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CARTA A LOS CRISTIANOS
PARA AYUDAR A
PENSAR LA NACIÓN (3)
Mensaje
dominical
de
monseñor Carmelo Giaquinta,
administrador
apostólico
de Resistencia
(11
de diciembre de
2005)
I.
EL BIEN COMÚN: ¿QUÉ ES? ¿QUÉ NO ES?
1.
El
otro día, en la reunión de las monjas clarisas de Argentina y
Paraguay, una me preguntó “¿qué es el Bien Común”? La pregunta me
sorprendió. Y no quedé contento con la respuesta que le di. Fue como
si alguien me preguntase de golpe “¿qué es el aire? Seguro que en el
acto no lo sabría definir. Es tan obvio y estamos tan metidos en él
que no necesitamos definirlo. Nos basta con respirarlo.
Sin
embargo, tratándose de la Doctrina Social de la Iglesia, la monja hizo
bien en preguntar qué es el Bien Común.
Quizá,
convenga comenzar a definirlo en forma negativa: qué no es. No es un
simple propósito común. Puede haber un propósito común para delinquir.
Las ganancias de una asociación ilícita no son Bien Común. Tampoco es
un buen propósito común pasajero. El alquiler de una casa, que le
conviene al dueño y al inquilino, no es Bien Común.
2.
En la carta pastoral los Obispos decimos: “De la dignidad, unidad e
igualdad de todas las personas deriva, en primer lugar, el principio
del Bien Común” (n°7). Con ello subrayamos la coherencia de este
primer principio de la Doctrina Social con su basamento fundamental,
que es la Dignidad de la Persona Humana, a lo cual me referí hace dos
domingos. Y, a la vez, mostramos el dinamismo de la construcción
social: porque somos miembros de la misma familia humana, iguales en
dignidad, tenemos un maravilloso Bien Común, que hemos de preservar y
acrecentar. ¿Cuál es? Nosotros mismos, el conjunto de todos los seres
humanos, no excluido ninguno, incluido nuestro desarrollo integral,
personal y comunitario. En la carta definimos el Bien Común como “el
conjunto de valores y condiciones que posibilitan el desarrollo
integral del hombre en la sociedad, incluido su desarrollo espiritual”
(ib.).
3.
Este
principio, que mira primeramente a la humanidad toda, se lo debe
aplicar a las diversas sociedades: familia, comunidad religiosa,
comunidad política. Hablando del Bien Común de la Nación decimos: “El
Bien Común es por ello el humus de una nación. Desde allí ella germina
y se reconstruye. No consiste en la simple suma de los bienes
particulares de cada uno de los sujetos del cuerpo social. Si así
fuese, la existencia de una nación estaría sometida a los avatares de
los diferentes sectores. El Bien Común de una nación es un bien
superior, anterior a todos los bienes particulares o sectoriales, que
une a todos los ciudadanos en pos de una misma empresa, a beneficio de
todos sus integrantes y también de la comunidad internacional. No
puede ser parcializado, dividido, ni privatizado. Siendo de todos y de
cada uno, es y permanece común porque es indivisible y porque sólo
juntos es posible alcanzarlo, acrecentarlo y custodiarlo, también en
vistas al futuro. Una sociedad que quiere estar al servicio del ser
humano, es aquella que se propone como meta prioritaria el Bien Común,
en cuanto bien de todos los hombres y de todo el hombre. La persona no
puede encontrar la realización sólo en si misma; es decir, prescindir
de su ser ‘con’ y ‘para’ los demás” (n° 7).
El
preámbulo de la constitución nacional trae una buena descripción del
Bien Común de la Nación al manifestar el propósito de “afianzar la
justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común,
promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la
libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los
hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino”.
4.
Conviene advertir que la carta pastoral propone un criterio de
discernimiento para saber cuándo en una comunidad se da el Bien Común:
cuando se incluye al más débil: “La construcción del Bien Común se
verifica en la promoción y defensa de los miembros más débiles y
desprotegidos de la comunidad” (n° 7). Y es obvio. Se sabe que una
familia es familia cuando ésta cuida al niño, al anciano, al enfermo.
Lo mismo sucede con una nación: ésta es tal y procura el Bien Común
cuando se organiza de modo que ningún ciudadano sea olvidado, por
pequeño, humilde e indefenso fuere.
II. SITUACIONES Y CUESTIONES
5.
“¿Cómo medir nuestra voluntad de reconstruir la Nación desde la
perspectiva del Bien Común? Proponemos a la reflexión sólo dos
cuestiones. Primera, la defensa de los derechos adquiridos y el
reclamo de los nuevos. Si al defenderlos o reclamarlos lo hacemos
dentro del respeto de los derechos esenciales de los demás, estaremos
construyendo la Nación. De lo contrario la estaríamos dañando, porque
estaríamos actuando en contra del bien común.
Segunda, el comportamiento con los bienes públicos. Aun cuando “bien
público” y “bien común” no son sinónimos, el primero está referido al
segundo, porque es obtenido con el aporte de todos y para el servicio
de todos. Es de lamentar que, para algunos, “público” adquiera un
sentido totalmente contrario. No sería ya lo de todos, para el
servicio de todos, adquirido con el aporte de todos, que por todos
debe ser custodiado y defendido, sino lo de nadie, puesto allí para
apropiarnos de él, dañarlo, destruirlo, o distribuirlo
discrecionalmente entre amigos y clientes. Educar en el respeto de los
bienes públicos es uno de los grandes desafíos que han de enfrentar la
familia, la escuela, la catequesis y los medios de comunicación
social. Sin este respeto sería muy arduo convivir armónicamente y muy
difícil construir una república” (n° 8).
6.
Se podrían plantear otras cuestiones. Por ejemplo: ¿los partidos
políticos argentinos tienen asimilada la perspectiva del Bien Común?
Las consecuencias de la respuesta serían enormes. Si fuese positiva:
los partidos serían instrumentos de la democracia. Si fuese negativa:
éstos tendrían rasgos de intolerancia, proclives al autoritarismo,
cuando no abiertamente autoritarios y causantes de futuras crisis
sociales. Pero en la carta no hacemos todas las preguntas, porque no
es nuestra intención, y porque deseamos que las hagan los fieles
laicos en cuanto ciudadanos cristianos.
Mons. Carmelo Giaquinta,
administrador
apostólico de Resistencia |