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CADA UNO HACE SU HISTORIA DE GRACIA Y DE PECADO


Homilía de monseñor Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de Viedma
28 de agosto de 2005 - Vigésimo segundo domingo durante el año



Si bien Marcos presenta el mensaje de Jesús principalmente a través de sus gestos y actitudes, consigna enseñanzas en  parábolas como la del  Sembrador (4,1-20).

Lo primero que nos debemos preguntar porqué Jesús usó y en forma magistral el llamado género literario de las parábolas. Jesús buscaba varias cosas en este tipo de enseñanza. Quería dar una clave de comprensión  y de análisis de lo que estaba pasando con El… con su presencia en la historia humana y con su misión liberadora. Ante este mismo hecho: unos reaccionaban siguiéndolo; otros, en cambio, perseguiéndolo. Por otra parte, buscaba provocar una mayor inquietud de búsqueda del sentido profundo de lo que estaban oyendo, viendo y viviendo. Por eso, usó un lenguaje cifrado, como en clave. Así, los que estaban bien dispuestos, buscarían una explicación posterior, como de hecho aconteció (vv.13-20). Los mal dispuestos no entenderían nada.

“Que oiga quién tenga oídos para oír”. Es una frase -modismo arameo- que Jesús muchas veces usa y  que quiere decir: “El que quiera preguntar que pregunte”. Jesús había echado un gancho que, efectivamente recogieron algunos de sus oyentes  cuando a  solas le preguntaron sobre el sentido de las parábolas.

Una primera aproximación del porqué Jesús muchas veces habló en parábolas, entonces, es porque quiso aclarar las condiciones para oírlo, aceptarlo y seguirlo y de los obstáculos que lo impedían. Que lo siguieran o que lo persiguieran, dependía en gran parte  desde dónde estaban situados y  de los intereses que defendían y de las opciones que guiaban sus propias vidas.

María Santísima visitando a su prima Isabel revela, en forma luminosa; la clave para comprender el mensaje evangélico y vivirlo a pleno como Ella lo vivió. Proclama en Lc, 1,53: “a los hambrientos los colmó de bienes y a los ricos los despide de vacío”.

Para convertirse a Jesús y su Evangelio se requiere abrirse al gozo esperanzado de ir “haciendo la verdad en el amor” como diría Pablo a los corintios. Hay que  escuchar el Evangelio como lo que es: “Buena Noticia” y no cerrarse, aunque duela, a la interpelación personal y comunitaria. Hay que buscar  la verdad que me muestra y no buscar un  aval a mi posición o a mis sentimientos. En cada línea del Evangelio tengo que buscar la verdad de la vida humana y  asumir plenamente la afirmación de que  Jesús es  el Camino, la Verdad y la Vida (Jn.14,6)

La persona… la comunidad… que recibe la riqueza divina del Reino que viene por Jesús, es la que se sincera en oración  para librarse de ideologías, prejuicios, rencores, y afectos desordenados  y acepta, sin retaceos, vivir las nuevas opciones criterios y actitudes que va encontrando en el anuncio evangélico.  Dios-Amor ofrece a cada uno, la plenitud. Cada uno recibe en la medida de su disponibilidad. Para Dios no somos ni títeres ni robots. Somos personas libres y concientes y Dios respeta su creación. Por eso, es verdad que cada uno hace su historia de gracia y de pecado…

Y el proyecto global de Dios-Amor  enviando a su Hijo para salvar al mundo  (Jn.3,16) se juega en el corazón de cada persona, en su libre opción. Por otra parte, Jesús y su Evangelio nos ponen constantemente en crisis. Nos interpela. Es el desafío de su real seguimiento con autenticidad, con profundidad, con coherencia. Cada persona desde su corazón empapado en el Evangelio es un pivote de una nueva sociedad.

El Espíritu del Resucitado a través de la  historia de llamado y seguimiento que comenzó en el Monte de Galilea (Mc 16,14-20) ha suscitado diversas mediaciones para facilitar la buena predisposición del corazón a recibir la semilla del Reino. Así entre otras, para los bautizados comprometidos en la tarea de la construcción de la sociedad civil, han surgido  los Institutos Seculares, “gimnasios espirituales” al decir de Juan Pablo II para el laicado que aspire  a vivir la  espiritualidad evangélica en plenitud. 

Miguel Esteban Hesayne, obispo


Mons. Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de Viedma



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