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JESÚS TRANSFORMA LA MUERTE EN VIDA
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Homilía de monseñor Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de Viedma
18 de setiembre de 2005 - Vigésimo quinto domingo durante el año
Una vez más la advertencia: ante el hecho que durante mucho tiempo
se ha pretendido un “cristianismo” sin Cristo, en esta serie de
homilías, he elegido el Evangelio de S. Marcos para el comentario
dominical. Es el Evangelista que presenta la identidad de Jesús,
en forma relevante y sencilla, a comunidades que lo estaban
olvidando o desfigurando, tentadas por ideologías o centrándose en
ritos y ceremonias religiosas.
Marcos no se detiene en discursos doctrinales; presenta más bien
hechos y gestos que van revelando el poder de Jesús sobre la muerte
y la vida de hombres y mujeres. Un poder que va más allá de simples
prodigios milagrosos.
Así en los dos casos que nos toca reflexionar: dos mujeres, una
adolescente y una mayor, entrando en la sombras de la muerte, ante
la presencia de Jesús recobran el esplendor de la vida.-
"Mi niña se me está muriendo; ven a imponerle las manos para que se
cure y viva"
Un padre lleva a Jesús la pena de su hija moribunda. Era cuestión
de vida o muerte. Y allá se fue Jesús con el padre angustiado y con
Fe en el poder de Jesús…
Con el gentío que seguía a Jesús, caminaba también una mujer con una
enfermedad que la hacía impura y contaminaba con maldición a todo
aquel que la tocara, de acuerdo a la cultura religiosa judía. A la
mujer le pesaba su enfermedad, pero más el saberse rechazada y ser
muerte y maldición para su gente. Fueron momentos de vacilación y se
debatía entre la esperanza y la angustia. Pudo más la esperanza
fundada en la Fe de que si rozaba su vestido con el manto de
Jesús, quedaría sana. Así lo hizo y aquello bastó para sentir la
alegría de una nueva vitalidad en todo su cuerpo.
Jesús en estos casos, que Marcos presenta como en dos Sketch, alaba
la Fe que reconoce su poder y acepta la cercanía de Dios en El. El
Evangelista no da una definición nocional-catedrática- de la Fe en
Jesús Salvador y Liberador del mal. La Fe es tener la seguridad que,
en Jesús, el futuro de Dios ya se ha hecho presente. Es arriesgarse
a vivir lo imposible según las fuerzas humanas: dinero, técnica ó
poder como absolutos. Jesús alabando la Fe del padre angustiado y
de la mujer enferma crea un mundo nuevo y paradójico en donde la
impotencia de la Fe en El vale para recrear la "VIDA" Es la Fe
explosiva de S. Pablo que grita: todo lo puedo confiando en El
.
Es la FE en Jesucristo que ha de anunciar la Iglesia (pastores y
fieles) para que la sociedad argentina se libere de tantos signos de
muerte que la perturba y amenaza su futuro de Nación libre y
soberana, solidaria y fraterna. Los hechos aberrantes de recién
nacidos tirados en tachos de basura no pueden quedar en simple
sensacionalismo mediático. Menos una pantalla para ocultar las
muertes, minuto a minuto, de niños desnutridos y los incontables
asesinados en la entrañas maternas, por el crimen de la injusticia
social unos y del aborto otros. La marginación por falta de trabajo
y vivienda en zonas barriales de todas las ciudades grandes y
pequeñas y por consiguiente ropa, alimento y educación son signos de
muerte en nuestra sociedad. Son un desafío a quién crea en
Jesucristo vencedor de la muerte. Desde esta Fe ¿qué tenemos
que hacer? Esperanzados, como los personajes que trae Marcos,
vencer la desesperanza del “no se puede hacer nada”, la
indiferencia del “no te metás, el miedo del “que van a decir” de
ideólogos, políticos mal intencionados y hasta religiosos alienados
espiritualistas. SÍ, como el jefe de la Sinagoga y la mujer impura,
apoyados en el poder liberador de Jesús, debemos “manifestar
inquietud e indignación contra la injusticia” uniéndonos al “Grito
de los Excluidos”, mínima organización que está surgiendo desde la
misma gente excluida “SIN TRABAJO, JUSTICIA Y VIDA DIGNA”.
Nota:
(1)
INSISTO: el comentario no suple la lectura orante del texto. Hoy,
Marcos 5,21-43
Mons. Miguel Esteban Hesayne,
obispo emérito de Viedma |