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25 DE MAYO


Homilía de monseñor Jorge Luis Lona, obispo de San Luis en la Misa y tedéum
del 25 de mayo de 2004



En el Evangelio de hoy, un leproso que ha sido milagrosamente curado por Cristo, retorna para darle gracias, y el Señor le responde: “tu fe te ha salvado”. El milagro hecho en su cuerpo, lo ha vuelto capaz del acto de fe que lo salva en cuerpo y alma, por entero.

Hoy, solemnemente, damos gracias a Dios por la Patria, en este nuevo aniversario de su nacimiento. Jesús nos enseña que esa acción de gracias solo puede tener sentido como un acto de fe de lo argentinos, en el don de Dios que es la patria, y el lugar donde nos haya tocado vivirla, como es para nosotros San Luis.

Acto de fe, ante todo, en que Dios nos ha creado para amarnos, y así darnos nuestro verdadero bien, en esta patria y en este San Luis.

Eso significa que podemos distinguir el verdadero bien, frente al mal que siempre intenta disfrazarse de bien. Acto de fe por lo tanto en la verdad, ante la mentira organizada y poderosa.

Acto de fe en nuestra libertad, en que podemos vivir en la libertad lúcida y responsable, y no caer en el libertinaje ciego. Sólo así, podemos hacer el acto de fe en que es posible alcanzar la justicia, también en este mundo, y no ser prisionero de leyes injustas.

Acto de fe en el amor humano bendecido por Dios, que en el matrimonio realiza la familia y fundamenta la sociedad entera. Fe en que ese amor es la verdad que salva, ante la mentira del placer egoísta que destruye la juventud y toda la vida personal y social.

Acto de fe en el amor humano bendecido para el servicio al bien común, a través de una vida política que permita “una participación ciudadana más amplia, impida la acumulación de poder en unos pocos, y ayude a desterrar los caudillismos y personalismos que tanto mal han causado a nuestro pueblo, debilitando las instituciones”. Lo acaban de afirmar nuestros obispos, para el país entero y también para San Luis. Solo así tiene sentido hablar de democracia.

Del  mismo modo, para que esa democracia sea una república, “deber tener vigencia permanente y efectiva la separación y el equilibrio de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, que la Constitución consagra, evitando la indebida injerencia de un poder en el otro y favoreciendo el libre y mutuo control entre sí”. Lo expresaron nuestros obispos hace muchos años, y lo han reiterado refiriéndose a San Luis, en este año.

Si no hacemos este acto de fe en que la acción política puede estar al servicio del bien de todos –porque de ello nos hace capaces Dios- ¿qué sentido tendría darle gracias a Dios por la Patria?.

Pero a partir de ese acto de fe en que la política no es un obligado lugar de corrupción y despotismo, sino un posible lugar de salvación, nuestra fe en la Patria querida por Dios es capaz de crecer y abarcarlo todo.

Podemos hacer un acto de fe en que es posible la concordia y la reconciliación: fe en que los desgarrones del odio y del rencor pueden curarse.

Podemos hacer un acto de fe en que es posible la lealtad, aunque a nuestro alrededor se compren y vendan libertades y conciencias.

Podemos hacer un acto de fe en que es posible el diálogo sincero,  aunque nos hayan tendido las trampas del diálogo como maniobra engañosa.

Podemos hacer un acto de fe en la fecundidad inagotable del trabajo, ante la cultura de la dádiva que esteriliza el esfuerzo humano.

Podemos hacer un acto de fe en que es posible la honestidad, aunque se hayan acumulado  riquezas mal habidas.

Y todo eso, es posible porque podemos hacer un acto de fe en nuestra propia perseverancia, en esta lucha contra los males que afligen a la Patria. Un acto de  fe en que nosotros, pecadores, no somos hojas que arrastra el viento de las circunstancias cambiantes, sino vidas humanas sostenidas por el amor todopoderoso de Dios, capaces de permanecer en el bien y de retornar al bien, siempre y hasta el fin.

Dios llama, y puede ser oído, en la conciencia de todos.

Con esta fe y esta esperanza, hermanos, demos gracias hoy por esa Argentina y ese San Luis posibles, queridos para nosotros por el amor de Dios.


Mons. Jorge Luis Lona,
obispo de San Luis 



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