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EL DESAFÍO DEL X CONGRESO EUCARÍSTICO


Homilía de monseñor
Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de Viedma,
Vigésimo segundo domingo durante el año
- 29 de agosto de 2004


El himno del X Congreso Eucarístico Nacional –aprobado por el Episcopado Argentino– encierra el objetivo pastoral perseguido en este  acontecimiento eclesial y queda sintetizado en la primera y última estrofa:


Jesucristo, Señor de la historia…
Cuando el pobre es sujeto y señor!


El Himno del X Congreso Eucarístico se ha transformado así en un desafío, con audacia,  evangélica para la Iglesia en la Argentina. Pastores y fieles sino queremos caer en la sentencia de Jesús contra los escribas y fariseos “que enseñan pero no hacen lo que enseñan,” hemos de tomar en la pastoral el rumbo  que se expresa con  claridad notable en lo que oramos cantando: la opción preferencial por lo pobres. Jesús es Señor de la Historia en la medida que una sociedad humana asuma, en el quehacer cotidiano, privado y público, su proyecto de vida sin retaceos. Y Jesús sintetizó su proyecto en la expresión semita:  el Reino del Shalom.

Salta a la vista en los cuatro evangelios que para Jesús  lo central no fue Dios solo ni fue él mismo y sus prerrogativas sino el reinado de Dios en la humanidad. Jesús se sabía, vivía y trabajaba desde algo y para algo distinto de sí mismo. Y cuál es ese “algo”?. Cumplir la voluntad de Dios y que la humanidad la cumpla ¿Y cuál es la voluntad de Dios para Jesús?:implantar en la tierra el ideal de la verdadera justicia. Para Jesús el <reinado de Dios> es a favor de los pobres en general y de quienes la sociedad “ordenada” según derecho legal, margina. A los pobres por ser pobre se les ha de hacer justicia. El propio Jesús da el signo indiscutido del Reino: “A los pobres se les anuncia la buena noticia"  (1) es su identidad mesiánica. Está claro que ser fiel a Jesús es ponerse “de parte” de las preferencias de Jesús. Y está clarísimo que Jesús se puso de parte de las gentes más despreciadas de la sociedad de su tiempo. Por eso, lo persiguieron  y lo mataron. Es la paradoja del Reino que vive la Iglesia cuando anuncia el Evangelio “a secas” El Reinado de Dios irrita y pone frenéticos a "honorables" del “sistema establecido” y ricos satisfechos. Porque el reinado del Dios de Jesús no se contenta con beneficencia así sea cuantiosa sino en cambiar la situación de la pobreza indigente y las causas de la marginalidad  indignante.

Lo sabemos: la Eucaristía es el “banquete pascual” que transforma a la Iglesia en “signo e instrumento del Reino”. ¿La seguiremos celebrando como un rito religioso muy importante sin relación directa a la causa del Reino y a veces con fines opuestos a las intenciones del propio Jesús como ha acontecido “para ganar una guerra”?

La Argentina de hoy en situación de abismal desigualdad social con cristianos ricos que ganan tres veces más que millones de argentinas/os que no tienen un mínimo para vivir, está exigiendo a la  Iglesia   celebrar la Eucaristía para promover una  conciencia ciudadana en la corresponsabilidad  comunitaria, solidaria, creativa, comprometida en la vida digna de quién habite este bendito territorio; tan rico capaz de alimentar a millones. Eucaristía a los ricos a condición de exigirles compartir sus bienes con honradez y sacrificada generosidad y Eucaristía  a pobres indigentes para  animarlos a exigir sus derechos a vida digna hasta con heroica firmeza sin ningún tipo de violencia. Es la utopía del Reino hacia dónde orientar el pueblo  para asumir la dimensión social-política del Evangelio, en cumplimiento del proyecto del Reino anunciado por Jesús.  La Argentina necesita de ricos que vivan más sencillamente para que los pobres puedan, sencillamente, vivir. Terminemos con la religión del “cumplimiento”; renovémonos en Eucaristía que capaciten el sentido personal comunitario de la vida cristiana en Iglesia-Pueblo de Dios. Así Jesús será Señor de la Historia y los pobres pasarán de ser objeto de ayuda a  protagonistas de Nación Argentina.


Nota:

(1) Mt.11,5/Lc.7,22-/ Lc.14,1.7-4


Mons. Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de Viedma



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