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CARTA DEL OBISPO
Carta de
Mons. Aurelio José Kühn, obispo de la prelatura de Deán
Funes,
motivando el año internacional eucarístico y la preparación del
150 aniversario de la Inmaculada Concepción
A los
sacerdotes, religiosos y fieles de la Prelatura,
PAZ Y BIEN.
1.- Queridos
hermanos, estamos en el Año Jubilar de la Prelatura. El 25 de enero de
2005 se cumples los 25 años de su creación.
Este Año Jubilar lo
declaramos también Año de la Familia, como una manera de destacar la
importancia central de la familia en la vida de la sociedad y
desplegar una pastoral familiar que sirva de ayuda a las familias de
la Prelatura.
Conocemos de cerca las
carencias y los sufrimientos de muchas familias. Queremos tenderles
una mano amiga y fraterna, a través de la oración, la reflexión y la
cercanía. No será, ciertamente, sólo por este año de la familia.
Deberá ser una tarea pastoral permanente. Especialmente, poder
ofrecerles a los jóvenes la posibilidad de una formación en el amor e
iluminarlos sobre el verdadero sentido del matrimonio y la familia.
Efectivamente, la familia
fundada en el matrimonio, se encuentra demasiado agredida y corre el
riesgo que se profundice aún más su disolución. Es la institución
básica y más sólida de la sociedad (Ver Mt 19, 4-6). Es como el aire.
Cuando es normal, no se lo advierte. Pero sí, cuando falta. Es la
primera escuela de formación, “una auténtica escuela de humanidad”.
(Ver Navega Mar adentro, n 97,a).
Necesitamos, por tanto,
frente a las agresiones al ideal de la vida en familia, ofrecer
defensas y ayuda a la institución familiar.
Pido, entonces, a los
sacerdotes, catequistas y responsables de los movimientos y grupos
parroquiales, que asuman con entusiasmo y generosidad la preparación
de las asambleas parroquiales que tratarán estos temas: la familia, la
eucaristía y la catequesis. Este año suspendimos las jornadas
pastorales, para permitir la celebración de asambleas en las
parroquias que profundicen estos temas, de la familia, la eucaristía y
la catequesis, a partir del análisis de la realidad que se vive en
cada comunidad, iluminándolos con el aporte de los últimos documentos
del Magisterio.
2.- Son varios los
acontecimientos que nos tendrán ocupados, que espero sean otros tantos
momentos de gracia: El año jubilar de la Prelatura; el Año de la
Familia; el Año Eucarístico Internacional; el 150º aniversario de la
declaración del Dogma de la Inmaculada Concepción de María; el
Congreso de laicos del año próximo, en el mes de octubre; el Encuentro
Nacional de Catequesis también en el año próximo. Tendremos asimismo
en enero del año próximo, un Encuentro Nacional de catequesis
especial, que se realizará en Sauce Punco, en la casa de Retiro de la
Prelatura.
Ya ven que se nos ofrecen
muchas oportunidades para crecer en el conocimiento y vivencia de la
fe, asumiendo una responsabilidad en esta hora crucial de la historia.
Cada uno puede y debe dar su aporte, su colaboración.
3.- El Congreso
Eucarístico Nacional y el Año Eucarístico Internacional, que comenzó
con el Congreso Eucarístico Internacional celebrado en México y se
extenderá hasta el Sínodo de Obispos sobre la Eucaristía, a celebrarse
en Roma el mes de octubre de 2005, nos ofrecen una oportunidad única y
riquísima para nuestra acción evangelizadora en las comunidades
cristianas de la Prelatura. Por eso la propuesta de las asambleas
parroquiales.
La Eucaristía “encierra el
bien espiritual más precioso de la comunidad cristiana, el mismo
Cristo”. “La Iglesia vive de la Eucaristía”. Lo dice el Papa Juan
Pablo II..
No podemos dejar pasar esta
oportunidad sin profundizar en el conocimiento y amor a la Eucaristía.
Nadie ama lo que no conoce. Seguramente, muchos fieles por no conocer
la Eucaristía, no la aman y por eso no participan con más frecuencia y
con mayor interés y devoción. No es coherente decir, “soy creyente,
pero no practicante”. O “soy cristiano, pero no participo en la
Eucaristía dominical”. Tampoco es digno “ir a la misa” simplemente por
cumplir, por rutina, con frialdad. Jesús dio su vida por amor, se
quedó entre nosotros por amor, dispuesto siempre a ser vida de
nuestras vidas, y nosotros que lo tratemos con tanta frialdad e
indiferencia, es realmente un signo de nuestra pobreza en la fe y en
el amor.
El hombre de hoy sufre
hambre. Cree que es hambre de pan, pero en realidad es hambre de
justicia, de amor, de ternura, de escucha, de amistad. Cristo, Pan de
Vida, es el único que nos puede saciar de este hambre, y no permite
que nos conformemos con el pan de la comodidad, de la rutina, de la
cobardía. Cristo nos alimenta, y es quien nos hace fuertes y
perseverantes en su seguimiento, en el camino de la vida cristiana,
hacia la Patria verdadera y eterna.
Nuevamente les pido, en las
asambleas, junto al tema familia, descubramos el lugar de la
Eucaristía en nuestra vida cristiana, tanto personal, familiar y en la
comunidad cristiana.
4.- Finalmente,
también este año celebramos un aniversario singular: los 150 años de
la declaración del dogma de la Inmaculada Concepción de María.
Conocemos como el amor a Maria se arraiga y expresa de tantas maneras
en nuestro pueblo. En la Prelatura, en toda su amplia geografía, no
hay un pueblo o paraje que no la honre de alguna manera. Esta
presente, con una imagen o su estampa, en las capillas, en las casas,
en nichos a lo largo de los caminos, en los montes, y sobre todo se la
honra e invoca en los santuarios marianos. En la Prelatura, en el
Santuario Mariano de Tulumba, que gracias a Dios, después de tres años
de esfuerzos, podemos decir que casi lo hemos restaurado para alabanza
de Dios y de la Madre de Jesús y Madre también nuestra.
La Virgen María es siempre
un vínculo de unidad, un estímulo a la paz, un modelo de mujer y de
cristiano. María es modelo de fe verdadera: “Feliz tu que has creído”
(Lc 1,45). Mujer sencilla y humilde: “Soy la esclava del Señor” (Lc
1,38), enteramente pura y totalmente abierta y disponible a la Palabra
de Dios. Supo decirle Si a la voluntad de Dios: “Hágase en mí, según
tu palabra” (Lc 1,38).
María cuando sabe de una
necesidad, allí va, como fue a la casa de su prima Isabel a prestarle
ayuda (Lc 1, 39s). Y junto a su Hijo, Jesús, intercede en favor de sus
hijos, como en las bodas de Caná, cuando le transmite a Jesús la
noticia de que “no tienen más vino”, y Jesús, a instancias de su
Madre, realiza su primer milagro. Simplemente María les dice a los
sirvientes: “Hagan lo que El les diga” (Jn 2, 5). Quedaron como sus
últimas palabras en el Evangelio.
Hoy también María nos sigue
diciendo: “Hagan lo que Jesús les diga”.
¿Qué haremos nosotros para
honrar e invocar a María en este aniversario del dogma de la
Inmaculada Concepción?
La propuesta que les hicimos
a los sacerdotes es hacer el mes de María, del 8 de noviembre al 8 de
diciembre en todas las parroquias y capillas, con el rezo del Santo
Rosario y del mes de María, que prepararemos para todos. Así, nuestros
pensamientos y corazones se unen en las expresiones de amor, de
confianza, de gratitud, de súplica a María.
Además, que se organicen en
las comunidades la visita de MARÍA a las casas, a cada familia que lo
solicita, a través de alguna imagen de María. Estas visitas las puede
organizar La Legión de María, que lo tiene como una forma de
apostolado, pero con la participación de los movimientos y grupos
parroquiales. Y qué bueno sería que también en las escuelas se
organice un acto mariano. O que desde la parroquia o capillas se
organice también una visita de María a las escuelas. Presentarles el
ejemplo de vida de Maria, su humildad y virginidad, su total entrega a
la voluntad de Dios en la escucha de su Palabra y el poder de su
intercesión. Puede ser un aporte para superar el actual clima en las
escuelas.
Que María, a través de esa
visita realizada por hermanos en la fe, lleve la bendición y la
alegría a cada hogar, como lo hizo al visitar el hogar de Isabel y
Zacarías (Lc 1, 41-45); que esa visita sea portadora de la paz y la
esperanza a cada familia. Que sea una invitación a la reconciliación,
a la fidelidad y un estímulo de vida nueva.
Y el 8 de diciembre, que es
la solemnidad de la Inmaculada Concepción, nos encontraremos en el
Santuario Mariano de Tulumba, a las 20 hs. para celebrar la Eucaristía
y renovarle a nuestra Madre, el amor y la confianza ; encomendarle a
todas las familias de la Prelatura y las necesidades de nuestras
comunidades y pueblos.
Todo esto lo queremos hacer,
movidos por la fe y la confianza de que Dios, por intercesión de
María, puede hacer nuevas todas las cosas. Infundir también en cada
uno de nosotros un espíritu nuevo, un aliento de vida nueva capaz de
afrontar tantas situaciones adversas con las que se encuentra hoy toda
nuestra sociedad.
El Señor los bendiga y
guarde a todos, especialmente conceda a las familias la paz y la
alegría.
Deán Funes, octubre de 2004
Mons.
Aurelio José Künh,
obispo
prelado de Deán Funes
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