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HACIA UNA ARGENTINA NUEVA (5)


Mensaje dominical de monseñor Carmelo Giaquinta, administrador apostólico
de Resistencia (19 de junio de 2005)



I. Las elecciones y la dignidad del pueblo

1. Un tema que cada día más se pone sobre el tapete son las elecciones legislativas de octubre. ¿Son tan importantes? Hubiese imaginado que el tema capital de discusión debería ser todavía la reconstrucción de la República. Pero éste, a pesar del Diálogo Argentino convocado por el Gobierno Nacional en enero de 2002, y del esfuerzo que pusieron sus interlocutores, nunca cobró el vuelo necesario. Y por ello no obró la necesaria transformación de la conciencia ciudadana, y menos la de los partidos políticos.


2. Pero las cosas son como son. Las elecciones de octubre se vienen. Y no seré yo quien les quite importancia. De hecho, todo acto en el que se consulta la voluntad popular tiene su relativa importancia. Así sean las elecciones en una pequeña comuna. Y ello, por dos motivos. Primero, en razón de la misma consulta popular. Ella supone una alta concepción de la dignidad del pueblo y de la responsabilidad que le cabe a cada uno de los ciudadanos en decidir el futuro que ha de seguir la comunidad: sea municipio, provincia o nación.

En segundo lugar, porque las elecciones indican que se ha llegado al final de una etapa del camino político-social, y que se abren por delante varias alternativas, entre las que la ciudadanía tiene que elegir para seguir avanzando. O bien se trata de una materia extraordinaria sobre la que es preciso conocer la voluntad del pueblo. De este modo, las elecciones son un momento en el que se pone en juego, de manera singular, la responsabilidad y la calidad moral de los ciudadanos. Ello obliga a la autoridad y a los partidos políticos a brindarles los medios adecuados para que se informen debidamente sobre el objeto de la votación, y puedan expedirse con libertad. Por lo mismo, en una democracia están previstos por ley los períodos en los que se ha de acudir a las elecciones, como también las materias excepcionales sobre las que se debe recurrir a la consulta popular.

Todo esto en la teoría. En la práctica, la misma dista mucho de ser alcanzada. Y las elecciones se quedan muchas veces en ardides que manipulan la opinión popular. Y son fuentes de reiteradas desilusiones.



II. Elecciones: camino previo y visión de futuro


3. Ejemplo de la importancia de la votación ciudadana lo tenemos en el reciente referendum francés sobre la constitución europea. Al margen de si fue oportuno o no someter a referendum una materia tan compleja como es la constitución para un continente, es digno de ponderación el largo camino de más de cincuenta años recorrido juntos por franceses y alemanes a partir del momento en que renunciaron a la soberanía sobre el carbón y el hierro, y decidieron que fueran propiedad de los dos pueblos y de todas las naciones europeas dispuestas a rechazar la guerra como medio para dirimir sus diferencias. El resultado del referendum francés modificará el rumbo a seguir por la Unión Europea. Pero dado el tipo de decisión moral que está en la base de la misma, y el largo camino recorrido, es impensable que se anule el propósito de amistad entre los pueblos y se retorne a un rancio nacionalismo militarista.


4. ¿Cuál es el camino recorrido por la Argentina desde la gran crisis del 2001? ¿Aquel grito “que se vayan todos” manifestó una resolución firme de reconstruir la Nación sobre fundamentos morales sólidos? ¿O fue sólo expresión del mal humor de los ahorristas por su dinero acorralado en el Banco? ¿Desde entonces han sido suprimidas las causas que llevaron al derrumbe del 21 de diciembre? ¿Llegamos a las próximas elecciones con acuerdos fundamentales pactados entre todos sobre la República que queremos?


5. En mis setenta y cinco años, he conocido gobiernos elegidos por el pueblo de todos los colores. Unos que no supieron gobernar, otros que no supieron sino desgobernar, pocos que supieron gobernar. ¿Por qué? Las causas están tanto en los gobiernos como en el pueblo. En este último: amplios sectores, en vez de ser el soberano que piensa y determina, aceptan una situación vil: ser “la gilada”, como la llaman con desprecio los mismos que la adulan, útil para que éstos obtengan y retengan el poder. En el gobierno: muchas veces éste confunde gobernar con tener el poder. Gobernar es obra de la sabiduría. Obtener el poder y retenerlo puede ser obra del fraude y de la violencia.


6. “Gobernar” viene del griego “kuberneín”, que significa timonear. Un buen gobierno se caracteriza por el ejercicio de las virtudes cardinales. Gobierna el que tiene prudencia; conoce el puerto del bien común y decide dirigir hacia él al barco de la República, evitando los escollos. Gobierna el que tiene el sentido de la justicia y de la equidad; no excluye a nadie, incluye a todos, y está por encima de los partidos, incluido el propio. Gobierna el que tiene fortaleza y sabe resistir las dificultades internas y externas; y cuando hay una tempestad, tiene firme el pulso en el timón. Gobierna el que es moderado, sabe encauzar las propias pasiones y las de los diversos grupos.



III. Las elecciones no obran por arte de magia


7. En marzo de 2003, cuando se preparaban las elecciones presidenciales de ese año, los Obispos llamamos a un sano realismo: no despreciar las elecciones, no mitificarlas, y, sobre todo, ubicarlas dentro de la constelación de deberes que los ciudadanos hemos de cumplir a diario: “Quienes acudamos a las urnas hemos de aspirar a ser ciudadanos responsables de cumplir los propios deberes antes de reclamar los propios derechos. Respetuosos del vecino, capaces de realizar bien el propio trabajo, contribuyentes honestos de tributos y servicios, exigentes de una buena administración de los mismos, incapaces de doblegarnos antes las dádivas partidarias, incrédulos ante las vanas promesas de los políticos, críticos de nosotros mismos y de las autoridades que elijamos. Debemos ser ciudadanos que nos rebelemos ante la mentalidad mágica que ha paralizado por decenios al pueblo argentino, y nos resistamos a caer bajo la tentación del desánimo”.


8. Tal como están encaradas, las próximas elecciones serán parecidas a las anteriores. La campaña será retórica, hueca de ideas. La misma jornada electoral será “limpia”, sin mayores fraudes. Pero no serán la coronación de una larga discusión sobre la República. Quizá contribuyan a la estabilidad económica y a tener un poco más de seguridad. Pero poco cambiará. Sin embargo, persistamos en el esfuerzo diario de orientar el barco de la República hacia el puerto del bien común. (Continuará).


Mons. Carmelo Giaquinta, administrador apostólico de Resistencia



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