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CARTA A LOS CRISTIANOS
PARA AYUDAR A PENSAR LA NACIÓN (2)


Mensaje dominical de monseñor Carmelo Giaquinta,
administrador apostólico
de Resistencia (4 de diciembre de 2005)



I. EL COMPENDIO DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

 

1. Un hecho providencial ha venido a favorecer el estudio y la difusión de la Doctrina Social de la Iglesia, de la que trata la reciente carta del Episcopado: el Compendio de la Doctrina Social, mandado componer por Juan Pablo II, redactado por la Comisión Pontificia Justicia y Paz, y publicado recientemente. De él decimos: “La riqueza intrínseca del Compendio y la autoridad que dispuso su composición, nos permiten considerarlo como un hecho eclesial y pastoral de magnitud”. Y “recomendamos su estudio y aplicación a todos los miembros del Pueblo de Dios, en particular a los miembros del clero encargados de exponer la doctrina cristiana, a los catequistas, a los docentes católicos y a los fieles laicos que tienen especiales responsabilidades en la construcción de la sociedad” (n° 4).

 

 

II. MÉTODO CATEQUÍSTICO EMPLEADO EN LA CARTA

 

2. Pero en la carta pastoral no nos interesa comentar el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, sino, ayudados por él, “mostrar la organicidad de los principios y valores que sustentan esta Doctrina, y proponer a la reflexión algunas situaciones y cuestiones”. Y ello no a modo de una clase magistral. Sino como una invitación insistente a los fieles laicos a asumir la responsabilidad que les cabe en la ciudadanía terrena. Por ello, continuamos: “...Y ello para estimular a todos a estudiar la Doctrina Social de la Iglesia, analizar con su luz algunos aspectos de la situación del País, y en conjunción con la propia ciencia y experiencia, aplicarla al momento presente. Y de este modo, trabajando junto con todos los hombres de buena voluntad, encontrar caminos concretos que contribuyan a la reconstrucción del tejido social, afianzar el sentido de pertenencia a la Nación y acrecentar la conciencia de ser ciudadanos” (n° 5).

 

3. Como dije en la conferencia de prensa, realizada en Pilar el 12 de noviembre, al presentar la carta pastoral del Episcopado, ésta emplea el método catequístico; a saber:

a) proponemos sucintamente la doctrina social sobre un principio o valor;

b) con su luz, vemos algunas situaciones sociales que necesitan ser encauzadas;

c) de allí, nos surgen algunas cuestiones o preguntas;

d) evitamos proponer nosotros la solución;

e) interrogamos a los lectores:

   * ¿Uds. entendieron la doctrina?;

   * ¿qué situaciones sociales, que Uds. conocen mejor que nosotros, están viendo que necesiten ser encauzadas?;

   * ¿qué cuestiones Uds. se plantean al respecto?;

   * ¿entreven Uds. algún camino de solución, que conjugue la ciencia y experiencia que tienen en el asunto con la fe expuesta por la Doctrina Social? ¿cuál?;

   * ¿lo han elaborado junto con otros que trabajan en el mismo campo, aunque no sean cristianos?

 

4. Si algo deseamos los Obispos en esta hora de la Nación es que los fieles laicos sean cada vez más ciudadanos convencidos de la bondad y necesidad de su presencia activa en la sociedad. Por ello al comienzo de la carta decimos: “Esta dignidad (del hombre) nos ilumina para apreciar la grandeza sublime de la vida terrena y de los esfuerzos con que el hombre procura hacerla más plenamente humana. No por ser peregrino del cielo, el cristiano descuida la construcción de la patria terrena (n° 2). Y casi al final agregamos: “Después del acto de adoración a Dios, la construcción de la convivencia social, en verdad, libertad y justicia, es la obra máxima del hombre sobre la tierra. Y Dios Padre providente en nada se complace más que en ver a sus hijos esforzándose por construirla” (n° 38).

 

 

III. UNIDAD Y ORGANICIDAD DE LA DOCTRINA SOCIAL

 

5. Supuesto el basamento fundamental de la Doctrina Social, que es la Dignidad de la persona humana, al que aludí el domingo pasado, la carta pastoral abre el segundo capítulo diciendo: “se erigen cinco principios permanentes, a modo de cinco columnas, que sostienen todo el edificio de la Doctrina Social de la Iglesia; a saber: 1°) el bien común; 2°) el destino universal de los bienes; 3°) la subsidiaridad; 4°) la participación; 5°) la solidaridad”. Y de éstos dice: “tienen un carácter general y fundamental, ya que se refieren a la realidad social en su conjunto. Deben ser apreciados en su unidad, conexión y articulación” (n° 6).

 

6. Lo mismo hacemos al abrir el capítulo tercero, sobre los valores fundamentales:“La Doctrina social de la Iglesia, además de los principios que deben presidir la edificación de una sociedad digna del hombre, indica también valores fundamentales. La relación entre principios y valores es indudablemente de reciprocidad, en cuanto que los valores expresan el aprecio que se debe atribuir a aquellos determinados aspectos del bien moral que los principios se proponen conseguir. Todos los valores sociales son inherentes a la dignidad de la persona humana, cuyo auténtico desarrollo favorecen. Son esencialmente: la verdad, la libertad, la justicia, el amor” (n° 26).

 

7. Un cirujano no podría operar desconociendo las leyes profundas que presiden la anatomía viva del cuerpo humano. Un arquitecto no podría construir un edificio sin tener en cuenta las leyes básicas de la edificación. De igual manera, el hombre, en cuanto ser político, no puede contribuir a la edificación de la Nación sin atender a las grandes leyes o principios que sostienen todo el andamiaje social. Como dice el Compendio: “Los principios de la doctrina social, en su conjunto, constituyen la primera articulación de la verdad de la sociedad, que interpela toda conciencia y la invita a interactuar libremente con los demás, en plena responsabilidad con todos y respeto de todos” (C 163).


Mons. Carmelo Giaquinta,
administrador apostólico de Resistencia


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