SUSCRIPCIONES

Inicio

Nosotros

Noticias

Actualidad

Santa Sede

Iglesia en la Argentina


Documentos


Santoral

Ediciones AICA

 

Copyright © 2006 AICA.
Todos los derechos
reservados.

 

 

 Documentos

 
   

CORRAMOS HACIA LA META (6)


Mensaje dominical de monseñor Carmelo Giaquinta,
administrador apostólico
de Resistencia (23 de octubre de 2005)


I. EL TESORO DE LA EUCARISTÍA
 

1. Mientras corremos hacia la meta de nuestra vida, que es Cristo, necesitamos alimento para restaurarnos y libertad de movimientos. Son dos tesoros, con los cuales, aunque nos faltase el resto, lo poseeríamos todo.

Al primero lo tenemos en la Eucaristía, que es el mismo Cuerpo o existencia humana de Jesús, el cual, yendo a la muerte por nosotros, la noche antes de padecer tomó el pan y la copa, dio gracias a Dios, y los entregó a sus discípulos como Pan y Bebida espiritual. Y nos lo dio también a nosotros, peregrinos del cielo y constructores de la patria terrena. Nunca acabaremos de saborear el Pan de la Eucaristía. A los israelitas el maná les sabía “como un pastel apetitoso” (Num 11,8), un “trigo celestial”, “un pan de ángeles” (Sal 78,24-25). ¿Qué gusto no tendrá el Pan de la Eucaristía para el que lo come con fe y amor?
 

2. Al concluir hoy en Roma la XI Asamblea el Sínodo de los Obispos, sobre “la Eucaristía fuente y cumbre de la vida y misión de la Iglesia”, me dirijo a aquellos que están puestos por Dios para enseñar a saborear este “Pan bajado del cielo” (Jn 6,31; Sal 105,40): los padres cristianos, los catequistas, los maestros católicos, los miembros del Clero. No duden, queridos amigos, en enseñar a gustar este Pan. Y sepan que ésta es la misión más grande que se les encomienda. Ello los ayudará también a ustedes a saborear este Pan celestial, y les renovará la vida. Cuando lo dejamos de hacer, sobrevienen las crisis existenciales. Nos ocurre como a aquellos israelitas que encontraban desabrido el maná, añoraban la esclavitud en Egipto y aborrecían vivir: “¡Cómo recordamos los pescados que comíamos en Egipto, y los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos! ¡Nuestras gargantas están resecas! Estamos privados de todo, y nuestros ojos no ven nada más que el maná!” (Num 11,5-6).

 

II. EL TESORO DE LA LIBERTAD CRISTIANA
 

3. El segundo tesoro es la libertad. Libertad de Jesucristo, de los hijos de Dios, de la Iglesia, libertad religiosa. Este tesoro está muy ligado a la Eucaristía. En la Misa, en el momento previo a la consagración del Pan, decimos: “El cual (Jesús), cuando iba a ser entregado a su Pasión, libremente aceptada, tomó pan, etc.”. Recuerda, sin duda, aquellas otras palabras de Jesús: “Yo doy mi vida... Nadie me la quita, sino que la doy por mi mismo (Jn 10,18)”. Quizá ni nos demos cuenta de lo que decimos. Es una profesión de fe en que la muerte de Jesucristo fue un acto de su libertad. Implícitamente decimos que, porque murió libremente, se convirtió en Pan espiritual; que a los que lo comen con fe, los hace libres de todo pecado, del miedo, aun viviendo bajo una dictadura o tiranía, cualquiera sea su color: política, poderes financieros, medios de comunicación. Nos dice que la libertad, lo mismo que el amor, no se compra, sino que se muere por ella. ¡Cuántos cristianos encarcelados por ser tales se han mantenido libres gracias a la Eucaristía! Y no sólo ayer en tiempos de Nerón, sino modernamente. Por ejemplo, el admirable cardenal vietnamita Francisco Javier Van Thuan que, liberado de los comunistas y antes de morir, preparó el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, de reciente publicación.

 

III. ELECCIONES Y LIBERTAD
 

4. Hoy, una vez más, la Democracia argentina celebra elecciones. Estas son siempre un acto cívico significativo. Pero de ningún modo agotan los deberes y derechos de los ciudadanos. Una democracia encandilada por las elecciones y olvidada de los demás deberes sería necesariamente una democracia débil, formal, raíz de futuras crisis. Uno es ciudadano todos los días, en todo momento. Tiene deberes máximos que cumplir: votar, hacer juicio político a sus gobernantes. Pero tiene también deberes menores y mayores. Deberes menores: ser buen vecino, cuidar la limpieza de los lugares públicos, no causar ruidos molestos, pagar al día las tasas y servicios, no dañar y defender la propiedad pública. Deberes mayores: hacer bien el propio trabajo, analizar cómo y cuándo tomar medidas de fuerza para defender los propios derechos sin atropellar los ajenos, no propalar infundios por los medios, hacer con responsabilidad la propia opción partidaria, no confiarse ciegamente a los propios delegados sindicales y representantes políticos y atreverse a criticarlos sanamente, rebelarse contra toda forma de clientelismo, respetar al adversario político.
 

5. A pesar de los reiterados golpes militares, elecciones en la Argentina ha habido innumerables. Sin embargo, la democracia no ha logrado levantar vuelo. Tampoco desde su restauración en 1983. Y no porque la democracia sea inútil, sino porque, aunque se la nombre mucho, se desconoce su naturaleza. Más que elevar el nivel moral del ciudadano, los partidos políticos ceden con frecuencia a la tentación de buscar su voto para concentrar poder y perpetuarse en él. No buscan junto con los adversarios el bien común del pueblo. Es por ello que hoy en la Argentina tenemos 37 millones de habitantes, pero no 37 millones de ciudadanos. El daño, no sólo económico sino espiritual y cultural, causado en amplios sectores del pueblo por la mala política es pavoroso. ¿Comenzará a repararse?
 

6. En preparación al Congreso Eucarístico Nacional del año pasado, millones de veces rezamos a “Jesucristo, autor de nuestra fe y de nuestro compromiso ciudadano”. Y lo repetimos este año para el Congreso de Laicos. Hay que alegrarse de que en la Iglesia descubramos cada vez más esta veta de la fe cristiana. Porque la decadencia de la ciudadanía, se debe también a una catequesis incompleta, que no tomó en serio la vida del cristiano en la sociedad. A los políticos que hoy serán elegidos, y a los otros, la Iglesia les pide sólo una cosa: que respeten su libertad para anunciar la integridad del Evangelio. Y no teman. Cuando ella habla es a favor del hombre y de la paz social. A favor de la buena política.


Mons. Carmelo Giaquinta, administrador apostólico de Resistencia


Agencia Informativa Católica Argentina
Bolívar 218, 3er. piso, 1066 Buenos Aires,
Tel. (011) 4343-4397 (líneas rotativas) - Fax: (011) 4334-4202
E-mail: info@aica.org - Sitio en Internet http:// www.aica.org
Copyright © 1996 / 2008 AICA. Todos los derechos reservados.