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TRABAJAR POR EL REINO DE DIOS, LA
FAMILIA Y EL BIEN COMÚN
Carta
pastoral
de monseñor
Aurelio José
Kühn ofm.,
obispo de Deán Funes, con motivo de la finalización del Año de la
Eucaristía (octubre
de 2005)
En
pocos días más clausuramos el Año de la Eucaristía. Cada parroquia
celebrará su propia clausura. En Deán Funes queremos hacerlo en el
Salón Iribarne, entre las dos parroquias, Iglesia Catedral y Ntra.
Sra. Del Valle, especialmente con los chicos que han hecho su primera
comunión este año y sus familias.
Esta
clausura no significará una “etapa concluida”. Esperamos, más bien,
que el Año de la Eucaristía haya sido un momento de gracia para toda
la comunidad, en especial para los chicos que han hecho su primera
comunión, y marque el inicio de un verdadero proceso de crecimiento
en la fe, esperanza y caridad. Que hayan podido descubrir y valorar
este tesoro inestimable, el gesto inaudito del amor de Jesús, que bajo
las apariencias del pan y del vino quiso quedarse, sacramentalmente,
presente en medio de nosotros, con su cuerpo, sangre, alma y
divinidad. Y a partir de ahora que todos le demos una verdadera
respuesta de amor, al amor infinito de Jesús.
Nuestra respuesta a su amor, dice el Papa Benedicto XVI, “debe ser
concreta, debe expresarse en una auténtica conversión al amor, en el
perdón, en la acogida recíproca y en la atención a las necesidades de
todos. Numerosas y múltiples son las formas del servicio que podemos
prestar al prójimo en la vida diaria, con un poco de atención. Así, la
Eucaristía se transforma en el manantial de la energía espiritual que
renueva nuestra vida de cada día y renueva así también el mundo en el
amor de Cristo “ (Ángelus, 25.09.05).
El que
no conoce a Cristo o no participa de la Eucaristía, ciertamente se
priva del Pan de Vida. Pero tampoco aprovecha de este tesoro quien
participa indignamente o lo hace por rutina, sin la necesaria apertura
y disponibilidad de corazón. ¡Cuánto necesitamos todavía descubrir,
conocer, amar y aprovechar de este Pan de Vida, que es la Eucaristía!
Por eso, más que celebrar una “clausura” del Año de la Eucaristía,
celebremos un compromiso de profundizar más nuestra fe, vivir más
intensa y sinceramente el amor de Dios y del prójimo, y así esperar
con confianza el cumplimiento de las promesas del Señor.
Con
Jesús en medio de nosotros, y con la guía del Espíritu Santo, queremos
seguir construyendo el Reino de Dios, a pesar del horizonte oscuro que
el hombre fomenta con sus actitudes egoístas y mezquinas.
El año
que esta terminando ha sido muy intenso, aún cuando la sensación es de
haber hecho muy poco, o al menos no lo suficiente. A nivel diocesano
se formó el Consejo pastoral diocesano, con la participación de los
movimientos y grupos. Se hicieron retiros, convivencias, cursillos,
eslabones, catequesis del Camino; el seminario de catequesis sigue en
su 5º año, la catequesis familiar esta dando sus frutos como también
la Legión de María y otros grupos. Las Caritas diocesana y
parroquiales ampliaron grandemente su campo de acción en favor de la
promoción de las zonas y familias más marginadas, a través de
proyectos y de la Revista Lazos del Norte. Se tramitó y está a punto
de concretarse la apertura de la primera Fazenda de la Esperanza en
Argentina. Este tema fue ampliamente explicado en los MCS y aparece
también en una carta explicativa en la Revista de Caritas “Lazos
del Norte”.
También la acción misionera fue intensa durante el año, de grupos que
vinieron de otras diócesis como de los grupos de la Prelatura. Con el
Director diocesano de las misiones recorrimos una buena parte de los
cuatro departamentos, visitando pueblos, parajes y escuelas. Uno de
los frutos de estas misiones fue la apertura de un CENMA (Centro
Educación Nivel Medio) en Totorilla y Chuña Guasi.
No
podemos dejar de señalar también la presencia de las vírgenes
consagradas y su acción en la Parroquia de San Fco. Del Chañar y en la
Casa de Oración.
A
nivel nacional, la Prelatura participó activamente a través de sus
delegados en el Encuentro Nacional de Catequesis, en el II Encuentro
Misionero Regional, en el Congreso de Laicos y en el Encuentro de
mujeres.
Lentamente, y no sin dificultades, se están restaurando los templos
de Tulumba, Rayo Cortado, Río Seco y San Francisco del Chañar, que
estaban en una situación bastante lamentable. También la inauguración
del Salón Iribarne, en el 25º aniversario de la creación de la
Prelatura, y como un recuerdo de su primer obispo Mons. Ramón Iribarne,
fue un signo de la Providencia.
Realmente, me siento admirado por la acción de la Providencia de Dios
y el aporte de tantos hermanos. Creo ver los frutos de la oración y de
la acción generosa, constante y valiente, de sacerdotes, consagrados y
laicos, verdaderos misioneros y apóstoles. Y hago una mención
especial de los monjes cartujos. Hay que saber leer los signos para
descubrir la acción oculta pero eficaz de la gracia de Dios, como
fruto de la oración silenciosa, oculta y confiada de personas que
quizás ni conocemos.
Por
todo ello, invito a todos a dar gracias a Dios porque escucha nuestra
oración; y dejando de lado toda sospecha y las incoherencias, en el
nombre del Señor “naveguemos mar adentro”, es decir, trabajemos por el
Reino de Dios, por la familia, por el bien común en nuestras
comunidades y en la nación con verdadero espíritu evangélico.
Como
fruto de este Año de la Eucaristía, celebremos cada Eucaristía,
memorial de la cena, pasión, muerte y resurrección del Señor que nos
hace acreedores de los frutos de la redención, con verdadera
devoción, poniendo todo el empeño en participar motivados por el amor
de Dios y el amor hacia los hermanos, dispuestos verdaderamente a
expresar y vivir la comunión eclesial.
Cuidemos también la dignidad y el carácter sagrado de la celebración
eucarística, participando respetuosa y dignamente; procuremos,
asimismo, que se observen con gran
fidelidad las normas litúrgicas. El lugar de la celebración, el templo
o capilla, como el altar y los elementos para el culto, aún en la
pobreza, que tengan la limpieza y el orden que corresponden a las
cosas de Dios.
El celebrante, los ministros, monaguillos, los lectores y cantores, y
todo el pueblo de Dios, debemos saber expresar al unísono nuestra
alabanza y acción de gracias a Dios en la Eucaristía, y crear las
condiciones para vivir una verdadera comunidad cristiana. Asumamos el
compromiso de hacer de nuestras comunidades verdaderas “casas y
escuelas” de comunión, a partir de la Eucaristía.
Ese será nuestro mejor aporte a la paz y transformación de las
familias y de toda la sociedad.
Los saludo y bendigo a todos.
Deán Funes,
octubre de 2005
Mons.
Aurelio José Kühn,
obispo
prelado de Deán Funes
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