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La Argentina hambrienta de pan material no ha desaparecido


Homilía de monseñor Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de Viedma
23 de octubre de 2005 - Trigésimo domingo durante el año

 

El relato de S. Marcos 6,32-44, muy conocido por la “multiplicación de los panes” lo podríamos catalogar de especial. No por ser un milagro portentoso. Sino porque está cargado de significado revelador de ¿“quién es Jesús”?.

No es entonces la crónica sensacional de cómo Jesús, ejerciendo su poder, realiza un milagro para solucionar el hambre de mucha gente.

Marcos y las comunidades de los orígenes cristianos consideraron este suceso como crucial para entender la naturaleza y la misión de ese hombre llamado Jesús.

En una apreciación global, salta a la vista que con Jesús se ha acercado a la humanidad el reinado de Dios y que el Dios que revela Jesús es el buen Pastor anunciado, entre otros pasajes bíblicos, en el Salmo 28,1. El Dios de Jesús es el buen Pastor por cuyos desvelos y poder nada debe faltar a cada ser humano y por el hecho de ser persona humana. No hay nada más ofensivo para el Dios de Jesucristo que la desigualdad, la marginación, la exclusión, la división entre ricos y pobres, entre gente que vive en la abundancia de bienes materiales y gente tan carenciada que no tiene un mínimo alimento diario para subsistir. Por eso, a la tan conocida “multiplicación de los panes”, Marcos y demás evangelistas le dan una importancia fundamental para mostrar el ser y misión de Jesús. Y prueba de esta preocupación en anunciar el móvil más íntimo de la existencia de Jesús y no quedarse en una simple crónica así sea de un hecho portentoso, es el cuidado que Marcos ha puesto en el uso de la palabra griega que utiliza para significar qué sintió Jesús ante el hambre de la gente. La generalidad de las traducciones expresan que sintió “lastima” o un tanto más expresivo, que sintió “compasión”. Sin embargo si nos atenemos textualmente a la palabra griega que usa Marcos debemos traducir: “se le conmovieron las entrañas”. Se trata de una conmoción que afecta al centro más íntimo de una persona. En Jesús, hubo otro momento de conmoción semejante. Es la que siente en oración ante su Abba-Papito Dios y el cumplimiento de su misión en el Huerto de los Olivos. En uno y otro momento la repercusión humana en Jesús es un eco del amor de Dios para con los seres humanos. Podemos afirmar, rotundamente, que en Jesús no hay dicotomía, dualismo, separación entre su adoración a Dios y la preocupación por gente hambrienta… Es que en Jesús encontramos la plenitud de la misericordia divina: el amor de Dios que se abaja a la miseria del hombre. Esto significa la palabra misericordia.

La Argentina hambrienta de pan material no ha desaparecido… la basura de las ciudades por la noche y por la mañana temprano son visitadas por niños-jóvenes-adultos y hasta ancianos desnutridos… Claro, ya no es la noticia periodística –salvo raras excepciones–. La macro economía del país en auge creciente, oculta la mortandad de tantos y tantos indigentes que hasta le están matando la misma muerte de hambre. Son los neo-desaparecidos/as a causa de la abundancia de unos pocos y la falta concreta y real preocupación de los dirigentes a todo nivel, por el hambre que está diezmando silenciosamente generaciones de argentinos, física-psíquica-espiritualmente.

La Iglesia para ser la Iglesia fiel al Evangelio, ha de volver una y otra vez a orar reflexionando este pasaje de la multiplicación de los panes. A través de las diversas comunidades cristianas… preguntarse ¿qué se puede hacer?

Y no contentarse con la ayuda-beneficencia. Ésta, fruto de la “lastima”, también la hacen los no creyentes en Jesús y su Evangelio. La Iglesia ha de ir tomando conciencia que no ha formado suficientemente dirigentes de la sociedad con vastos y profundos criterios evangélicos. De lo contrario, en un país tan rico no existiría la hambruna mortal.¡¡¡Cristianos!!! escuchemos a Jesús que hoy también nos dice “Den ustedes de comer” formando en el Evangelio social-político, con urgencia y eficacia, a futuras generaciones. Basta de denuncias y obremos el Reino aplicando los criterios de Jesús.


Mons. Miguel Esteban Hesayne,
obispo emérito de Viedma


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