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CARTA DE LOS OBISPOS DE LA PATAGONIA


A los fieles de la Patagonia y
en particular a los jóvenes.

“Te alabo, Padre, porque has revelado
estas cosas a los pequeños”(Lc.10,14)

Queridos hermanos/ as

Cada año en Chimpay (Río Negro) se reúnen a fines de agosto varias decenas de millares de personas para festejar a un “indiecito”: el Venerable CEFERINO NAMUNCURA.

Celebrándose el 11 de mayo del 2005 el centenario de su muerte, nos ha parecido oportuno a los Obispos de la Patagonia  compartir con ustedes nuestra alegría por este regalo de Dios y nuestro compromiso en el camino de santidad que Ceferino recorrió y nos señala con tanta claridad.


1. Ceferino parte de nuestra tierra

Toda la vida de Ceferino estuvo marcada por su origen.  Ceferino nunca renegó de él. y durante los once años que vivió en Chimpay pudo asimilar el universo cultural de su pueblo con sus valores humanos, su riqueza espiritual y sus ritos sagrados.  

Fueron once años vividos en esta misma Patagonia en la que estamos viviendo nosotros.

¿No tendríamos que mirar a Ceferino para mantener nuestra relación con las raíces más profundas de nuestras familias con todos sus valores?

¿No tendríamos que saber aceptar a todos los que viven alrededor nuestro aunque no sean de nuestra misma raza, cultura, religión y nos parecen diversos y diferentes de nosotros?


2. Ceferino y la fe

En Chimpay  Ceferino participó de las rogativas de cada año  en honor de Futachau, Dios, el Gran Padre.  Sintió a Dios como alguien muy presente en cada instante de su vida cotidiana.

Pero no fue sólo la religiosidad de su pueblo que marcó la vida de Ceferino. A los dos años fue bautizado en la Iglesia católica por un misionero (el padre Domingo Milanesio) que será muy amigo de su padre.

En los años que vivió en los Colegios Salesianos de Buenos Aires, Viedma y Roma Ceferino profundizó la Buena Noticia de la Salvación de Jesús, la hizo suya, la aceptó no como algo totalmente nuevo, sino como un enriquecimiento de cuanto había vivido en su infancia.

Así el descubrimiento del bautismo y de los demás sacramentos  le permitió  soñar con un proyecto de vida muy noble: “QUERER SER UTIL A SU GENTE”

¿No tendríamos que examinar nuestra vida de bautizados? ¿el bautismo para nosotros es un constante llamado a vivir según la Palabra de Dios amándolo a Él y a cuantos nos rodean  como Cristo ha enseñado?


3. Ceferino misionero

Cuando dejó Chimpay para Buenos Aires aquella decisión: “Quiero ser útil a mi gente”, creciendo en el conocimiento y en el amor a  Cristo, se fue transformando en otra opción más profunda : “Quiero ser sacerdote y misionero en mi pueblo”. Un sueño, el suyo, que mantuvo vivo hasta los últimos días.

¿No tendríamos que preguntarnos también nosotros cuáL es la vocación a la que el Señor nos ha llamado?

¿No tendríamos que abrirnos a la voluntad de Dios Padre en cada momento de nuestra vida, sabiendo que será siempre para nuestra felicidad?


4. Conclusión

Queridos jóvenes de nuestra Patagonia: Nos parece que CEFERINO puede ser, también hoy y aquí un modelo  de amor POR su pueblo y su tierra; modelo de una fe cultivada y desarrollada también en medio de dificultades y cruces; modelo juvenil para el proyecto de vida que el supo abrazar.

Ceferino el buen indiecito conceda a todos la fuerza para entregar la propia vida para el bien común y la alegría del encuentro con Tata Dios y su Palabra. Que él nos obtenga las bendiciones más abundantes para todos y en particular para su pueblo.


Sus Obispos de la Patagonia

Mons. Alejandro Antonio Buccolini, obispo de Río Gallegos

Mons. Esteban María Laxague S.D.B., obispo de Viedma

Mons. Marcelo Melani S.D.B., obispo de Neuquén

Mons. Néstor Hugo Navarro, obispo de Alto Valle de Río Negro

Mons. Fernando Carlos Maletti, obispo de San Carlos de Bariloche

Mons. Pedro Luis Ronchino S.D.B., obispo de Comodoro Rivadavia

Mons. José Pedro Pozzi, obispo emérito de Alto Valle



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