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SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS


Mensaje del obispo de San Luis, Mons. Jorge Luis Lona en ocasión de la celebración de la Solemnidad de Pentecostés 2002


Fuego de Amor divino, Crucificado y Resucitado. El Espíritu Santo, fuego de amor eterno entre el Padre y el Hijo, que ellos nos envían para que nuestra vida pueda arder en esa misma llama.

El Espíritu Santo, Persona divina que viene a habitar en nosotros para transformar nuestra vida entera.

El Espíritu Santo, vida de Jesucristo en nosotros, y Espíritu de Verdad, para que podamos seguirlo de verdad al Señor, aceptando nuestra cruz de cada día.

El Espíritu Santo, Espíritu de Fortaleza que sostuvo y sostiene a los mártires, y que hace capaz a un débil ser humano de dar testimonio de la Resurrección eterna, enfrentando a la muerte.

El Espíritu Santo, Espíritu de Amor que nos trae el milagro de amar al que no es amable, al que nos mortifica, y aun al que nos odia.

Ese Espíritu Divino hará posible que cada uno de nosotros, cada uno de los que invoquemos al Espíritu Santo en la Vigilia y en el día de Pentecostés –bajo esa luz que todo lo pone al descubierto– se pregunte a si mismo, y responda: ¿qué sacrificio personal, que nunca he aceptado del todo, estoy dispuesto a aceptar y vivir, de aquí en adelante? ¿qué testimonio personal, que me cuesta y del que huyo, estoy dispuesto a dar siempre, de aquí en adelante?

Dios me ofrece ese regalo, en Pentecostés.


Mons. Jorge Luis Lona, obispo de San Luis



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