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HACIA UNA ARGENTINA NUEVA (6)


Mensaje dominical de monseñor Carmelo Giaquinta, administrador apostólico
de Resistencia (26 de junio de 2005)



I. DEL SLOGAN A LA REALIDAD


1. En las notas anteriores hice aproximaciones hacia una Argentina Nueva. Este ideal, puesto en el marco del Bicentenario, exige mucho esfuerzo. De lo contrario puede inducirnos a los equívocos en los que tantas veces hemos caído. Algunos recuerdan el slogan “Argentina Potencia”. Mientras más se lo publicitaba, la Argentina se volvìa día a día más insignificante en el concierto de las naciones. Casi todos recuerdan la retórica oficial sobre “la Argentina Primer Mundo” de la década pasada, hasta que sobrevino el derrumbe. Los argentinos hemos estado muy habituados a slogans, explìcitos o implícitos, casi siempre engañosos: “La Argentina es grande”, “la Argentina es rica”. Olvidábamos que puede ser grande y rica de veras, pero no ya por la extensión de su territorio y sus riquezas materiales, sino sólo por la grandeza y riqueza moral de sus hijos: amor al trabajo, sentido de la dignidad del ser humano, convivencia pacífica, respeto a la ley, justicia y equidad en las relaciones sociales.


2. ¿Son malos los slogans patrióticos? No, si son máximas que tienden a inculcar en la ciudadanía actitudes de esfuerzo para conseguir un ideal noble a compartir entre todos. En cambio lo son si fomentan en el pueblo una mentalidad mágica. Según ésta las cosas son por el simple hecho que se las dice o desea. Sólo Dios dice su Palabra y las cosas comienzan a existir. Hemos de ser conscientes que no porque hoy hablemos de una Argentina Nueva ésta lo será automáticamente. Ello supone una gran renovación de nuestra mentalidad y conductas sociales. Tenemos hábitos inveterados de mala convivencia, que hemos de desterrar. Y ello, tanto a nivel individual como de grupos. Por otra parte, hemos de tener ideas claras sobre la nación nueva a la que aspiramos y voluntad de esfuerzos para realizarla. Lo cual se comprobará oportunamente si somos capaces de persistir durante años en esa senda.



II. NECESITAMOS DE LA SOCIEDAD. LA SOCIEDAD NECESITA DE NOSOTROS


3. Para pasar del slogan a la realidad de una Argentina Nueva necesitamos, primeramente, un convencimiento firme sobre la necesidad de la sociedad para realizarnos como personas. Éste es un presupuesto fundamental. Sin él, imposible avanzar.

Para los cristianos este convencimiento se cimienta en nuestra fe en Dios Creador del hombre. Al crearlo Dios no hizo un individuo encerrado en sí mismo, sino que lo dotó de un fuerte instinto social. Y no sólo para reproducirse, sino para lograr su pleno desarrollo, y contribuir, a su vez, al pleno desarrollo de la familia humana. Creer en Dios creador del hombre es, por tanto, creer en Dios origen de la sociedad humana.


4. El Concilio sintetizó muy bien este punto de la fe: “Dios, quien cuida de todos con paterna solicitud, ha querido que los hombres constituyan una sola familia y se traten entre sí con espíritu de hermanos. Todos han sido creados a imagen y semejanza de Dios, quien hizo de uno todo el linaje humano para poblar la haz de la tierra, y todos son llamados a un solo e idéntico fin; esto es, Dios mismo” (GS 24). De allí el Concilio deduce que los dos grandes mandamientos, en los que se resume la enseñanza del Evangelio, amor a Dios y al prójimo, brotan como de la misma esencia del hombre: creado por Dios como ser social. ¿Cómo el hombre no habría de amar a quien lo creó? ¿Y cómo no amaría a aquellos que son miembros de la misma familia humana? Y agrega: “El hombre, única criatura terrestre a la que Dios ha amado por sí misma, no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás” (GS 24). Y continúa: “La índole social del hombre demuestra que el desarrollo de la persona humana y el crecimiento de la propia sociedad están mutuamente condicionados. Porque el principio, el sujeto y el fin de todas las instituciones sociales es y debe ser la persona humana, la cual por su misma naturaleza, tiene absoluta necesidad de la vida social. La vida social no es, pues, para el hombre una sobrecarga accidental. Por ello, a través del trato con los demás, de la reciprocidad de servicios, del diálogo con los hermanos, la vida social engrandece al hombre en todas sus cualidades y le capacita para responder a su vocación” (GAS 25).



III. RENOVAR LA CATEQUESIS EN DIOS CREADOR.
DIFUNDIR LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA


5. No me cabe duda que la fe en Dios creador del Hombre es una cantera a explotar por nosotros los cristianos si queremos contribuir de veras a edificar una Argentina Nueva. Con frecuencia hay un abismo entre la fe que profesamos y nuestro comportamiento social. Amar a Dios es ciertamente adorarlo, orarle, pedirle perdón. Pero es también amar a la sociedad humana, cuidarla, pacificarla, y en unión con todos sus integrantes buscar el bien común.

Confieso que yo mismo, en especial desde vine como Obispo al NEA, primero de Posadas y luego de Resistencia, he progresado en el descubrimiento de esta verdad. Antes me detenía excesivamente en pensar que Dios creó de la nada. Pero no veía las implicancias prácticas de esta fe. Hoy percibo mejor que el hombre creado por Dios es un ser social. Y que mi amor cristiano, que ciertamente tengo que ejercitar con el prójimo individuo que me sale al paso, debo ejercitarlo también con el prójimo colectivo que es la sociedad en la que vivo. De allí la importancia creciente que he dado a la enseñanza de la Doctrina Social.

Sin este amor a la sociedad, tendremos cada día más prójimos excluidos de ella, que queden a la vera del camino, para los cuales cada uno de nosotros como individuo no tendrá soluciones. Sólo una sociedad formada por personas que la amen será de veras solidaria. Ella puede encontrar las soluciones que los individuos no podemos.


6. Para profundizar en la fe en Dios Creador y en sus consecuencias necesitamos mejorar la Catequesis. Por gracia de Dios en nuestra Arquidiócesis se están haciendo esfuerzos dignos de elogio. Por ejemplo, los libros de Catequesis del P. Martín Weichs, Párroco de Verbo Divino, que cada vez más incluyen lo relativo a la conducta social del cristiano. Otro elemento muy útil es el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, publicado por la Comisión Pontifica Justicia y Paz por encargo de Juan Pablo II, y editado en la Argentina a precio módico gracias a que los católicos alemanes no regalaron el papel. “La mejor ayuda que podemos darles –nos dijeron durante la gran crisis– es ayudarlos a difundir este Compendio”.(Continuarà).


Mons. Carmelo Giaquinta, administrador apostólico de Resistencia



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