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Aclaración
sobre las sanaciones
verdaderamente milagrosas
Mensaje de Mons.
Jorge Luis Lona, obispo de San Luis
2 de setiembre de 2003
1. La Iglesia
Católica Apostólica Romana cree que existen milagros de sanación, que
sobrepasan toda explicación y causa natural, y que son signos del amor
y del poder de Dios sobre nuestras vidas.
2. Esos auténticos
milagros no pueden ser proclamados por cualquier miembro de la
Iglesia, ni de cualquier manera. La autenticidad de los milagros de
sanación sólo puede ser juzgada por la autoridad jerárquica de la
Iglesia.
3. Se descartan como
milagros los casos de curaciones espontáneas que la ciencia médica
puede explicar por causas naturales. Tampoco se consideran milagros
las curaciones que pueden deberse a una situación psico-espiritual
favorable.
4. Un verdadero
milagro de sanación es un acto extraordinario del poder misericordioso
de Dios. No debe confundirse con los efectos de la gracia santificante
que Dios ofrece a todos en su Iglesia. Esta distinción es propia de la
fe católica y es enteramente aceptada por el Movimiento de Renovación
Carismática de la Iglesia Católica.
El milagro es una acción
divina excepcional, a través de la cual Dios dispone para la recepción
de dones espirituales. Sin embargo, la bondad divina pone al alcance
de cada uno de nosotros todo lo que necesitamos para salvarnos, sin
que ella ate ninguno de sus dones a obras milagrosas. Estas son
excepcionales, responden exclusivamente a sus misteriosos designios y
no es lícito a ninguno creer que bajo ciertas condiciones, Dios
siempre intervendrá con sus milagros.
5. Por lo tanto, es
erróneo afirmar que la fe del enfermo que pide ser sanado, y la fe del
ministro que ora por él son causa suficiente para que Dios realice el
milagro. Se pretendería así una especie de “obligatoriedad" por parte
de Dios a responder con su obra milagrosa, como si el milagro de
sanación fuese un acontecimiento “normal” del camino cristiano cuando
se lo suplica con fe. Si tal fuera el caso, se trataría de un dominio
ejercido por la criatura humana sobre el propio poder de Dios,
creencia absurda, inaceptable para la razón y para la fe.
6. También es errónea
y puede causar gran daño la afirmación de que si el milagro de
sanación no se realiza, se debe a falta de fe de parte del enfermo, o
de parte del ministro. El modelo de súplica llena de fe y esperanza
nos lo brindó Jesús en el huerto de los olivos. "Padre, todo te es
posible: aleja de mi este cáliz... pero que no se haga mi voluntad,
sino la tuya". La aceptación total del plan de Dios, haya sanación o
no, es nuestro mayor bien.
7. Por otra parte,
hay que estar prevenido para no caer en la tentación de publicitar la
propia fe “sanadora”, a través de la exhibición de posibles
"milagros”. El ejemplo de humildad y discreción de los santos, indica
el verdadero camino a seguir en este sentido.
8. Esta aclaración se
hace necesaria hoy para defender la pureza de la fe del pueblo
católico.
La Iglesia sigue presentando
el Misterio Pascual de Jesucristo en toda su integridad. El Hijo de
Dios se hizo hombre, aceptó sufrir hasta la muerte en la Cruz, y,
venció el sufrimiento y la muerte con su Resurrección. Así nos
acompaña para salvarnos, no sólo cuando nos sana, sino también cuando
nos llama a seguirlo con nuestra cruz de cada día, puesta al lado de
la suya, hasta la Gloria.
9. Pedimos a todos
los sacerdotes de la Diócesis de San Luis que sean fieles intérpretes
y expositores de esta “aclaración sobre las sanaciones verdaderamente
milagrosas”, en sus parroquias y en todo lugar donde se congregue el
pueblo fiel.
Mons. Jorge Luis Lona, obispo de San Luis |