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LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA
Mensaje
dominical
de
monseñor Carmelo Giaquinta,
administrador
apostólico
de Resistencia
(31
de julio de
2005)
Para reconstruir una patria justa y fraterna (Nota 1)
1.
Cuando ocurrió el colapso del 21 de diciembre de 2001, los Obispos
alemanes, que ayudan mucho a la Iglesia de América Latina, nos dijeron
a los Obispos argentinos: “La mejor ayuda que podemos ofrecerles para
la reconstrucción de la Argentina es colaborar con ustedes en difundir
el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, que está próximo a
ser publicado por la Comisión Pontificia de Justicia y Paz. Para ello
les daremos una ayuda económica para comprar el papel para su
publicación, y asegurar así un precio accesible”. De hecho, el volumen
de 570 páginas está hoy en las librerías a un precio interesante.
2.
Pero aquí no debo hacer marketing del volumen, sino hablar de la
importancia y utilidad de la Doctrina Social que está compendiada en
él, y cómo ésta puede ayudar positivamente a instaurar un orden social
justo y pacífico, e impulsar un verdadero progreso humano,
especialmente en nuestra Patria.
I. La centralidad del Hombre en el mensaje cristiano
3.
Hace poco leí una opinión curiosa: que los Obispos argentinos
multiplicamos últimamente los mensajes de contenido social porque nos
aferramos a una visión de Iglesia mayoritaria y no queremos perder la
posición hegemónica que tenemos. Digo “opinión curiosa”, porque la
Iglesia Católica, aunque fuese minoritaria, no podría omitir el
anuncio evangélico sobre el Hombre y la obra máxima de éste, que es la
sociedad, en sus distintos aspectos: familiar, cultural, económico,
ambiental, político, internacional. Y cuando llegue el momento,
interplanetario. Menos puede omitir este mensaje cuando el hombre
concreto, que la Providencia le encomienda para anunciarle el
Evangelio, sufre especiales dificultades en su transitar terreno hacia
la patria del Cielo. Ni siquiera lo puede callar porque algunos
gobiernos, en especial de América Latina, molestos por el anuncio de
dicha Doctrina, desde hace tiempo dan un apoyo discutible a sectas
evangélicas a las que les compran el voto.
4.
La importancia que el Hombre y la Sociedad tienen en el anuncio
evangélico le viene a la Iglesia de dos costados. El primero, la fe en
Dios Creador de todas las cosas. Por tanto, Creador también del
Hombre, el cual es por esencia un ser social. El segundo, la fe en
Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, que asumió nuestra
condición humana en todo, menos en el pecado. De allí que los
cristianos creamos que toda la realidad humana, también en sus
aspectos sociales, está llamada a ser redimida en Cristo de toda
injusticia.
5.
El primer punto de vista, la fe en Dios Creador del Hombre, la Iglesia
lo comparte con el judaísmo y con casi todas las religiones, e incluso
con hombres que no profesan explícitamente ninguna religión, pero
coinciden con ella en la convicción de que existe un Dios Creador. El
segundo punto de vista, la fe en Jesucristo redentor del Hombre, la
Iglesia Católica lo comparte con las demás Iglesias y Confesiones
cristianas.
6.
La centralidad del hombre en el mensaje cristiano fue expresada por
Jesús de manera magistral, cuando supeditó al hombre la institución
más sagrada del judaísmo: el sábado. “El sábado ha sido hecho para
el hombre y no el hombre para el sábado” (Mc 2,27)
II. LA
DOCTRINA SOCIAL: ORÍGENES Y ACTUALIDAD
7.
Más allá de la fe cristiana, el hecho que la Iglesia tenga un anuncio
liberador sobre el Hombre, hace que muchos que se profesan ateos,
encuentren un punto de coincidencia con la Iglesia. Eso explica, por
ejemplo, la ponderación que en su momento hizo el premier soviético
Nikita Kruschev de la encíclica de Juan XXIII Pacem in Terris, sobre
la paz en el mundo. También acontece lo contrario. A raíz de esta
doctrina, algunos que se jactan de pertenecer al Occidente cristiano,
se distancian abiertamente de la Iglesia, como cuando Mc Namara
calificó de “marxismo recalentado” la encíclica de Pablo VI Populorum
Progressio, sobre el desarrollo de los pueblos.
8.
Esto también explica el origen de la Doctrina Social de la Iglesia. Si
bien las encíclicas sociales como vehículo de difusión de la Doctrina
Social datan de 1891, cuando el Papa León XIII escribió la encíclica
Rerum Novarum sobre la cuestión social, dicha Doctrina surgió con la
misma Iglesia, cuando comenzó a escribirse el Nuevo Testamento:
“Ustedes los ricos, lloren y giman... El salario que han retenido a
los que trabajaron en sus campos está clamando, y el clamor de los
cosechadores ha llegado a los oídos del Señor del universo” (Santiago
5,1-4). Incluso la Doctrina Social se remonta a los escritos del
Antiguo Testamento. Es imposible creer que el hombre ha sido creado
por Dios y que esta fe no tenga consecuencias prácticas y un
desarrollo conceptual. El Dios del Sinaí, que ordena ser santos como
él es santo, es el que también inculca la dignidad y los derechos de
todos, en especial del pobre: “Sean santos, porque yo, Yahvé,
vuestro Dios, soy Santo... Cuando coseches no siegues hasta el borde
de tu campo, ni espigues los restos de tu mies. Tampoco harás rebusco
de tu viña, ni recogerás de tu huerto los frutos caídos; los dejarás
para el pobre y el forastero... No oprimirás a tu prójimo, ni lo
despojarás. No retendrás el salario del jornalero hasta el día
siguiente... Siendo juez no hagas injusticia, ni por favor del pobre,
ni por respeto al grande: con justicia juzgarás a tu prójimo”
(Levítico 19,2.9-10.13.15).
De la
reflexión que la Iglesia hace sobre el Hombre y sobre su obra máxima,
que es la sociedad, brota lo que hoy se llama Doctrina Social de la
Iglesia. Es parte integrante de la Teología Moral. Y así como el
Evangelio es un tesoro que la Iglesia no puede esconder, sino que lo
debe compartir, de la misma manera su Doctrina Social. (Continuará).
Mons. Carmelo Giaquinta,
administrador
apostólico de Resistencia
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