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sin tiempo para
Jesús
Homilía de monseñor Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de Viedma
16 de
octubre de 2005 - Vigésimo
noveno domingo durante el año
Los Evangelios –hay que repetirlo- han sido escritos para que
la sociedad humana vaya encontrando a Dios en ese hombre
llamado Jesús… Hay que repetirlo en nuestra sociedad
saturada, como jamás hasta ahora, de información… de noticia
al instante. Y que al instante también es cubierta - olvidada
o superada- por otra, creando una ansiedad expectante. Vivimos
en una sociedad sin tiempo y espacio psicológico para
admirar… contemplar… gozar…
Este tiempo y espacio psicológico, tanto más lo necesitamos
para admirar, contemplar y gozar la presencia de Jesús
en el hoy de nuestras existencias personales. Los Evangelios
narrando a Jesús histórico nos dan las pautas que necesitamos
para ir respondiendo a la luz de la Fe a la pregunta ¿quién
es Jesús para mi?
Pregunta que se hicieron sus contemporáneos y respondieron de
forma muy diferentes: *para los letrados, Jesús es un enemigo
de Dios (2,7-23-28), un impío (2,15-17) y hasta un instrumento
de Satanás (3,22); *para los discípulos, Jesús es una pregunta
sin respuesta; *para el pueblo, Jesús es figura
desconcertante… Es alguien que socorre sus necesidades y les
habla de Dios de una forma totalmente imprevista. Es
ciertamente un gran profeta. Pero, sus palabras, sus
actitudes, trasuntan un no se qué imponderable como una
pregunta imposible de responder… Comprueban al hombre cabal y
al mismo tiempo perciben que no llegan a descifrarlo
plenamente. Tratan y se acercan a El como a un manantial cuya
fuente no logran descubrir…
Jesús es lo que se ve, sincero, amigable, tierno y fuerte a la
vez; pero, todos amigos y enemigos perciben algo más que
desborda la misma perfección humana. Su fama que se origina en
lo más bajo de la sociedad llega hasta las alturas del poder.
El Evangelista Marcos intercala en el Cap.6, 14-29 la muerte
del mayor de los profetas a manos de Herodes. Narra el
martirio del Bautista reavivando el tema bíblico de la
permanente confrontación de los profetas con los grupos
dominantes.
Es interesante observar que cuando Marcos menciona la “sede
del poder dominador” es para relacionarlo con la “muerte”. Con
una aleccionadora ironía presenta a Herodes como muy honesto…
no puede faltar a un juramento irresponsable, mientras sí,
falta a lo más fundamental de la ley de Dios: mata a un hombre
santo y justo. Ante el encarcelamiento y muerte de Juan
Bautista, Herodes muestra la misma perplejidad que Pilato ante
el arresto y muerte de Jesús. Es que el corazón humano lleno
de ansias de poder dominador, enceguece la mente para
discernir lo justo de lo injusto y resquebraja la voluntad
para realizar el bien en el amor solidario.
La semejanza entre Jesús y Juan Bautista es muy grande. Los
dos llevan una vida dedicada a convocar al pueblo a la
conversión. Los dos proclaman la cercanía del reinado de Dios.
A los dos los buscan para matarlos. Ante los dos se mueven con
miedo sus enemigos. A los dos los arrestan. A los dos los
esposan Y los dos por estorbar radicalmente a los intereses de
los poderosos, mueren ejecutados.-
Pero San Marcos presenta esta semejanza histórica para
remarcar el estremecedor anuncio de que Jesús es el
vencedor de la misma muerte. Profeta sí, pero más que
profeta. Porque no solo señala el camino. Es el Camino,
la Verdad y la Vida
(1)
En el trasfondo de las páginas del Evangelio se presenta al
hombre real y cabal en Jesús de Nazaret con poder liberador
superior al más grande de los profetas. Jesús es
históricamente humano e incomprensible a todo cálculo humano.
Es el poder sin influencias palaciegas que se hermana con toda
clase de oprimidos. Es el poder del mismísimo Dios. Si
se lee el Evangelio buscando “quién es Jesús” se goza
la plena liberación percibiendo lo divino en lo humano. Se
vive la Fe Cristiana.
Nota:
(1)
Juan 14,6
Mons. Miguel Esteban Hesayne,
obispo emérito de Viedma
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