Se retiran de San Luis las dos comunidades religiosas que aún
permanecían, después de haber sido desplazadas de sus tareas por el
Gobierno Provincial.
Como es de
conocimiento público, a principio de este año el Gobierno provincial
decidió rescindir los contratos que responsabilizaban a tres
Congregaciones Religiosas Católicas, de la conducción de los Hogares
de niños, madres, adolescentes y jóvenes en riesgo, de San Luis. En
esas obras, habían demostrado una entrega y eficacia que eran orgullo
de toda la Provincia.
Su alejamiento
careció de motivos valederos y fue acompañado de una lamentable
campaña difamataroria.
Todo ello, fue
motivo de una enérgica protesta de la Iglesia, a la cual se sumó
multitudinariamente el pueblo de la provincia. El Obispado aceptó, en
favor de la paz social amenazada por violentas represiones, que se
abriera un compás de espera para llegar a soluciones justas y dignas.
Después de transcurridos seis meses ese objetivo sólo ha podido
cumplirse en mínima medida. Por lo tanto, habiendo realizado el
Obispado todas las gestiones posibles y todos los esfuerzos económicos
conducentes a mantener la permanencia de dichas Congregaciones en la
Diócesis, no ha podido evitarse que los Superiores de las
Congregaciones de Terciarios Capuchinos Amigonianos, y de las Hermanas
de Nuestra Señora de la Consolación, hayan optado por retirar a esos
religiosos, trasladándolos a otros lugares donde su presencia está
siendo requerida y debidamente valorada.
Las Hermanas del
Divino Redentor, del Hogar del Niño, ya habían tomado esa decisión al
comienzo del proceso.
No debe
desanimarnos que los esfuerzos para salvar esta riqueza espiritual que
se derramó generosamente sobre la población más desamparada de San
Luis, hayan sido infructuosos esta vez. La Iglesia entera, todos los
fieles, confiamos en el poder de nuestro Señor Jesucristo, Rey del
Universo, que seguirá sosteniéndonos.
Después de la gran
solemnidad con que concluyó el pasado año litúrgico, este Domingo
primero del Adviento renovamos nuestra fe en que Él es el Camino, la
Verdad y la Vida, y que sin Él ningún proyecto humano se construye
sólidamente.
Agradecemos a los
Religiosos y Religiosas que nos dejan, después de tantos años de vida
entregada en el servicio del amor a los más pobres e indefensos. San
Luis no los olvidará.
San Luis, 26 de noviembre de 2004
Mons. Jorge Luis Lona, obispo de San Luis