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TENER CONFIANZA CIEGA EN JESÚS
Homilía de monseñor Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de Viedma
17 de julio de 2005 - Décimo sexto domingo durante el año
El
evangelista Marcos, en pocos trazos, (1,16-20) describe una
fundamental decisión pastoral (así la llamaríamos hoy) de Jesús.
Tiene claro el objetivo de su misión: anunciar y realizar el
Reino… el reinado de Dios en la humanidad. Esta su obra
no la hará solo. Sale a buscar compañeros, colaboradores que lo
acompañen…
Marcos lo presenta caminando en medio de uno de los más populares
trabajos de la gente contemporánea suya, cercana al lago de
Galilea. Vio a Simón y Andrés que estaban echando la red al mar y
les dijo “Vengan conmigo y los haré pescadores de hombres” y
pasando más adelante “vio a Santiago… y a su hermano Juan que
estaban en su barca… y en seguida los llamó”. Lo característico
en los dos casos es que Jesús se fijó en ellos y no en tantos
otros pescadores que merodeaban en la orilla del lago. Y más notable
aún es la actitud de los llamados: dejaron lo que tenían y
estaban realizando y se fueron con El. Jesús busca respuesta
personal, pronta y generosa.
Una vez más –repitamos– Marcos no narra con rigurosidad cronológica
una historia de Jesús. En este caso -por ejemplo- concentra,
simbólicamente, qué pretende Jesús de sus seguidores personalmente y
el para qué convoca a hombres y mujeres que reunidos a través de
los siglos se llamará su Iglesia. Para los elegidos entonces el
“mar” simbolizaba popularmente la “muerte” y la imagen cobró sentido
a los ojos de aquellos pescadores: era una invitación a dejar un
trabajo conocido por otro desconocido; un proyecto personal centrado
en sus propias necesidades, por otro en el que tendrán que hacerse
responsables de la vida y las necesidades de otros hombres y
mujeres…
Otro aspecto a señalar en la actitud de los llamados: dejaron lo
que tenían y lo siguieron; dejaron su proyecto de vida y se
entregaron a otro desconocido. El que los llama despierta ciega
confianza. No es un hombre cualquiera: aunque no les quede claro aún
quién es y qué se propone. Pero es tal la atracción que vale la pena
arriesgar…
Por otra parte lo notable en Jesús es que invita a gente de pueblo:
sencilla, sin formación especial o pertenecer a alguna familia
distinguida… A nadie se le hubiese ocurrido seleccionar ese
personal para una empresa tan importante.
Con la elección de Jesús se anuncia la buena nueva al pueblo
entero: Dios los ama… Dios está con el pueblo. No tienen que
tener credenciales, ni títulos ni estudios especiales para ser
invitados a poseer el Reino y a trabajar por él. Dios -el Dios de
Jesús- no es propiedad de selectos. Sino el Abba-Papito-Dios del
pueblo.
Con el pronto seguimiento de los primeros llamados por Jesús se nos
anuncia la primera instancia de una auténtica espiritualidad
cristiana: la disponibilidad sin reservas al proyecto del Reino que
Jesús construye.- Esta disponibilidad no está tanto en dar cosas
como en darse a si mismo. Y lo que se posee, ponerlo al
servicio del reinado de Dios en el corazón de los demás.- De hecho,
los primeros “dejaron barcas y redes” en señal de seguimiento y más
adelante los encontramos “usando” barcas y redes para acompañar a
Jesús en su misión.
Para la acción de la Iglesia, hoy, es un llamado a que “no debe ser
solamente orientada hacia el Pueblo, sino también – y
principalmente- desde el Pueblo mismo”. Esto supone:
“amar al pueblo, compenetrarse con él y comprenderlo; confiar en su
capacidad de creación, ayudarlo a expresarse y a organizarse…
conocer sus “gozos y esperanzas, angustias y dolores”, que significa
escuchar qué se espera de la Iglesia.
En
concreto, la Iglesia de Jesús no se reduce al culto religioso.
Es para vida del pueblo. Por eso, ha de “promover comunidades
eclesiales de base en los medios populares" (1) Porque
son la expresión más acabada de presencia de Jesús en medio del
“pueblo”.
Nota:
(1)
Gozo
y Esperanza 1 –San Miguel VI, Pastoral Popular, año 1969–.
Mons. Miguel Esteban Hesayne,
obispo emérito de Viedma |