|
“LA IGLESIA NECESITA TU AYUDA”
- CAMPAÑA PARA SOSTENER LA OBRA
EVANGELIZADORA
Carta pastoral de monseñor Carmelo Juan Giaquinta, administrador
apostólico y arzobispo emérito de Resistencia
(3
de
diciembre
de
2005)
A todo el Pueblo de Dios.
Y en
especial a los miembros del Clero, de las Congregaciones Religiosas,
de los Colegios Católicos, de las Asociaciones y Movimientos de
fieles, de los Consejos de Asuntos Económicos de las Parroquias.
¡Hermanos muy queridos!
Iª
PARTE
Campaña Nacional
1.
Por segundo año consecutivo, el Episcopado ha dispuesto que el segundo
domingo de Adviento sea dedicado a catequizar al Pueblo de Dios sobre
la responsabilidad que le cabe a todo cristiano de sostener la obra
evangelizadora de la Iglesia.
Se
trata de sostenerla con todo lo que somos y tenemos: talento, tiempo,
dinero. Jesucristo vino al mundo y se nos dio del todo. ¿Cómo no
habríamos de darnos del todo a su persona y a la obra de su Evangelio?
Cada uno conforme a la propia vocación y misión en la Iglesia y en el
mundo. Pero siempre con todo el corazón.
Para
el apóstol San Pablo, evangelizar era como un fuego que lo devoraba:
“¡Ay de mi si no predicara el Evangelio!” (1 Co 9,16). Cuando
la debilidad de la fe de los recién convertidos lo aconsejaba,
renunciaba al derecho establecido por Jesús de que el evangelista viva
del Evangelio. Pero no dejaba de enseñar ese derecho del Apóstol y el
correspondiente deber de los fieles, lo mismo que la administración
transparente de los bienes que debe reinar en la Iglesia (cf. 1 Co
9,4-23; Mt 10,10; 2 Co 8,20-21).
También a nosotros “evangelizar” debe quemarnos el corazón. No puede
ser que, por falta de celo apostólico o de medios, un solo hombre
quede sin evangelizar. Por evangelizar no debemos temer abrazar la
pobreza. Cuando ésta es auténtica se traduce en compartir con
generosidad todo lo que tenemos. Y entonces siempre hay en abundancia.
Conversión al Evangelio de Jesús
2.
La carta del episcopado argentino, “Compartir la multiforme gracia de
Dios”, sobre el sostenimiento de la Obra Evangelizadora de la Iglesia
(31-10-1998), conserva toda su actualidad. Recomiendo nuevamente su
lectura. En ella decimos que “la reforma económica de la Iglesia
debe pasar necesariamente por la conversión al Evangelio de Jesús. Se
trata de un verdadero proceso de conversión en el sentido bíblico de
‘cambio de mentalidad’, que debe comprender a todos los miembros de la
Iglesia, comenzando por nosotros los pastores”. Y agregamos:
“Dos serán los signos de una voluntad sincera de conversión: primero,
instaurar una Catequesis sobre esta materia, que cambie nuestra
mentalidad y la configure al sentir de Jesús, junto con la voluntad de
perseverar en ella durante largos años; segundo, adoptar una cultura
nueva de gestión en relación a los bienes materiales” (n° 28).
Preguntas
3.
Muchas preguntas surgen con ocasión de la Campaña dispuesta por el
episcopado.
a) ¿En
mi parroquia se la ha preparado convenientemente? ¿En mi colegio? ¿En
mi asociación?
b) ¿En
la catequesis que se imparte en mi parroquia está integrado el tema
del sostenimiento de la obra evangelizadora?
c) ¿El
proyecto educativo del colegio católico al que envío a mi hijo incluye
la formación sobre este punto?
d)
Cuando la comunidad cristiana presenta una solicitud de ayuda
económica (al Obispado, Más por Menos, Adveniat, etc.), ¿se examina
antes si está cumpliendo los deberes que tiene en el plano económico:
entrega a la Curia del 5% de los ingresos, del 5% al Fondo Solidario
Interparroquial, de las colectas imperadas, del Balance anual?
e)
¿Tenemos conciencia de nuestro deber de solidaridad para con la
Iglesia diocesana? ¿Y con la Iglesia universal? ¿Y con otras Iglesias
necesitadas?
La
humildad del Chaco y la reforma económica de la Iglesia argentina
4.
Es sorprendente que el cambio de mentalidad de la Iglesia argentina
sobre el tema del “sostenimiento de la obra evangelizadora” haya
comenzado por el Chaco. Es la manera como Dios hace las cosas. Elige
lo pequeño para hacer cosas grandes. De hecho Dios se sirvió,
primeramente, de los mensajes dominicales que él me inspiró en 1994,
para instalar en la conciencia de la Iglesia argentina el tema del
sostenimiento de la Iglesia, que hasta entonces era tabú. En segundo
lugar, se sirvió de fieles laicos chaqueños que, en junio de 1997,
aconsejaron que la reforma económica de la Iglesia se fundamente no en
la acumulación de un capital monetario, que siempre puede devaluarse,
sino en uno espiritual, consistente en hombres formados con una
mentalidad nueva respecto de la economía de la Iglesia, basada en el
Evangelio y en la administración que ejercen los hombres honestos. Y
así surgió el Plan Compartir. Tercero, está impulsando a nuestros
hermanos del Equipo Arquidiocesano Compartir a animar un Equipo
Regional, para cultivar esa mística en las Iglesias de la Región
Pastoral NEA.
¿Pobreza o lujo?
5.
Una encuesta hecha por Gallup muestra que la gente percibe a la
Jerarquía católica como rica (66%) y ostentosa (49%). Imagino que por
“jerarquía” entiende “Obispos”. Mi impresión es totalmente contraria.
Sin embargo, aunque Gallup no sea la Biblia, quiero asumir ese dato y
preguntarme con humildad por qué la gente nos percibe así. Pues ello
podría constituir un serio impedimento para que el pueblo cristiano
aporte económicamente al sostenimiento de la obra evangelizadora.
Sería conveniente que los fieles laicos que están más cerca de
nosotros, nos digan sin adulonería por qué esa percepción. Porque hay
que sacar provecho espiritual de todo. Hasta de los prejuicios ajenos.
El
sueldo del Obispo
6.
Mucho se ha hablado este año del sueldo de los Obispos con ocasión de
la supresión del sueldo que el Obispo castrense tiene como Secretario
de Estado. A punto de concluir mi ministerio episcopal en la
Arquidiócesis de Resistencia, puedo repetir la frase de San Pablo al
despedirse de la Iglesia de Éfeso: “Los encomiendo al Señor... En
cuanto a mi, no he deseado ni plata ni oro ni los bienes de nadie”
Y he procurado hacerme acreedor de la bienaventuranza de Jesús: “La
felicidad está más en dar que en recibir” (Hch 20,32-33.35).
La
asignación mensual del gobierno nacional, que actualmente asciende a
$4.277,88, siempre la he donado íntegra al Obispado para cubrir el
déficit mensual de la Curia. Lo hago convencido y por necesidad. Si no
lo hiciese, debería clausurarla. De la jubilación que me asigna el
Fondo Fides, de $630, recibo $403,20, pues el tercio restante (36%),
que debería poner la Curia, lo dono para no aumentar el rojo de sus
cuentas. La Curia no me asigna sueldo alguno, pero corre con todos mis
gastos. Por mi parte procuro no ocasionarle demasiados. En doce años
me he comprado un traje. Quizá ahora me compre otro para no irme con
el que tengo remendado. Los fieles me han llenado de camperas,
pulloveres, medias, pañuelos y ropa interior. Una señora cuida mi casa
tres mañanas por semana: hace las compras, limpia, lava, plancha,
cocina, pone en el freezer. Y cuando invito a alguien a mi mesa,
siempre encuentro algo. No me falta nada. Los viajes en avión nunca
los cargo a la cuenta de la Curia, sino a la del ente eclesial para
cuyo servicio realizo el viaje: Conferencia episcopal, Celam, Santa
Sede. Si el viaje es por razones personales, lo cargo a mis ahorros.
Ahora vuelvo a Buenos Aires, pero no a mí casa, porque en su momento
la vendí y el fruto de la venta lo destiné al Obispado de Posadas, y
está convertido en la Radio Tupá Mbaé. Estoy feliz de no tener casa.
El Cardenal Bergoglio me ofreció hospedarme en el Seminario de Buenos
Aires. Y acepté gustoso. Cuando me muera para mis huesos bastarán dos
metros de tierra junto a un lapacho chaqueño. Y confío en que el Señor
me reciba en su banquete eterno.
(Continuará).
Mons. Carmelo Giaquinta,
administrador
apostólico de Resistencia |