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La Argentina
necesita
una Iglesia renovada en la fe
Homilía de monseñor Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de Viedma
20 de
noviembre de 2005 -
Solemnidad de Cristo Rey
La
verdadera Fe en el reinado de Dios, que irrumpe con Jesús, derrumba
barreras y se va estableciendo un nuevo orden en la convivencia
humana.
Es
lo que S. Marcos enseña a la Iglesia de todos los tiempos con la
escena de la mujer fenicia, rica y pagana, que reconoce en Jesús
- pobre judío explotado- el reinado de Dios para los
excluidos y explotados.
El
capítulo 7, 24-30 revela que por donde pasa Jesús se
derrumban los muros que separan o excluyen. Se narra un viaje muy
especial: Jesús viaja solo a la “región de Tiro”. En tiempos de
Jesús para los Judíos, Tiro era un centro de perversión comparable a
Sodoma y Gomorra (Mt.11, 20-24). Una mujer muy especial: para un
judío contemporáneo de Jesús. La distancia social y cultural entre
Jesús-judío y la mujer- fenicia era sumamente grande. Ella ciudadana
de un país que explota a los judíos pobres.
Una conversación muy especial: en el contexto social de la escena,
la respuesta de Jesús, con tono despectivo, es un llamado de
atención para que la mujer comprenda lo que ella hace dentro de su
sociedad explotadora. Un desenlace muy especial: la mujer se
descasta, se acerca al judío pobretón y llena de Fe en El le pide un
gran favor y Jesús que nunca fue vencido por las argucias de los
estudiosos de la Ley ni por los demonios es vencido por la palabra
humilde y confiada que le dice esta mujer extraña.
La
verdadera identidad del pueblo de Dios empieza a revelarse y se
sintetiza como en un skech: un diálogo ríspido entre Jesús y la
mujer de una sociedad explotadora que finaliza con un sorprendente
elogio de Jesús hacia la mujer desconocida concediendo el favor
solicitado. Porque para Jesús, el caos destructor de una sociedad-
la peor amenaza al orden creado por Dios- es la actitud que lleva al
rechazo a los demás sea el que fuere: dominio, explotación,
desprecio que ignora o margina (17,23-24) Para El, lo decisivo es la
Fe ilimitada y constante en el reinado de Dios-Amor (Abba:Papito),
que con El se vuelve cercano (1,15) Con esta Fe, los muros
levantados por exclusivismo religioso, por dominio político, por
explotación económica, por sentimientos de rencor o venganza, se
derrumban. En esta escena el gran milagro es la fe de la mujer…
No una fe vaga y esfumada, sino una Fe en Jesús, miembro de un
pueblo inferior y atrasado, y en quién, sin embargo, el reino de
Dios ha llegado.
La
Argentina necesita de una Iglesia renovada en una ardorosa
Fe en Jesús, muerto y resucitado, de tal forma que lo haga
contemporáneo de las situaciones límites que vivimos. Una
Iglesia que no se contente con señalar la injusticia social sino que
construya el reinado de la justicia en libertad y verdad
desde el amor, propiciando, animando y afianzando las Comunidades
Eclesiales de Base. De tal suerte que nuestras parroquias no sean
simple lugar de ceremonias religiosas sino talleres de una
convivencia fraterna en justicia social. Así pasará Jesús
derrumbando muros ideológicos y resentimientos y prejuicios. Las
CEBs son la esperanza de la Iglesia servidora de una humanidad
dividida porque es un nuevo modo de ser Iglesia soñada por Jesús
cuando en Mt.18, 19-20 prometió su presencia salvadora con la
irrupción del Reinado de Dios-Amor.
La
CEB no es un movimiento de Iglesia, es la mismísima
Iglesia. En cada CEB surge el misterio de Iglesia: “La Iglesia
viene de lo Alto y surge en lo bajo”
(1).
Cuando dos o tres se reúnen para confrontar lo que está
pasando con el Evangelio, participan de la Eucaristía,
adquieren luces y vigor espiritual para encarar sus propias
existencias con la misma Vida de Jesús. Es un proceso: cada
bautizado se va haciendo cristiano y va surgiendo la Iglesia de
Jesús desde la historia vivida en comunidad a la luz de la FE.
Nota
(1)
Axioma teológico del P. Congar
comentando el Vaticano II
Mons. Miguel Esteban Hesayne,
obispo emérito de Viedma |