un Estado
nuevo? No me animo a afirmarlo. Por momentos tengo la impresión de que
los argentinos vivimos como si nada hubiese acontecido. Son ya
demasiado remotos los gritos de la gente “¡que se vayan todos!”.
Ninguna reforma importante hemos emprendido. ¿Estamos satisfechos con
nuestra mediocridad? ¡Ojalá me equivoque! Pero siento con dolor que
estamos dejando escapar una ocasión histórica para rehacernos como
Nación.
Un hombre castrado
21. El efecto más pernicioso que ha dejado el estatismo
argentino es la presencia frecuente de un tipo de ciudadano pasivo,
sin iniciativa en cuanto al aporte que ha de hacer a la sociedad,
espiritualmente castrado, que todo lo espera del Estado, que se reduce
a exigir derechos, y que no titubea en hacerlo en forma violenta.
Este efecto es, a mi
entender, de consecuencias mucho peores que el insoportable peso de la
Deuda Pública. Incluso, que las dolorosas consecuencias del terror de
Estado de los años de la dictadura. Éstas se pueden llorar. Aquella se
puede negociar. Pero ¿cómo reconstruir la Nación con un tipo de
ciudadano moralmente degradado?
No cabe duda que, en
esta hora, la Iglesia tiene un deber urgente de suscitar una
catequesis adecuada sobre el cristiano como ciudadano, para
reconstruirlo desde adentro.
Pero ¿no es un deber
que les corresponde también a todos ustedes: empresarios,
sindicalistas, dirigentes políticos, educadores?
El derecho de huelga y la revisión de su ejercicio. Los “piquetes”
22. Me referí recién a que en la exigencia de los
derechos, a veces “no se titubea en hacerlo en forma violenta”. Hay
períodos en que las huelgas se descargan como lluvias tropicales, una
detrás de otra. Hay otros en que éstas brillan por su ausencia. ¿Son
siempre por razones laborales? Además, hoy existen en la Argentina
otras formas de exigencia, p. e. los “piquetes”, que no son
propiamente hablando huelgas, pero constituyen formas desesperadas de
exigir los propios derechos, verdaderos o supuestos, incluso en forma
violenta, por parte de los ciudadanos que se sienten excluidos de la
sociedad. El fenómeno es complejo. Merecería un análisis profundo.
Pero es imposible analizar aquí una por una las situaciones y casos.
Tal vez sea orientador
recordar cuanto enseña la doctrina social de la Iglesia sobre la
huelga, y aplicarlo proporcionalmente a estos nuevos modos de exigir
los derechos. El Compendio de la Doctrina Social dice así: “La
doctrina social reconoce la legitimidad de la huelga cuando constituye
un recurso inevitable, si no necesario para obtener un beneficio
proporcionado, después de haber constatado la ineficacia de todas las
demás modalidades para superar los conflictos. La huelga, una de las
conquistas más costosas del movimiento sindical, se puede definir como
el rechazo colectivo y concertado, por parte de los trabajadores, a
seguir desarrollando sus actividades, con el fin de obtener, por medio
de la presión así realizada sobre los patrones, sobre el Estado y
sobre la opinión pública, mejoras en sus condiciones de trabajo y en
su situación social. También la huelga, aun cuando aparezca como una
especie de ultimátum, debe ser siempre un modo pacífico de
reivindicación y de lucha por los propios derechos; resulta moralmente
inaceptable cuando va acompañada de violencias o también cuando se
lleva a cabo en función de objetivos no directamente vinculados con
las condiciones del trabajo o contrarios al bien común” (Compendio de
la DSI, 304).
TERCERA PARTE
MISCELÁNEA
23. Hay muchas otras consideraciones que hacer en orden a
recuperar la Cultura del Trabajo. Unas más referidas a causas
estructurales, otras a causas espirituales. Me contento con señalar
algunas:
a) El valor de la moneda: es lo mismo que el valor del fruto del Trabajo.
Un pueblo trabajador y
honesto defiende la estabilidad de la moneda. La inflación, la
indexación, la devaluación, el “corralito”, y tantos otros
subterfugios, son formas patológicas de tratar la moneda, que inciden
en la valoración del trabajo. Si el fruto de mi trabajo de alguna
manera me va a ser “robado”: es casi normal que, en vez de trabajar,
me dedique a especular. “Puse el dinero a trabajar”, se decía en los
años 70. Una verdadera paranoia. Ya no trabajaba el hombre, sino el
dinero depositado en una “mesa”. ¡Qué diferencia con el marco alemán!
Lo conocí en junio de 1953. Cincuenta años después, cuando se cambió
por el euro, mantenía su valor. En las compras siempre recibí los
centavos (pfennig) del vuelto, y en lugar de ellos nunca me dieron
caramelos o aspirinas.
b) El sentido y la realidad del Trabajo:
24.
Hay argentinos que trabajan mucho y bien. Otros para subsistir
amontonan trabajos: dos y hasta tres. Con harta frecuencia los dos
esposos deben trabajar fuera de casa. Muchos trabajan poco y mal.
Otros se jactan de tener un trabajo ultraliviano: “Tengo un trabajo
piola, no hago nada”. Otros no trabajan nada, pero figuran como que
trabajan, e igual cobran, a veces sumas suculentas: los famosos
“ñoquis”. Otros para trabajar emprenden la odisea de emigrar. Otros no
tienen manera de trabajar; todas las puertas les están cerradas; son
los excluidos. Todos son argentinos, pero ¡qué diferencias abismales
en la concepción y realidad del Trabajo! ¿Somos una sociedad
democrática?
c) Desigualdad salarial vs. Equidad social:
25.
Que haya una cierta desigualdad entre los salarios es normal cuando
ésta proviene de la diversa calidad del trabajo. Pero la diversidad
salarial no puede fomentar la inequidad social. En una sociedad
democrática no puede haber diferencias abismales de sueldos, so pena
de que se vuelva “iniquidad” social. Lamentablemente la diferencia de
sueldos en la Argentina contemporánea es grosera. Y muchas veces es
fomentada por leyes, cuando no por actos de corrupción, como los casos
de sobresueldos de hasta U$A 100.000 mensuales, como se está
destapando en estos días (cf. carta de lectores de María Julia
Alzogaray, La Nación 23 abril, pg.24).
Cuando fui Obispo de
Posadas, pude constatar cómo un colono que cultiva tabaco, al año le
quedaba liquido $1500. Pero si ingresaba en una lista de candidatos a
concejales de su municipio y ganaba la elección, al mes percibía
$2800, limpios de paja y polvo.
En este cuadro han de
ser consideradas las conquistas laborales y los privilegios. ¡Benditas
las conquistas fruto de un derecho! Pero ¿son siempre tales?
Los privilegios son
admisibles de ordinario en favor de los más desheredados.
d) Cultura del espectáculo vs. Cultura del trabajo.
26. Por “cultura del espectáculo” no entiendo el sano
entretenimiento, ni los espectáculos artísticos, sino ese “modo de ser
y hacer moderno que, mediante el logro de un poco de fama, se logra
mucho dinero, rápido y fácil”. Es el mensaje que trasmiten muchos de
los programas de la TV. Dada la amplia difusión del mismo, se
constituye en un enemigo poderoso de la Cultura del Trabajo.
CUARTA PARTE
PROBLEMAS E
IDEAS A TENER EN CUENTA
27. Del Compendio de la Doctrina social de la Iglesia, me
parece útil extraer algunas consideraciones sobre: a) la solidaridad
entre los trabajadores; b) sobre las situaciones nuevas del mundo del
trabajo.
Importancia de los sindicatos
28. * “El Magisterio reconoce la función fundamental
desarrollada por los sindicatos de trabajadores, cuya razón de ser
consiste en el derecho de los trabajadores a formar asociaciones o
uniones para defender los intereses vitales de los hombres empleados
en las diversas profesiones” (CDSI 305).
* “La Doctrina
Social enseña que las relaciones en el mundo del trabajo se han de
caracterizar por la colaboración: el odio y la lucha por eliminar al
otro, constituyen métodos absolutamente inaceptables” (CDSI 306).
*¨“Al sindicato,
además de la función de defensa y de reivindicación, le competen las
de representación, dirigida a la recta ordenación de la vida
económica, y de educación de la conciencia social de los trabajadores”
(CDSI 307).
Nuevas formas de solidaridad
29. * “El contexto socioeconómico actual, caracterizado
por procesos de globalización económico-financiera cada vez más
rápidos, requiere la renovación de los sindicatos. En la actualidad,
los sindicatos están llamados a actuar en formas nuevas”. “Ante los
cambios introducidos en el mundo del trabajo, la solidaridad se podrá
recuperar, e incluso fundarse mejor que en el pasado, si se actúa para
volver a descubrir el valor subjetivo del trabajo” (CDSI 308).
* “En la búsqueda
de nuevas formas de solidaridad, las asociaciones de trabajadores
deben orientarse hacia la asunción de mayores responsabilidades” (CDSI
309).
Situaciones nuevas del mundo del trabajo
30. a) Una fase de
transición epocal
* “Uno de los
estímulos más significativos para el actual cambio de la organización
del trabajo procede del fenómeno de la globalización, que permite
experimentar formas nuevas de producción, trasladando las plantas de
producción en áreas diferentes a aquellas en las que se toman las
decisiones estratégicas y lejanas de los mercados de consumo”. “Debe
afirmarse que es necesaria una globalización de la tutela, de los
derechos mínimos esenciales y de la equidad” (CDSI 310).
* “Una de las
características más relevantes de la nueva organización del trabajo es
la fragmentación física del ciclo productivo, impulsada por el afán de
conseguir una mayor eficiencia y mayores beneficios... “Deben
considerarse un desafío decisivo, incluidos los aspectos ético y
cultural, en el ámbito de la definición de un sistema renovado de
tutela del trabajo” (CDSI 311).
* “La globalización
de la economía, con la liberalización de los mercados, la acentuación
de la competencia, el crecimiento de las empresas especializadas en el
abastecimiento de productos y servicios, requiere una mayor
flexibilidad en el mercado de trabajo y en la organización y gestión
de los procesos productivos... Parece oportuno conceder una mayor
atención moral, cultural y estratégica para orientar la acción social
y política en la temática” (CDSI 312).
* “El trabajo,
sobre todo en los sistemas económicos de los países más desarrollados,
atraviesa una fase que marca el paso de una economía de tipo
industrial a una economía esencialmente centrada en los servicios y en
la innovación tecnológica”. “Gracias a las innovaciones tecnológicas,
el mundo del trabajo se enriquece con nuevas profesiones, mientras
otras desaparecen” (CDSI 313)
* “La transición en
curso significa el paso de un trabajo dependiente a tiempo
indeterminado, entendido como puesto fijo, a un trabajo caracterizado
por una pluralidad de actividades laborales” (CDSI 314)
* “La
descentralización productiva, que asigna a empresas menores múltiples
tareas, anteriormente concentradas en las grandes unidades
productivas, robustece y da nuevo impulso a la pequeña y mediana
empresa... El trabajo en las pequeñas y medianas empresas, el trabajo
artesanal y el trabajo independiente, pueden constituir una ocasión
para hacer más humana la vivencia laboral” (CDSI 315).
* “En los Países en
vías de desarrollo se ha difundido, en estos últimos años, el fenómeno
de la expansión de actividades económicas informales o sumergidas, que
representa una señal de crecimiento económico prometedor, pero plantea
problemas éticos y jurídicos” (CDSI 316).
La Doctrina social y las situaciones nuevas
31. * “Ante las imponentes situaciones nuevas del mundo
del trabajo, la DSI recomienda, ante todo, evitar el error de
considerar que los cambios en curso suceden de un modo determinista.
El factor decisivo y el árbitro de esta compleja fase de cambio es una
vez más el hombre” (CDSI 317).
* “Las
interpretaciones de tipo mecanicista y economicista de la actividad
productiva, a pesar de su extensión y su influjo, han sido superadas
por el mismo análisis científico de los problemas relacionados con el
trabajo” (CDSI 318).
* “Cambian las
formas históricas en las que se expresa el trabajo humano, pero no
deben cambias sus exigencias permanentes, que se resumen en el respeto
de los derechos inalienables del hombre que trabaja” (CDSI 319).
* “La solución de
las vastas y complejas problemáticas del trabajo, que en algunas áreas
adquieren dimensiones dramáticas, exige la contribución específica de
los científicos y los hombres de cultura, que resulta particularmente
importante para la elección de soluciones justas” (CDSI 320).
* “Los escenarios
actuales de profunda transformación del trabajo humano hacen todavía
más urgente un desarrollo auténticamente global y solidario, capaz de
alcanzar todas las regiones del mundo, incluyendo las menos
favorecidas”... Es preciso globalizar la solidaridad. Los
desequilibrios económicos y sociales existentes en el mundo del
trabajo se han de afrontar restableciendo la justa jerarquía de
valores y colocando en primer lugar la dignidad de la persona que
trabaja” (CDSI 321).
* “Se hace cada vez
más necesaria una consideración atenta de la nueva situación del
trabajo en el actual contexto de la globalización, desde una
perspectiva que valore la propensión natural de los hombres a
establecer relaciones” (CDSI 322).
Resistencia, 1 de mayo de 2005, Día del Trabajador y solemnidad de
San José Obrero, patrono de la Arquidiócesis.
Mons. Carmelo
Giaquinta,
administrador apostólico de Resistencia y Presidente de la Comisión
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