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CORRAMOS HACIA LA META (2)


Mensaje dominical de monseñor Carmelo Giaquinta,
administrador apostólico
de Resistencia (25 de setiembre de 2005)



I. “JESUCRISTO: AYER, HOY, SIEMPRE”


1. Cuando el Papa Juan Pablo II pensó en celebrar el quinto centenario de la Evangelización de América, propuso un lema que sería como el hilo conductor de toda la celebración, tomado de la carta a los Hebreos: “Jesucristo es el mismo ayer y hoy, y lo será siempre” (13,8). Tan feliz resultó ese lema que luego lo propuso para la celebración del Gran jubileo de los dos mil años del Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo. Y prácticamente presidió los eventos más significativos de ese largo pontificado.



II. LA IGLESIA DE LOS HEBREOS:
UNA IGLESIA EN CRISIS, EJEMPLO PARA LA NUESTRA


2. Pero no se trata sólo de un texto bíblico que suena bien y es fácil de recordar. El mismo ilumina la situación de una comunidad cristiana antigua, la de los hebreos, y es capaz de iluminar también la de la comunidad cristiana contemporánea.

La comunidad de los cristianos hebreos era una comunidad alejada suficientemente de los días en que Jesús predicó, murió y resucitó.¿Cuántos años habían pasado desde entonces? Casi cuarenta. Hoy nos parecen muy pocos porque los comparamos con los más de dos mil años transcurridos desde su nacimiento. Pero para aquella generación cristiana eran un montón de años. Piensen mis lectores en la propia experiencia Hace cuarenta años muchos ni habían nacido. Yo era un muchacho de treinta y cinco. Desde 1965 cuánta agua ha pasado bajo el puente del mundo y de la Iglesia. Lo mismo sentía la gente entonces. El Cristo, que había prometido volver con gloria, no volvía. La segunda carta de Pedro nos cuenta que algunos se burlaban: “¿Dónde está la promesa de su Venida? Nuestros padres han muerto y todo sigue como al principio de la creación” (2 Pe 3,3-4). ¿Qué de extrañarse si algunos de aquellos cristianos se sentían defraudados? Muchos se distraían en elucubraciones sobre los ángeles. A otros los tentaba la liturgia del Templo de Jerusalén, que todavía estaba en su esplendor. Los sacrificios diarios. La solemne liturgia pascual. El sumo sacerdote que año tras año seguía haciendo el rito de la purificación con la sangre de los animales inmolados. No pocos desertaban de la comunidad, y ya no celebraban la eucaristía dominical. ¿Cristo habrá sido una ilusión?, se preguntarían. De allí que el autor de la carta a los Hebreos procura centrar toda la atención de sus lectores en Cristo: “Hermanos, piensen en Jesús, el Apóstol y Sumo Sacerdote de la fe que profesamos... Fijemos la mirada en el iniciador y consumador de la fe, en Jesús... Jesucristo es el mismo ayer, hoy y lo será siempre” (Hb 3,1; 12,1; 13,8).


3. Pero no son sólo estas pocas citas que exhortan a mirar a Jesús. Toda la carta a los Hebreos es un volver a proponer a Cristo como objeto central de la fe y del amor del cristiano.

A pesar de una apariencia difícil en razón del lenguaje que utiliza, la carta es un verdadero canto a Cristo. Y se muestra de una actualidad colosal. Pues hoy como ayer, la Iglesia está tentada de desviar su mirada de Cristo. Y cuando eso sucede, entra en crisis. Entonces no tiene otra manera de superarla que volviendo su mirada hacia su Señor. Mirada de discípula, llena de fe y de amor.



III. LA TENTACIÓN DE SIEMPRE:

HACER COSAS POR CRISTO, SIN IDENTIFICARNOS CON ÉL


4. ¿Cuáles son las cuestiones que hoy nos distraen de Cristo? Es una buena pregunta, que los cristianos, y la misma comunidad eclesial, nunca deberíamos dejarnos de hacer. Porque distraernos de Cristo es parte de nuestra condición humana. Y volvernos una y otra vez a él, convertirnos permanentemente, es la actitud fundamental del discípulo. Sin duda que las cuestiones que nos distraen de Cristo tienen mucho que ver con él y con su Iglesia. Y acaparan nuestra afectividad hasta identificar esa cuestión con el mismo Cristo. Por ello que muchas veces ni nos damos cuenta de que nos distraen de él. Esto le sucede a cada cristiano según su propia personalidad y misión en la Iglesia. A un simple fiel le puede suceder de poner excesivo esfuerzo en peregrinar a Itatí, pero olvidando que con ello simboliza su peregrinar por el camino, que es Cristo, hacia la patria del cielo. A un obispo le puede suceder de poner excesivo esfuerzo en planificar la acción pastoral, pero olvidando que ello ha de ser instrumento del Plan salvífico de Dios. Podríamos decir que la gran cuestión del cristiano, fiel laico u obispo, consiste en combinar ser discípulo de Cristo y recibirlo todo de él, y ser su apóstol y ofrendarse totalmente por él. La receta resolutiva de esta tensión no existe, salvo contemplando a Cristo, el cual vive permanentemente cumpliendo la voluntad del Padre y brindándose a sus hermanos los hombres hasta morir por ellos.



IV. SER PEREGRINOS DEL CIELO, EDIFICANDO LA CIUDAD TERRENA


5. La carta a los Hebreos se refiere también a la tensión que sufre el cristiano entre vivir con realismo el tiempo presente y no olvidarse de peregrinar hacia la patria eterna: “no tenemos aquí abajo una ciudad permanente, sino que buscamos la futura” (Hb 13,14). ¿Con ello quiere desalentarlos de construir en la tierra una patria de hermanos? De ninguna manera. A este respecto transcribo un pasaje de mi reciente conferencia, posiblemente la última en las Jornadas Bases para el Desarrollo Chaqueño: “A través de la vida, es poco lo que el hombre aprende. Entre el puñadito de certezas sobre la existencia humana que yo he logrado, la principal quizá sea ésta: que la construcción de la república (la actividad política) es la tarea fundamental del hombre sobre la tierra. Y que en ella se resuelve la vocación y misión del fiel cristiano en el mundo... Construir la convivencia ciudadana es la tarea cotidiana a la cual vale la pena consagrarle la vida entera. Y cuando las dificultades nos encandilen y amenacen desalentarnos, animémonos a proseguir en el camino iniciado contemplando la tarea emprendida. Tarea humana y tarea cristiana por excelencia. Seguro que Dios nuestro Padre en nada se goza tanto como en contemplar a sus hijos que trabajan por construir una convivencia cordial en la tierra”. (Continuará).


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