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9 DE JULIO DE 2002


Homilía del obispo de San Luis, Mons. Jorge Luis, en el tedéum del 9 de julio de 2002 realizado en la parroquia. Sagrado Corazón,
de la ciudad de Villa Mercedes.


Este tedéum en el Día de la Independencia, en esta solemne liturgia de la Iglesia que hoy celebramos, significa alabar y agradecer a dios, como lo hizo aquel leproso curado milagrosamente de su lepra "volvió alabando a dios en voz alta, y se arrojó a los pies de Jesús con el rostro en tierra, dándole gracias", narra San Lucas.

Los otros nueve se alejaron de Cristo, rechazando el don de la fe, que bajo el signo de la curación de sus cuerpos, les había sido ofrecido a todos. Quedaron curados del cuerpo, pero se perdieron, perdieron la salud eterna que Jesús quería darles. Sólo se salvo aquel que, aceptando la fe, regresó dando gracias y reconociendo a Cristo como Dios y salvador.

Y este relato evangélico ¿que tiene que ver con la Argentina y con San Luis, este 9 de julio de 2002? Si aceptamos dejarnos iluminar, iluminará nuestras vidas, en esta hora decisiva.

Cristo nos ofreció el don de la fe desde el comienzo mismo de nuestra historia, aun antes de ser Nación Federal y estado provincial. Vino unido a grandes dones naturales y talentos humanos, comparables a aquella vigorosa salud del cuerpo que recibieron los leprosos.

Y ahora, a casi dos siglos de nuestra independencia, dios nos permite hacer un doloroso balance de lo que sucedió con aquellos dones y talentos. Podemos ver, más allá de las alternativas económicas, la presencia de la soberbia que se aleja de Dios, del egocentrismo del poder que no tiene más ley que su capricho, enfermando al cuerpo y alma de la patria. En diferentes épocas y circunstancias de nuestra historia, nuestros dirigentes, los responsables principales de ejercicio del poder, han reiterado ese dejar a un lado a Dios, dejando a un lado sus leyes de amor y de justicia.

Al lado, y en contraste con ese alejamiento, la misericordia de Dios ha permitido que en nuestro pueblo permanezcan las reservas de fe que siempre podrán salvarnos, como al leproso que supo aceptar y agradecer el amor de Dios. La fe sencilla la piedad popular sigue llevando en su corazón aquella frase tradicional, síntesis de fe y vida: "Hay que vivir como Dios manda, no hay que vivir de cualquier manera".

La han repetido (como sabiduría total) nuestros criollos del campo y los hijos de los inmigrantes.

Hoy, aunque la cultura globalizada de la soberbia egocéntrica condena por dentro y por fuera a la Argentina a vivir según el capricho destructivo de los poderosos, nuestro pueblo sigue anhelando vivir según la ley de amor y justicia que Cristo nos sigue ofreciendo.

Que así con la ayuda de Dios, podamos vivir nuestra independencia nacional


Mons. Jorge Luis lona, obispo de San Luis



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