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CARTA A TODO EL PUEBLO DE SAN LUIS
San Luis, 8 de noviembre de 2002
Como Obispo Diocesano, sé muy bien que la gran mayoría del pueblo de
la Provincia es católico, pero no quiero excluir a nadie de estas
reflexiones. Son para el bien de todos, y por eso quisiera que lleguen
a todos.
A partir del lunes
4 de este mes, el poderoso grupo de medios de comunicación que
responde al poder político de la familia Rodríguez Saá, ha iniciado
una intensísima campaña de difamación contra la Iglesia Católica, de
la cual soy en San Luis el Obispo responsable. Pasados ya cinco días,
tengo el deber de completar los conceptos de mi primer comunicado de
prensa, dado a publicidad el mismo lunes 4, y que se reproduce a
continuación en este ejemplar del Boletín Ave María.
1.
El principal responsable de esta campaña.
Sigo creyendo que es el Dr. Alberto Rodríguez Saá. Pero ya no creo que
sea solamente por su reconocido fanatismo anticatólico. Creo que el
Dr. Rodríguez Saá ha percibido con agudeza dos hechos que lo han
impulsado a jugarse entero, esta vez, en su empeño por destruir el
prestigio de la Iglesia, y a la Iglesia misma.
Primero: La
existencia de una campaña nacional contra la Iglesia, que precisamente
el Episcopado acaba de denunciar. (La denuncia se publica también en
este Boletín) Los casos Storni y Grassi fueron solamente la punta de
lanza de un ataque destinado a destruir a la institución en la que más
creen los argentinos, y a la cual más temen ciertos políticos, por su
capacidad para colaborar con el Bien Común en forma crítica para
ellos.
Segundo: Ante la
decadencia del Poder Judicial, la aparición de los nuevos “tribunales
mediáticos”. Son aquellos medios de comunicación que se proponen como
fiscales, producen los testigos, asumen el papel de jueces, inventan
el juicio que se les ocurre, se burlan de la defensa, y condenan sin
apelación.
De todo esto, ya
había abundantes antecedentes en San Luis, por el cuasi monopolio de
los medios de comunicación dominados o influidos por el Gobierno. Pero
ahora, YA NO HAY LIMITES, y el agresivo “juicio mediático” promete ser
largo y escandaloso. Es una mezcla cotidiana de radionovela,
telenovela y novela periodística, donde en medio de una abundante
maraña de mentiras, se intercalan algunos datos de la realidad, para
volverlas creíbles. Esto puede prolongarse más tiempo todavía.
2.
La principal dificultad para el responsable de esta campaña.
La Iglesia es humana, compuesta por seres humanos débiles y temerosos.
Pero también es divina y Dios le da a esos seres humanos la fuerza y
el valor que necesitan. POR ESO, NO NOS VAN A GANAR POR MIEDO NI POR
CANSANCIO. Lo decimos sin jactancia porque el mérito no es nuestro. El
Señor no abandona a su pueblo.
3.
Nuestra defensa y nuestra autocrítica.
A este respecto, es profundamente injusto que se me acuse de guardar
un silencio cómplice.
No voy a caer en
la ingenuidad de presentarme ante el “tribunal” de un pretendido
“juez” periodístico, ya sea televisivo, radial o gráfico.
Solo cuando los
autores de esas denuncias sean capaces de presentarlas por escrito
ante los Juzgados correspondientes, responderemos del modo debido y
ante los mismos.
Nuestra
autocrítica y las sanciones que puedan derivarse de ella, se harán de
acuerdo al Derecho Canónico, que es la milenaria y siempre renovada
Ley de la Iglesia. Es ley de justicia y misericordia, que nunca admite
privilegios, y no desampara nunca al pueblo fiel.
En cuanto a esos
procedimientos canónicos internos de la Iglesia, nunca cabe iniciarlos
por meros trascendidos periodísticos. También en este caso, los
responsables deben firmar la acusación y presentarla ante este
Obispado. De esa manera, en un marco de seriedad institucional y
jurídica, con las garantías que esto implica, el denunciante asumirá
la plena responsabilidad de sus dichos, y la Iglesia la plena
aplicación del debido procedimiento canónico.
Sobre todo esto,
asumo un compromiso personal. Llevo un año y cinco meses como Obispo
Diocesano de San Luis, y ya he dado algunas pruebas de que soy capaz
de tomar decisiones. Lo seguiré haciendo, sin apresuramientos
vertiginosos, y sin demoras timoratas. Les pido un normal acto de
confianza en mi persona, y con la ayuda de Dios, espero estar a la
altura de esa confianza. Esto se lo digo tanto al clero, como a los
fieles cristianos laicos.
4.
Consecuencias provinciales y nacionales.
Pueden ser graves y definitorias. Está en juego la fe religiosa, pero
algo más también: el poder vivir en autentica libertad, sin estar
dominados por la prepotencia de quienes pretenden llamar “libertad de
prensa” a la libertad para difamar impunemente.
No es así como se
vive en justicia. Ni con la Iglesia, ni con los contrincantes
políticos, ni con los funcionarios del propio Gobierno, ni con el
pueblo entero.
Y en el orden
nacional, no nos engañemos. ¿Esta es la patria nueva que se pretende
fundar? ¿O es el mismo viejo modelo de “fraude patriótico”, en que se
intenta alcanzar la eficacia administrativa a través de la mentira y
del manoseo de las conciencias?
5.
Algunas aclaraciones.
Estas campañas
difamatorias
–más
allá de toda connotación ideológica–
apelan también a un sentimiento bajo, que por desgracia nos tienta a
todos. Es la bajeza del placer de “sacar el cuero” a otra persona. En
el fondo, es nuestra soberbia, que se complace en sentirse superior
rebajando a un tercero.
Que el alma
criolla y cristiana de San Luis nos salve de alimentar esta campaña
difamatoria –o cualquier otra que aparezca–
con ese viejo pecado.
Además, quiero
dejar expresa constancia, de que conozco y aprecio debidamente, la
situación de muchos trabajadores del periodismo, que contra su
voluntad, y para no perder su medio de subsistencia, se ven obligados
a participar en actividades que les son ingratas. Ojalá lleguen
tiempos mejores.
Por último.
Sabemos que en este enfrentamiento la Iglesia no será vencida.
Pero tampoco
queremos salir, humanamente, “vencedores”.
Solo queremos que
sea Cristo quien tenga la victoria. Porque en El, en su misericordia,
vencemos todos. Los buenos y los malos, porque a todos nos da la
posibilidad de vivir con un corazón distinto, con un corazón mejor,
con un corazón nuevo.
Que Dios bendiga a
todo el pueblo de San Luis. Que María Inmaculada nos reúna a todos con
Cristo.
Mons. Jorge Luis Lona,
obispo de San Luis |
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