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MENSAJE DE CUARESMA - AÑO 2003


Mensaje de Mons. Esteban María Laxague,
obispo de Viedma para la Cuaresma de 2003


 “Hay mas alegría en dar que recibir”
(He.20,35)


Queridas hermanas y hermanos:

También este año el Buen Dios nos invita a caminar un tiempo particular –la cuaresma preparándonos así al gran acontecimiento de la Pascua.


1.
¿Cómo vivir esta Cuaresma?

En un contexto nacional de mentiras instaladas, de grandes injusticias, de carencias muy profundas y de miedos la Cuaresma se nos presenta como un tiempo fuerte de oración, de ayuno y de limosna.

- Oración más asidua que demuestre así la prioridad efectiva que Dios tiene en la propia vida. Renovar nuestra certeza de la presencia de Dios como “Señor de la historia”.

- Ayuno y limosna que nos lleven a privarnos no solamente de lo superfluo, sino también de algo más, para distribuirlo a quienes viven  en mayor necesidad. Descubrir al otro, de quien  soy responsable, ayudará a revertir la gran concentración de recursos en manos de unos pocos, mientras que el resto de la humanidad sufre la miseria y el abandono.

Y para ayudarnos en este camino cuaresmal el Papa Juan Pablo II nos invita a centrarnos en la Palabra: “Hay más alegría en dar que en recibir” (He.20,35). Ser testigos de la ALEGRÍA del DAR.

El  desencanto, la incertidumbre, la inestabilidad en que vivimos nos pueden llevar  a la resignación, o a la simple queja, o a la pasividad esperando un cambio mágico, en cambio nuestro Padre Dios nos invita  a la ALEGRÍA  del DAR.


2. Con la fuerza de esta Palabra “hay más alegría en dar que recibir” queremos en esta cuaresma asumir el clamor de la humanidad por la Paz. En tantas partes del mundo, y también en nuestra patria, la paz está en peligro porque no se cuida la verdad, la justicia, el amor y la libertad.

El miércoles de ceniza, inicio de la cuaresma, es una invitación al ayuno y la oración por la paz en Irak. ¡Nunca serán demasiados todos los esfuerzos por sostener la paz!.

Y mirando nuestra patria también debemos sentirnos invitados a construir la paz desde este camino cuaresmal de “la alegría del dar”. Por eso estamos llamados a:

- Optar decididamente por Dios y por el prójimo, sin dejarnos atrapar por el afán del dinero y del poder.

- Optar por el bien común, y no reducirnos al bien propio o sectorial.

- Optar por manifestar nuestras capacidades de pensar, de opinar, de decidir sin dejarnos comprar o silenciar por nada ni nadie.

- Optar por participar en los espacios de ciudadanía que nos corresponden, sin ceder a la postura de estar ausente por miedo o por alguna ventaja personal.


3. Tiempos difíciles, pero también  justamente por esto desafiantes. Podemos caminar y mucho, pero ciertamente que debemos descubrir la fuerza de la comunidad. La comunidad que se reúne en el Señor, que busca y que se apoya. Por eso comparto algunas preguntas que pueden ayudarnos a buscar juntos:

- ¿Qué damos a los demás?, ¿Qué es lo que no logramos dar a los que más queremos y por qué?

- ¿Qué tiempo nos damos para agradecer a Dios y escuchar su Palabra de vida?

- En nuestros grupos, instituciones, en la misma iglesia: ¿vivimos en la dinámica del “darnos y dar”, o más bien buscamos “recibir y beneficiarnos”?

- En nuestra ciudad, barrio… frente a tantos “atropellos a la vida” ¿qué aportamos para su solución? Y al mismo tiempo ¿qué hacemos para llegar a sus causas y revertirlas? O preferimos el “no te metas” o “no se puede”?


4. Concluyo proponiendo que centremos nuestra mirada en nuestro amigo don Zatti, cuya fiesta litúrgica (la primera desde su beatificación) será el próximo 15 de marzo. En Zatti encontramos la realización de la ALEGRÍA del DAR, y por eso el constructor infatigable de la PAZ.

Subrayo estas actitudes de Don Zatti:

- Cercanía a todos, pero con una opción preferencial por los últimos.

- No hacer a nadie la vida más difícil de lo que ya es de por sí.

- Escucha atenta y capacidad de comprender al otro.

- Vivir más la pasión por lo que sucederá que el tormento por lo que sucedió. Pasión que lo lleva a hacer posible lo que parece imposible.

- Mirar y ver todo desde el Dios misericordioso.

Con la bendición de nuestro Padre Dios nos deseamos una Cuaresma rica en frutos en la construcción de la paz que nace del dar.


Mons.  Esteban Laxague,
obispo de Viedma



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