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SENTIRNOS SOLIDARIOS CON NUESTRA HISTORIA


Carta Pastoral de los obispos de Entre Ríos
- 24 de noviembre de 2002


1. Espíritu y fundamentación

El día 19 de septiembre, nos reunimos en la ciudad de San José, de la Diócesis de Concordia, junto con todo el Clero entrerriano, tal como venimos haciendo desde hace ya muchos años. Fue una hermosa reunión y encuentro fraterno y esta vez tuvo una connotación especial: nuestra enorme preocupación por la situación difícil que atraviesa nuestro pueblo en la actual crisis del País. Reflexionamos sobre la repercusión que este problema acarrea para nuestra Provincia y especialmente en las parroquias, donde se ve con más crudeza y realismo la situación de pobreza y marginación de nuestro pueblo, con todas las consecuencias tristes que ésta acarrea.

El tiempo de Adviento que se aproxima nos parece oportuno para que todos, como Iglesia de Entre Ríos, en un espíritu de verdadera comunión y urgidos por el amor, iniciemos una profunda y decidida acción pastoral que tienda a responder a toda esta problemática. No se trata de “hacer cosas”, sino de encarar un programa pastoral a mediano y largo plazo que haga de nuestras comunidades eclesiales verdaderos centros de promoción y desarrollo humano desde donde se vaya gestando un nuevo espíritu y estilo de convivencia social.

En este tiempo litúrgico esperamos y preparamos la venida de Jesús: “preparen el camino del Señor, allanen sus senderos....” (Mc 1, 3: II Dom. Adv.); el mensaje navideño “Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres amados por Él” (Lc. 2, 14) ya resuena en nuestros corazones y despierta anhelos y esperanzas: la paz es un don de Dios, pero depende también de nosotros; la paz se construye sobre la verdad, la justicia, el respeto, el amor. Frente a los problemas que nos aquejan, es la amistad social, la solidaridad, el espíritu evangélico de fraternidad, el saber compartir, la respuesta que surge de un corazón movido por la fe hacia un compromiso serio y responsable en la sociedad.

Esto es algo que nos debe llamar a la reflexión y a una sincera conversión, tanto a nosotros pastores, como a todos nuestros fieles laicos. Necesitamos un corazón nuevo, que mire al hombre con los ojos de Cristo, o mejor, que contemple el rostro de Cristo crucificado en cada uno de nuestros hermanos, especialmente en el que sufre, el pobre y necesitado, en los excluidos, en el enfermo, en los niños con hambre, en los ancianos marginados, etc. Pidamos al Señor, como lo hacemos en la Plegaria Eucarística: “Danos entrañas de misericordia ante toda miseria humana, inspíranos el gesto y la palabra oportuna frente al hermano solo y desamparado, ayúdanos a mostrarnos disponibles ante quien se siente explotado y deprimido. Que tu Iglesia, Señor, sea un recinto de verdad y de amor, de libertad, de justicia y de paz, para que todos encuentren en ella un motivo para seguir esperando” (Pleg. Euc. V: b).

Entre las debilidades que encontramos en nuestra acción pastoral, de acuerdo a las conclusiones de la reunión de San José, notamos la falta de una formación y catequesis especialmente en lo referente a la Doctrina Social de la Iglesia y al necesario compromiso social que debe asumir el laico. También notamos con preocupación que nuestra tarea pastoral se reduce muchas veces a la asistencia caritativa al hermano necesitado, tarea siempre necesaria, cayéndose muchas veces en el asistencialismo, que sabemos es un vicio que trae consecuencias funestas, como la falta de laboriosidad y la haraganería. Esto implica por una parte estudio, reflexión, análisis de la realidad viendo sus causas y raíces y sus consecuencias y por otra, la ejecución de programas de desarrollo integral, en los cuales lo principal es la evangelización, como primera manifestación de nuestra caridad. Este es, quizá, el vacío principal que advertimos: la falta de una evangelización profunda que nos lleve a asumir por una parte nuestro auténtico compromiso cristiano frente a los pobres y por otra, que nos haga conscientes de nuestra identidad cristiana para instaurar el reinado de Cristo entre nosotros, construir la Civilización del Amor.

Ante esto, queremos presentar a todos algunas ideas y propuestas, con el objeto de que las mismas sean analizadas y llevadas a la práctica en forma decidida y perseverante.


2. Un programa de amistad social y solidaridad

Lo primero que tenemos que hacer es llegar a convencernos de la necesidad de nuestra conversión personal como pastores, para que nuestras homilías y catequesis sean hechas desde una convicción profunda, desde una verdadera pasión por la verdad, la justicia y la paz. Debemos mostrar a nuestros feligreses la belleza de una vida cristiana que se manifiesta en actitudes morales que tienen la Caridad y las Bienaventuranzas evangélicas como centro y eje. Nuestro camino a la santidad no puede reducirse a actitudes piadosas o mero cumplimiento de preceptos, sino que debe implicar un verdadero compromiso social, el cual se expresará en forma organizada a través de Cáritas y por nuestra participación en diversas actividades entre las cuales se destaca la actividad política.

Además de nuestra acción pastoral profética, señalamos algunos puntos concretos:


1. Se propone crear una Comisión Interdiocesana de Pastoral de la Amistad Social (un sacerdote y un laico por diócesis) como comité ejecutivo y una  Comisión Ampliada integrada por un sacerdote o laico por zona pastoral o decanato de cada diócesis.

2. En forma similar, formar comisiones de Pastoral Social en cada diócesis y en las parroquias donde sea posible, buscando la participación de sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos capacitados, que tengan sincera vocación de estudio y trabajo en esta área pastoral.

3. Estas  comisiones tendrán como tareas específicas, el hacer una programación para el estudio y formación en Doctrina Social de la Iglesia, análisis de la realidad, planificación y acción social a nivel parroquial, diocesano y provincial. Su trabajo estará íntimamente relacionado con el de Cáritas.

4. Instituir las Jornadas de amistad social y solidaridad, como eje en el trabajo de la  Comisión Interdiocesana de Pastoral de la Amistad Social que promueva el estudio, la reflexión sobre la situación (pensar la Argentina y la Provincia) y promueva acciones comunes en cada parroquia, colegio, diócesis, etc.

5. Establecer el Viernes –podría también ser el Jueves- como día penitencial y de adoración al Santísimo Sacramento, y que el Domingo sea el “día de la ofrenda”, fruto de la penitencia del viernes.


3. La familia y el Año del Rosario

Unos de los sectores más afectados por la crisis social y moral que vivimos es el de las familias; siendo la célula básica de la sociedad, lugar donde se gesta la humanidad, se la educa y donde se experimenta la relación y comunicación humana, no podemos dejarla de lado en este programa pastoral. Estamos en el “Año del Rosario”; motivar la costumbre del rezo del Rosario en familia, para evangelizarla, reconstituirla, santificarla: es un aporte fundamental ante la crisis social que se está  viviendo. “En el marco de una pastoral familiar más amplia, fomentar el Rosario en las familias cristianas es una ayuda eficaz para contrastar los efectos desoladores de esta crisis actual” (RVM, 6. Ver también Nº 41). Pedimos encarecidamente que este año, como nos lo pide el Santo Padre, sea para toda la Provincia en “Año del Rosario”, teniendo en cuenta que María Santísima, nuestra Madre, es la Patrona de cada una de las tres diócesis entrerrianas.


Conclusión

Todas estas ideas se las ofrecemos, pidiendo al Señor que nos acompañe con el don del Espíritu, que inspire actitudes nuevas, audaces, en las que se refleje siempre el amor a Jesús especialmente en los pobres. Queremos que esto sea una acción pastoral permanente a lo largo del tiempo y que se incorpore plenamente a nuestra pastoral ordinaria. Que marque un estilo eclesial de sincero servicio y atención a los hermanos necesitados, que seamos una Iglesia que desde nuestra misma pobreza y austeridad demos un testimonio claro a todos los hombres. Construyamos la Civilización del amor.

Imploramos a María Santísima su ayuda y protección. Nuestra bendición para todos los fieles de la Iglesia que peregrina en Entre Ríos.


24 de noviembre de 2002, Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo.


Los Obispos de Entre Ríos.

Mons. Estanislao Esteban Karlic, arzobispo de Paraná

Mons. Luis Guillermo Eichhorn, obispo de Gualeguaychú

Mons. Héctor Sabatino Cardelli, obispo de Concordia

Mons. Juan Alberto Puiggari, obispo auxiliar de Paraná



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