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DOLOROSA PÉRDIDA PARA NUESTRA PROVINCIA, Y LLAMADO A LA ESPERANZA


Mensaje de monseñor Jorge Luis, Lona, obispo de San Luis
26 de noviembre de 2004


Se retiran de San Luis las dos comunidades religiosas que aún permanecían, después de haber sido desplazadas de sus tareas por el Gobierno Provincial.

Como es de conocimiento público, a principio de este año el Gobierno provincial decidió rescindir los contratos que responsabilizaban a tres Congregaciones Religiosas Católicas, de la conducción de los Hogares de niños, madres, adolescentes y jóvenes en riesgo, de San Luis. En esas obras, habían demostrado una entrega y eficacia que eran orgullo de toda la Provincia.

Su alejamiento careció de motivos valederos y fue acompañado de una lamentable campaña difamataroria.

Todo ello, fue motivo de una enérgica protesta de la Iglesia, a la cual se sumó multitudinariamente el pueblo de la provincia. El Obispado aceptó, en favor de la paz social amenazada por violentas represiones, que se abriera un compás de espera para llegar a soluciones justas y dignas. Después de transcurridos seis meses ese objetivo sólo ha podido cumplirse en mínima medida. Por lo tanto, habiendo realizado el Obispado todas las gestiones posibles y todos los esfuerzos económicos conducentes a mantener la permanencia de dichas Congregaciones en la Diócesis, no ha podido evitarse que los Superiores de las Congregaciones de Terciarios Capuchinos Amigonianos, y de las Hermanas de Nuestra Señora de la Consolación, hayan optado por retirar a esos religiosos, trasladándolos a otros lugares donde su presencia está siendo requerida y debidamente valorada.

Las Hermanas del Divino Redentor, del Hogar del Niño, ya habían tomado esa decisión al comienzo del proceso.

No debe desanimarnos que los esfuerzos para salvar esta riqueza espiritual que se derramó generosamente sobre la población más desamparada de San Luis, hayan sido infructuosos esta vez. La Iglesia entera, todos los fieles, confiamos en el poder de nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, que seguirá sosteniéndonos.

Después de la gran solemnidad con que concluyó el pasado año litúrgico, este Domingo primero del Adviento renovamos nuestra fe en que Él es el Camino, la Verdad y la Vida, y que sin Él ningún proyecto humano se construye sólidamente.

Agradecemos a los Religiosos y Religiosas que nos dejan, después de tantos años de vida entregada en el servicio del amor a los más pobres e indefensos. San Luis no los olvidará.


San Luis, 26 de noviembre de 2004
Mons. Jorge Luis Lona, obispo de San Luis



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