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SE
ES IGLESIA DIFUNDIENDO EL EVANGELIO
Homilía de monseñor Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de Viedma
8 de mayo de 2005 -
Ascensión del Señor
La festividad litúrgica de la Ascensión del Señor puede hacer caer
en gravísimo error cuando se la entiende como un movimiento físico.
Como si Jesús hubiera subido al lejano cielo para gozar su felicidad
eterna...Y que a lo sumo si le suplicamos con mucho rezo y angustia
se compadecería de los que quedamos en esta tierra…
No.
No es así. No es un gran e imborrable recuerdo histórico de quién ha
hecho cosas extraordinarias y ha dejado una maravillosa doctrina. No
es un simple valioso testimonio de una gran persona para
generaciones futuras. Es todo esto; pero mucho más.
En
Jesús aconteció lo indecible para todo hombre o mujer que viene a
este mundo. Es el hecho que hemos venido celebrando, del modo más
explícito posible en nuestra limitación humana, durante cincuenta
días a partir de la Festividad de Pascua. Jesús muerto crucificado
es el Resucitado por el mismo poder de Dios. Jesús es el
Viviente. Es el hombre –ahora y por la eternidad– con la
plenitud de la Vida.
La festividad de la Ascensión recuerda
a la humanidad entera aquella convocatoria sencilla con repercusión
planetaria que, al cumplirse unos cuarenta días de su Pascua, un día
hizo Jesús Resucitado, hablando familiarmente con algunos de sus
seguidores y la consigna S. Mateo en cap. 28, 10-16-20: “No tengan
miedo, vayan a avisarles a mis hermanos que caminen a Galilea; allí
me verán”. Ya en el Monte de Galilea, Jesús Resucitado se acerca al
grupo convocado y les dice: vayan por todos los rincones del mundo,
bauticen y enseñen lo que yo les he enseñado haciendo discípulos
míos a toda la gente “miren
que yo estoy con ustedes, cada día, hasta el fin del mundo”.
En
este Monte, Jesús convoca a los primeros seguidores suyos
para advertirles que con el acontecimiento de su Pascua la historia
de muerte no lo tragó. Es el Viviente constituido en el Camino, la
Verdad y la Vida (Jn. 14, 6) para toda persona humana que quiera
lograrse en plenitud.- Por su misma realidad de Resucitado a nivel
de visión física no lo verán; pero su Presencia de Resucitado con su
acción salvadora (energía pascual) acompañará –día a día– en esta
historia a quiénes acepten ser convocados en su nombre.-Esta es
nuestra Fe Cristiana que, como un rayo poderoso de luz, perfora el
acontecer de la historia humana y descubre la Presencia de Jesús
Resucitado no solo como Señor de la Iglesia sino también Señor de la
Historia de cada ser humano y del género humano como tal
Celebramos la Festividad de la Ascensión del Señor para reavivar el
fuego de la Fe en Jesús Resucitado haciendo historia –codo a codo–
con quien acepte su convocatoria de reunirse en su nombre para
alabar a Dios y servir a quien lo necesite. Esta reunión es
lo que encontramos en los orígenes del cristianismo con el vocablo
griego o latino de Iglesia Lamentablemente hoy cuesta mucho
devolverle este primer sentido. Se lo ha reducido a sus dirigentes o
ministros o jerarquía. En cambio hemos de celebrar la Ascensión del
Señor con la misma expectativa y tomando la misma actitud de ese
primer grupo convocado en el Monte de la Galilea. No se quedaron en
actitud nostálgica del encuentro histórico con Jesús. Siguiendo la
indicación del Resucitado que los había citado en el Monte
apresuraron la Reunión a la espera del Espíritu Santo prometido para
cumplir con lucidez y coraje el mandato de salir por todas partes
del mundo para hacer discípulos al Divino Maestro.
La
ASCENSIÓN DEL SEÑOR es una interpelación a la comunidad cristiana
sobre su fidelidad a la convocatoria del Resucitado a escuchar,
vivir y difundir su Palabra. Porque solamente se es
Iglesia de Jesús escuchando, viviendo y difundiendo el Evangelio
La Ascensión de Jesús nos quita el miedo hasta de la muerte. GRACIAS
A EL GOZAMOS DEL MISMO PODER DE DIOS QUE LO RESUCITÓ PARA NOSOTROS.
Mons. Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de
Viedma
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