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SITUACIÓN
DE LOS INSTITUTOS RELIGIOSOS
Comunicado de Monseñor Jorge Luis Lona,
obispo de San Luis
22 de enero de 2004
No
es la Iglesia quien deja
a la
Colonia Hogar, al Hogar del
Niño. Y al Hogar Materno
Infantil. Es el
Gobierno Provincial quien aleja de San Luis a
las Congregaciones Religiosas Católicas
encargadas de la guardia y protección de los
niños y adolescentes en riesgo.
1. Una obra de muchos años, orgullo de la
Provincia de San Luis.
Cuando la
familia de un niño o un adolescente no logra cumplir su misión natural
de amparo y guía, el menor queda en situación de riesgo y la comunidad
debe protegerlo, a través de los poderes del Estado. Es
responsabilidad conjunta del Poder Ejecutivo y del Poder Judicial, y
esa protección abarca distintas posibilidades.
Lo mejor,
cuando es posible, es ayudar a la recuperación del vínculo familiar
perdido, actuando sobre todos sus integrantes. Es una tarea que puede
ser larga, y a veces muy difícil. Se puede hacer con el apoyo de una
familia adoptiva, sustituta rentada, o solidaria rentada o no. O se
puede hacer con institutos especializados.
Las
mencionadas familias, con aptitud para esa delicada obra de
recuperación humana, no abundan. Los institutos u hogares estatales,
presentan una grave dificultad: se convierten en órganos burocráticos
y pueden tener efectos destructivos sobre quienes deberían proteger.
Esa desgracia sucedió en San Luis, como lo registran la memoria del
pueblo y los informes oficiales. Citamos un ejemplo:
“La Colonia
Hogar en el año 1984 era un centro que había tenido grandes momentos
en sus treinta y tantos años de funcionamiento, pero que en esos años
había entrado en un estado crónico y terminal: su personal sin guía y
sin formación para lo que venían realizando. Los menores en un
completo abandono, sin sistema de vida, sin valores a los que
arrimarse, sin otro interés que el vicio y la destrucción. Menores que
al acabar su ciclo cronológico dentro de la Colonia Hogar pasaban a la
Penitenciaría Provincial”.
Pero
entonces, hace veinte años, el Gobierno de San Luis resolvió
lúcidamente ese problema recurriendo a un valor propio de nuestro
pueblo: la religiosidad católica. Confió esos institutos a
Congregaciones Religiosas Católicas. A partir de allí, la situación
cambió totalmente, y su obra ha sido legítimo motivo de orgullo para
la Provincia y sus gobernantes. Un reciente Ministro de Acción Social
llegó a decir que “su funcionamiento era perfecto”. El Diagnóstico
efectuado en el año 2001 sobre los organismos del Gobierno les fue
enteramente favorable. En la discusión del año 2003 sobre la Ley de
Familias Solidarias, tanto los miembros del Poder Legislativo como los
del Poder Judicial que opinaron sobre su desempeño, lo hicieron de
modo elogioso y sin señalar ningún defecto.
2.
Una estrategia indirecta, que se inicia hace algo más
de dos años
A fines de
2001, siendo aún Jefe de Gabinete el actual Gobernador de la
Provincia, los Institutos a cargo de las Congregaciones Religiosas
Católicas empezaron a enfrentar un ataque indirecto.
Fueron intervenidos, sin ninguna acusación contra las Congregaciones,
invocándose como causal de la medida “la necesidad de implementar una
política de niñez y adolescencia que responda a los principios de la
Convención Internacional sobre los Derechos del Niño”. Estos
principios –asumidos por la Argentina por Ley Nacional del año 1990, y
con rango Constitucional desde la reforma de 1994– ya eran puestos en
práctica desde esas fechas en los Institutos de San Luis.
En realidad,
lo que se trató de demostrar, infructuosamente, fue que los institutos
a cargo de las Congregaciones Religiosas Católicas eran incompatibles
con la Convención sobre los Derechos del Niño. La maniobra indirecta
no pudo ejecutarse.
Así pasó el
año 2002, y a mediados del 2003 se produce el segundo ataque
indirecto. A poco de asumir el actual Gobernador de la Provincia,
el Poder Ejecutivo envía a la Legislatura un proyecto de Ley en el que
se acusa a los Institutos de “atentar contra los derechos humanos”, al
no permitir a los niños y adolescentes “convivir dentro del ámbito de
una familia”. De nuevo, no hay ninguna acusación directa
contra las
Congregaciones Religiosas Católicas. El ataque es indirecto:
según el proyecto de Ley deben desaparecer los Institutos. (Con ellos,
obviamente, deberían desaparecer también las Congregaciones).
El proyecto
fue minuciosamente analizado en la Legislatura, con la participación
de expertos, miembros del Poder Judicial, y de las Congregaciones. No
hubo objeciones contra su labor, y el texto definitivo de la Ley de
Familias Solidarias permitió la continuidad de los Institutos. La
maniobra indirecta tampoco alcanzó su objetivo.
3.
La nueva estrategia directa: difamar a las
Congregaciones Religiosas Católicas, y creando ese ambiente, alejarlas
de San Luis por la rescisión del Convenio que las vinculaba a la
Provincia.
El ataque
directo acaba de ser ejecutado. Por Resolución Nº3 del Ministerio
de Cultura del Trabajo, de fecha 19-01-2004, se han rescindido los
Convenios que confiaban a tres Congregaciones Religiosas Católicas, la
guardia y protección de los niños y adolescentes en riesgo de San
Luis.
Cuando
hablamos de difamación, lo hacemos con el sentido exacto que le
da a ese término el Diccionario de la Lengua Española: “Desacreditar a
alguien, publicando cosas contra su buena opinión y fama”. Eso está
sucediendo en estos días.
Lamentablemente, la difamación como instrumento de la acción política
es un método arraigado en San Luis. Dada la concentración del poder
mediático, el difamado puede verse en una situación de relativa
indefensión. Pero aún con modestos medios, siempre podremos dar el
testimonio de la verdad, que en definitiva es invencible.
En forma
totalmente contradictoria, el ataque difamatorio contra las
Congregaciones Religiosas Católicas, pretende basarse en uno de sus
grandes méritos. Esas Congregaciones no son organismos burocráticos.
Son Familias Religiosas llenas de amor que se preocupan especialmente
por los lazos familiares del niño. No quieren aislarlo de ninguno de
sus afectos y por el contrario, procuran salvar y reforzar todos los
vínculos de familia que sean recuperables para el bien del niño y del
adolescente.
Dentro de
ese propósito se encuadran las visitas, encuentros y períodos de
convivencia familiar que se proyectan cada año, bajo la supervisión de
los jueces encargados de disponer sobre la custodia del menor. No es
una tarea fácil. Hacen falta muchos años de experiencia y dedicación
para realizarla. Ningún burócrata lo haría.
Lo absurdo
es que quienes argumentaban que los Institutos violaban los derechos
humanos por no permitir la convivencia familiar, ahora se escandalicen
y difamen a sus responsables, precisamente por el hecho de procurar
esa convivencia.
4.
¿Qué sentido tiene todo esto?
Hemos hecho
un gran esfuerzo por dar crédito a las promesas preelectorales, de
que iba a iniciarse un período distinto, a partir del nuevo gobierno.
Pero a las promesas se las lleva el viento, y especialmente el viento
del poder.
El caso de
las Congregaciones Católicas dedicadas a la niñez y adolescencia es
muy doloroso, porque ese cambio sin motivo alguno de una política
avalada por los gobiernos anteriores –del mismo signo partidario- más
que afectar a la Iglesia Católica afectará a los más débiles y
necesitados de una ayuda eficaz, en San Luis.
A ello se
suma lo que está ocurriendo con el Instituto Religioso que el Gobierno
Provincial, hace varios años, puso a cargo de la administración del
Hogar de Ancianos. La situación legal es distinta, pero la metodología
que se está aplicando es la misma: desplazamiento y difamación.
Y permanece
en pie un reclamo no atendido hasta la fecha: se aprobó una ley
que debería hacer posible la libertad de tener un espacio para
practicar el culto Católico en la Ciudad de la Punta, tal como lo
establece por otra parte la Constitución Provincial... y ese
derecho de la gran mayoría de quienes habitan la Ciudad, que lo han
reclamado insistentemente, no es reconocido.
¿Qué sentido
tiene todo esto? Nos vemos obligados a decirlo: un sentido
claramente anticatólico.
San Luis, 22 de enero de 2004.
Mons. Jorge Luis Lona, obispo de San Luis |