SUSCRIPCIONES

Inicio

Nosotros

Noticias

Actualidad

Santa Sede

Iglesia en la Argentina


Documentos


Santoral

Ediciones AICA

 

Copyright © 2006 AICA.
Todos los derechos
reservados.

 

 

 Documentos

 
   

CARTA A LOS CRISTIANOS
PARA AYUDAR A PENSAR LA NACIÓN (1)


Mensaje dominical de monseñor Carmelo Giaquinta,
administrador apostólico
de Resistencia (27 de noviembre de 2005)



I. CON AROMA DE ADVIENTO. LA SUBLIME DIGNIDAD DEL HOMBRE
 

1. La reciente carta pastoral de los Obispos argentinos tiene aroma de Adviento. Comienza, precisamente, con una alusión explícita a este tiempo litúrgico, que empieza hoy: “El tiempo de Adviento, ya inminente, nos invita una vez más a la reflexión y compromiso. En él contemplaremos el misterio del Hijo de Dios que ‘por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre’. Su nacimiento y vida entre los hombres es Evangelio, anuncio de salvación que confirma el amor de Dios al hombre y la sublime dignidad con que lo reviste” (pf 1).

Podríamos haber partido desde la fe en la creación del hombre a imagen y semejanza de Dios, en lo cual los cristianos coincidimos con los miembros de otras religiones. Pero dada la proximidad del tiempo de Adviento y de la Navidad, y puesto que dirigimos la carta primeramente a los hijos de la Iglesia, hemos preferido partir desde este dato de la fe. Y lo hacemos transcribiendo lo que profesamos en el Credo.

 

2. Desde el misterio de la encarnación y del nacimiento del Hijo de Dios se aprecia de manera inigualable la sublime dignidad del ser humano. ¡Cuán maravilloso es éste que hasta el mismo Hijo de Dios se hizo hombre! ¿Cómo alguien jamás podría maltratarlo? Con esta dignidad van anejos derechos fundamentales, desde su concepción hasta su muerte natural, que nadie puede arrebatar.



II. LA NAVIDAD Y LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA
 

3. La celebración del Adviento y de la Navidad no sólo suscita dulces sentimientos, sino que nos lleva a un serio compromiso con el ser humano. El primero de todos, comprender y testimoniar que toda la realidad humana ha de ser iluminada por los misterios que celebramos. De allí que digamos: “De la contemplación del misterio de la encarnación y nacimiento de Jesucristo surge espontáneamente el anuncio del Evangelio aplicado a la vida social considerada en todos los planos: familiar, cultural, económico, ecológico, político, internacional. Esto es lo que se llama Doctrina Social de la Iglesia. Dimana del Evangelio, pero no es un derivado menor del mismo. Es el Evangelio de Jesucristo aplicado a la vida social del hombre. Es su resonancia temporal. Y así como la Iglesia no puede callar el Evangelio, tampoco puede silenciar su Doctrina Social. Nadie ha de temerle a ella. La Iglesia la anuncia a favor del hombre y de la paz social, para el servicio de todos” (pf. 3).



III. Los destinatarios de la carta
 

4. El hecho que el último documento del Episcopado sea una carta pastoral, dice claramente que el destinatario principal es el pueblo cristiano, en toda su complejidad y diversidad: clero, familias religiosas, fieles laicos, organizaciones eclesiales públicas y privadas. Pero dada la materia de la que trata, la Doctrina Social de la Iglesia, y ello en vista de iluminar la situación del País y de que se asuman con mayor responsabilidad los deberes ciudadanos, la carta va dirigida también “a todos los hombres de buena voluntad”, que comulgan, total o parcialmente, con la visión que la Iglesia tiene del hombre y de la sociedad.

Esto mismo puede observarse modernamente en todas las encíclicas sociales, a partir de la encíclica Pacem in Terris, de Juan XXIII. De allí, el encabezamiento de nuestra carta episcopal: “a los miembros del Pueblo de Dios y a todos los hombres de buena voluntad”.
 

5. El Pueblo de Dios como destinatario de la carta reaparece con frecuencia a lo largo de ella; por ejemplo: en los párrafos 4, 5, 25 y 39. Y no sólo como sujeto pasivo, invitado a escuchar y aprender, sino como sujeto activo, convocado a enriquecer la Doctrina social. En el último párrafo decimos: “Si bien como Pastores somos los garantes de esta Doctrina, les corresponde también a ustedes, queridos fieles laicos, participar en su elaboración, conociendo los postulados ya adquiridos, iluminando con ellos la situación actual del País, y, a partir de allí, enunciar fórmulas adecuadas que ayuden a los cristianos y a todo hombre de buena voluntad a actuar en bien de la República, respetada la propia opción temporal, sin esperar consignas de los pastores” (pf. 39).
 

6. A nadie le puede caber la menor duda de que el cristiano, hijo de la Iglesia, en cuanto ciudadano de la Patria terrena, es el destinatario principal de la carta.

Esto del “cristiano en cuanto ciudadano” no es improvisado, tiene su historia. A raíz de la crisis que se venía incubando desde largos decenios, pero sobre todo a partir de su eclosión en 2001, la Iglesia argentina fue descubriendo cada vez con mayor claridad que el cristiano, que en los últimos cuarenta años ha crecido en protagonismo en la comunidad eclesial, no ha crecido parejamente en su responsabilidad y participación como miembro de la comunidad civil; es decir, como ciudadano. Y quiere fomentar esto con todas sus fuerzas. Hoy rezamos de una manera que habría sido impensable hace diez años. El año pasado en preparación del Congreso Eucarístico Nacional de Corrientes, hemos repetido millones de veces:; “Jesucristo, autor de nuestra fe y de nuestro compromiso ciudadano”. Y este año lo hicimos para el Congreso Nacional de Laicos celebrado en Buenos Aires en octubre.
 

7. Resumiendo este punto, sobre el que se ha hablado tanto: el destinatario de la carta es el pueblo cristiano y los hombres de buena voluntad. De ningún modo es el gobierno nacional. Ni siquiera “toda la sociedad”, como han dicho algunos comentaristas, incluso eclesiásticos. Si bien es cierto que la materia de la que trata atañe a toda la sociedad, y, por tanto, también al gobierno. Y ello, en razón de que el cristiano es parte de la sociedad y está sometido a la misma autoridad civil que los demás ciudadanos.


Mons. Carmelo Giaquinta,
administrador apostólico de Resistencia


Agencia Informativa Católica Argentina
Bolívar 218, 3er. piso, 1066 Buenos Aires,
Tel. (011) 4343-4397 (líneas rotativas) - Fax: (011) 4334-4202
E-mail: info@aica.org - Sitio en Internet http:// www.aica.org
Copyright © 1996 / 2006 AICA. Todos los derechos reservados.