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LA IGLESIA EN CONSTANTE
CONVERSIÓN
Homilía de monseñor Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de Viedma
para el domingo 6 de marzo de 2005
No pocas veces de tanto repetir una palabra desmerecemos su real
sentido. Así puede pasar en el ambiente cristiano con la palabra
“conversión” Cuando esto ocurre se licua la vida cristiana en meras
prácticas religiosas. Quizá hasta cumplimiento exacto y riguroso;
pero, sin un cambio de criterios y actitudes en lo cotidiano de la
existencia humana.
Sin embargo, una auténtica vida cristiana es una experiencia humana,
es una experiencia de cambio y ruptura...es un constante volverse al
verdadero Dios. A tal punto que un escritor sagrado de los primeros
siglos cristianos se atrevió a afirmar que la Fe cristiana nos
compromete en el cambio de vida a tal punto de ir adquiriendo las
“costumbres de Dios”.
Y
no por maravilloso deja de ser expresión felizmente cierta. Porque
la conversión cristiana es un “volverse” a Dios, al Dios de
Jesús...Por eso la verdadera Iglesia, la auténtica vida cristiana es
la que se construye y se vive en una constante conversión a Jesús
Por eso, comenzamos este tiempo fuerte de conversión, llamado
Cuaresma, con una voz de orden: “Cree en Jesucristo y conviértete a
su Evangelio”.
De
hecho, en la historia de la Iglesia como en la historia personal es
posible señalar épocas o momentos de mayor o menor autenticidad
cristiana conforme se haya vivido o no de cara a Jesucristo
reflejado en criterios, actitudes y costumbres personales o
sociales.
La
Iglesia, en la Argentina de hoy, cada miembro, cada comunidad que se
considere cristiana, se ha examinar sinceramente ante Jesús y su
Evangelio. La sinceridad ha de ser tan transparente como la que hizo
al comienzo del siglo XX Pío XI al señalar con crudeza que la
Iglesia transcurría un nuevo siglo con un gran escándalo: “el haber
perdido la clase obrera” o también con la animosa esperanza de Juan
XXIII que con el Concilio Vaticano II nos alienta a lavarle el
rostro a la Iglesia para que refleje con mayor luminosidad el
auténtico rostro de Jesucristo.
Precisamente después del Concilio Vaticano II la Iglesia con
Medellín, Puebla, Santo Domingo, S. Miguel se sincera y alienta
devolviendo al pueblo los Evangelios que las Comunidades Eclesiales
de Base lo procesan en su propia historia de lugar y condición y va
surgiendo la Iglesia desde los pobres a todos.-Así va resultando la
conversión y surgiendo la Iglesia con los signos del Reino:
anunciando desde los pobres a todos la salvación integral.
Es
que los Evangelios presentan a la figura de Jesús a través de su
misión y su misión es la llegada del Reino de Dios y el Reino de
Dios se centra en los pobres y desde los pobres, cuyos rostros
concretos describe Puebla, Dios por Jesús a través de una Iglesia
que viva en constante conversión al mensaje evangélico, se abre al
mundo entero.
Por eso, es primario y fundamental escrudiñar la vida histórica de
Jesús para ir adquiriendo sus criterios y actitudes y
transparentarlas en el acontecer diario así personal como social,
político, económico cultural del momento que se vive. Con la mera
aceptación de la enseñanza evangélica no se entre en el Reino de
Dios. Una Iglesia sumamente ortodoxa pero no ortopráctica no es la
Iglesia de Jesús. Lo que se dice de Jesús en los Evangelios debe
decirse de la Iglesia: ha de ser discípula de Dios y servidora del
mundo.
En
síntesis, el Dios que Jesús manifiesta con la práctica de su vida
histórica no es un Dios ego=centrico sino por el contrario que sale
de si mismo para amar, recrear, liberar, humanizar a los hombres con
marcada preferencia con los más deshumanizados. Así la Iglesia no
vive para sí y en constante conversión al Evangelio asume la opción
preferencial por los pobres como signo privilegiado del Reinado de
Dios en la convivencia humana.
Mons. Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de
Viedma
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