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¿QUIÉN ES DIOS? - ¿CÓMO ES DIOS?
Homilía de monseñor Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de Viedma
22 de mayo de 2005 - La Santísima Trinidad
Las festividades de la Liturgia Católica sirven a nuestra Fe
Cristiana. Cada año nos acercan más al mismo misterio de Dios y al
misterio del Hombre. Nos van develando como es Dios y como hemos de
ser los seres humanos para vivir la felicidad que ansiamos, que
buscamos y con frecuencia nos la auguramos...
En
Navidad contemplando el Niño de Belén admiramos el Amor de Dios. En
Pascua ante la muerte y Resurrección de Jesús tratamos de penetrar
en la hondura del Amor de Dios que en Jesucristo muere por nosotros
y que resucita para que nosotros logremos vencer nuestra propia
muerte. En Pentecostés celebramos la irrupción del Amor de Dios en
los corazones de los creyentes en Jesús, el Hombre-Dios.
La
Festividad de este domingo –llamada de la Santísima Trinidad– nos
convoca a contemplar frontalmente a Dios en si mismo… Sería un vano
atrevimiento si no mediara el mismo Dios. Porque afirma S.Juan
(1,18) “A Dios nadie lo ha visto jamás; es el Hijo único, que es
Dios y está al lado del Padre, quién lo ha explicado”.
Efectivamente Jesús en su Evangelio con divina pedagogía nos ha
dejado la más íntima revelación sobre Dios tal cual es. Nadie en su
sano juicio puede negar la existencia de Dios. Pero “cómo” es Dios
sólo Dios lo ha podido revelar porque para conocer la intimidad de
Dios tiene que ser Dios. Verdad elemental que no la han tenido en
cuenta hasta no pocos cristianos.
De
hecho, toda la revelación bíblica es la revelación de Dios al
Hombre. Como no puede revelarse sino a través de la historia humana,
llegó el momento culmen de su auto-revelación cuando se hizo
hombre en las entrañas de María, la joven nazarena.
De
ahí, que se puede afirmar que los cuatro Evangelios son la síntesis
suprema para conocer a Dios y al Hombre. Las palabras, los gestos,
las actitudes y criterios de Jesús de Nazaret nos van mostrando
quién es Dios, cómo es Dios, al tiempo que van presentando al
hombre ideal, modelo acabado del ser humano.
Jesús el Hijo que viene de Dios habla con su Padre en actitud orante
de tú a tú y habla de Dios en relación al Hombre señalando, en forma
sumamente expresiva, que es Padre lleno de ternura divina para con
todo ser humano. Al término de su vida terrenal promete la
protección amorosa de Dios mediante la presencia íntima de una
tercera persona divina enviada por El y su Padre: el Espíritu Santo.
Así Jesús, a través de su propia vida humana y su mensaje, nos
enseñó la intimidad de Dios. La unidad de Dios no significa que es
un solitario. Su omnipotencia divina no significa que es un Dios
perdido en la lejanía de su inmensidad eterna. El Dios de
Jesucristo, el Dios real y viviente, es un Dios comunidad de tres
Personas que se entienden y se aman y que aman al Hombre creado a su
imagen y semejanza. A tal punto Jesús reveló la intimidad del ser de
Dios que el discípulo, que penetró más en los sentimientos de Jesús,
definió a Dios en forma explosiva: “Dios es amor” de suerte
que “el que no ama no conoce a Dios”. Y hechos a imagen de Dios, los
hombres –continúa S.Juan– nos realizamos si imitamos a Jesús amando
como El nos amó. Por eso, remata el Apóstol: “El que diga que ama a
Dios y no ama al prójimo es un mentiroso” (1)
Al
decir de un gran teólogo (2), si los cristianos no nos
convertimos en místicos, este mundo se autodestruye en un
caos de odio y violencia. La mística cristiana no es una
contemplación alienante. Es creer que Dios nos ama personalmente,
amor de Dios que nos impulsa a irradiarlo en la sociedad que nos
toca vivir. El cristiano logra la comunión con Dios-Amor en tanto en
cuanto vive el amor projimal. Se eleva a Dios en tanto baje a
servir por la oración o por la acción. El “grito de los excluidos”,
entonces, se transformará en grito de alegría a medida que la
mística cristiana anime la sociedad.
Es
el compromiso testimonial de los creyentes en Dios-Amor
Notas:
(1)
1º Juan
cap. 4
(2)
K.
Rahner
Mons. Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de
Viedma
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