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el mal no puede contra dios


Homilía de monseñor Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de Viedma
24 de julio de 2005 - Décimo séptimo domingo durante el año



En San Marcos, Jesús anuncia el Reino –el reinado del Abba-Papito-Dios– más bien con la acciones que con discurso. Así que formó el pequeño grupo que lo va a acompañar en su tarea, lo encontramos ocupado en sanar enfermos (1,22-45)

Es notable como el Evangelista presenta a Jesús lleno de la experiencia de Dios que lo moviliza a ocuparse del mal que sufre el hombre. Entra en una sinagoga a orar y en plena ceremonia religiosa se pone a liberar del mal que aqueja a uno de los concurrentes. No faltaron protestas y críticas. No entendían que en el lugar dedicado a rendir culto a Dios, Jesús se ocupara de un hombre necesitado. Más aún, cuando se encuentra con un marginado por la Ley religiosa, Jesús a ciencia y conciencia obra en contra de esa Ley severísima. Toca y sana a un leproso (1,40-45). Según la ley de Moisés era reo de muerte. Jesús cargó con la indignación del poder religioso de su tiempo consciente de tener una misión y ser responsable de una causa: la causa de su Papito-Dios, la causa de la vida humana, la causa de la misericordia divina.

Sus mismas acciones eran su enseñanza. Con Jesús ha quedado claro que, aunque el mal es más fuerte que el hombre, el mal no puede contra Dios. Y Jesús anunció que el plazo del mal se ha terminado en tanto en cuanto Dios reine en la humanidad.

Este es el notición, la buena nueva, cosas nuevas, que engendran la esperanza en que el futuro puede ser diferente. Esta es la misión que tenemos los que pertenecemos a la Iglesia –comunidad de creyentes en Jesús muerto y resucitado. Es decir, los que hoy nos llamamos cristianos. Esta es la clave de autoridad de la Iglesia y no el poder de influencia o presión política o religiosidad sentimentalista o ritualista.

La Iglesia –la comunidad cristiana– tiene encomendada por el mismo Jesús la misión de combatir todo lo que deshumaniza al hombre. Pero lo tiene que hacer como Jesús lo hizo: desde el pueblo animada por el poder del Espíritu. Por eso nuestro obispo mártir Angelleli no se cansaba de repetir. “Si la Iglesia quiere ser fiel al Evangelio tiene que seguir siendo pueblo” Y ¿cuando la Iglesia es pueblo? –Cuando asume “las tristezas y angustias, las alegrías y las esperanzas de humanidad”, responde el Concilio Vaticanos II. En concreto, en la Argentina de hoy con bolsones de gente hambrienta y sin trabajo, ni salud y educación, la Iglesia será pueblo cuando la misa dominical deje de ser la “importante ceremonia religiosa” y vuelva a ser la “cena del Señor”. Es decir, el encuentro pascual semanal desde donde la comunidad cristiana se vaya humanizando, transformándose en gente solidaria preocupada por los miles y miles que a diario mueren porque no han tenido el “derecho animal” de comer. Gente que al encuentro con Jesucristo eucarístico vayan adquiriendo el sentido y la capacidad social-política de “ver” lo que está pasando a su alrededor, para tener coraje y creatividad del discernimiento evangélico para saber votar y tomar la actitud de servidores de la sociedad colaborando, en forma constructiva, con organizaciones-partidos políticos-gremios-juntas vecinales. Para esto, hay que hacer una lectura de lo que está pasando en clave cristiana. La Iglesia no existe para sí misma. Como Jesús existe para los demás… Los que concurren a misa, ¿se enteran que cada 24 horas mueren de hambre 24.000 personas y cada minuto muere por desnutrición un niño menor de 5 años? Y la simple ayuda no basta y agudiza la miseria. La solución pasa por la justicia social que se logra cuando en una sociedad muchos limpian sus corazones con el Evangelio procesado en la reflexión orante y cobran el coraje social-político de combatir ideologías deshumanizantes y recrear estructuras que sirvan al bien común. Por eso, la Comunidad Eclesial de Base es la estructura eclesial con mayor fuerza humanizante cuya multiplicación formará la Iglesia solidaria, servidora que necesita la Argentina.


Nota:

(1) Una vez más insisto que el comentario no suple la lectura orante del texto citado.

(2) Datos oficiales de la FAO.



Mons. Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de Viedma



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