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CONOCER A FONDO EL EVANGELIO


Homilía de monseñor Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de Viedma
12 de junio de 2005 - Décimo primer domingo durante el año



La Iglesia (pastores y fieles) no existe sino para vivir y anunciar a Jesucristo. Entre los católicos –en general– la fuente principal del conocimiento de Jesús histórico es poco conocida. ¿Qué es el Evangelio para la mayoría de las comunidades católicas   y para cada católico en forma personal?  Se puede afirmar parafraseando a S. Jerónimo que quién no conoce  el Evangelio no conoce a Jesucristo y quién no conoce a Jesucristo no conoce a Dios tal cual es y que se reveló plenamente por Jesucristo, su Enviado.

En domingos sucesivos como un servicio lo más popular y sencillo, intentaré presentar como en diversos flash la exposición, quizá la más cercana, a la aparición histórica de ese hombre –llamado Jesús– que se manifestó el Hijo de Dios. Se encuentra en el llamado Evangelio de Marcos. Es una exposición clara y simple en la que la figura de Jesús se va revelando, más que en discursos, en su acción y en sus respuestas ocasionales en un continuo intercambio con la realidad que lo rodea.

El propósito de Marcos, desde el inicio, es mostrar que ese hombre –uno más entre los demás– es el Hijo de Dios y el Enviado por Dios con misión liberadora integral (1,1/ 14,61/15/39).

Así  lo muestra “maestro” y  “profeta”. Su popularidad es  grande; pero, Jesús impone el “silencio” para evitar desviaciones triunfalistas. Se autodefine “el Hombre” título mesiánico para sus contemporáneos y para subrayar la solidaridad con los demás que encuentra en su camino (2., 10). Para liberar del  pecado (2,10) se mezcla con pecadores (2,17). Desafiando las discriminaciones sociales hasta elige en su círculo íntimo a un pecador público (2,13-14). Viola el tabú de la ley para favorecer  a sus semejantes (2, 23-27/ 3,1-5). Para extender su acción liberadora elige a compañeros y colaboradores; a los que da una instrucción particular (3,14-15).

Queda claro que su misión u objetivo de su vida es el reinado de Dios que  está lejos de instaurarse con un golpe de fuerza, sino que será el resultado de un crecimiento

(4,1-10.26-32). No obstante una sorda oposición al comienzo y luego declarada y amenazadora  de los instalados en el poder religioso, Jesús prosigue la obra que Dios le ha encomendado (7,1-13// 8,11-13). Y a su vez para aclarar el sentido de su mesianismo y comprobar que sus más íntimos van captando  su identidad,  interroga a sus discípulos  sobre qué piensan de El (8,27-29-31) y corta en seco toda ilusión de triunfalismo en un mesianismo político (8,34-38). El Abba –Papito Dios– da un signo anticipado de la glorificación divina que merece la actitud de Jesús (9,2-7).

Marcos se encarga de mostrar a Jesús en una intensa actividad en cumplimiento de la voluntad de su Padre Celestial. Instruye en todo momento a sus discípulos y los corrige  con severa ternura (9,30-32.33-41/10,28.35-45). Con hechos más que con palabras enseña cuál es el verdadero culto a Dios y no teme llegar a expulsar del templo a quiénes negocian  la religión (11,12-19). Su postura existencial manifestando el proyecto de Dios sobre el Hombre, le valió la condena en Cruz (14,1-2). Pero no todo acaba en la Cruz. Su Padre-Dios lo resucita aprobando con poder divino el Evangelio –la Buena Noticia– que Jesús pregona  para la humanidad entera (16).  

Si la vida cristiana consiste en un seguimiento fiel a Jesús, a la Iglesia entera, desde cada comunidad, desde cada uno de sus miembros laicos o clérigos, se impone, como primerísima instancia conocer a fondo y cuidadosamente el Evangelio del Señor Jesús. Es el manual de la vida cristiana para todas las vocaciones y en todas las edades. Porque Dios es el que salva y no salva sino por Jesucristo, y a Jesús, hoy como ayer en Palestina, lo vamos encontrando a través de su Evangelio.  A su vez la misma Iglesia que viene de lo Alto surge en cada lugar en el que dos o tres se reúnen  para confrontar el Evangelio con su propia historia personal o comunitaria (Mateo 18.19-20).(1)


Nota:

(1) Acontece el “hecho” que Lucas describe en su Libro de los Hechos: a medida que se iba anunciando el Evangelio nuevos miembros se agregan a la Iglesia. A la inversa de lo acontecido en siglos recientes  que se descristianizó Europa porque  al pueblo se le negó el Evangelio, como denuncia Karl Adam.


Mons. Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de Viedma



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