Mensaje de monseñor Jorge Luis Lona, obispo de San Luis
18 de diciembre de 2004
El Adviento concluye con el “Sí” a Dios de José. El Ángel le anuncia
en sueños que el niño que espera María ha sido engendrado en ella por
Dios. Y José le entrega su vida a la Madre y al Niño.
Así será el varón
protector de la Nochebuena, el custodio de la Encarnación, el padre
adoptivo sin el cual no podría haberse salvado de la muerte la Sagrada
Familia.
Un ángel podría
haber ocupado ese lugar, pero Dios quiso que fuera un ser humano
varón. Y José acepta, y por eso ocupa un lugar tan privilegiado en la
Iglesia.
En él, como en
María Santísima, el signo de la grandeza es la humildad. La humildad
que protege y salva a la vida indefensa. Hoy, por el contrario, la
soberbia es el signo del desprecio y de la muerte. La soberbia
prepotente del aborto mata a millones de niños sin permitirles nacer.
Y muchas veces, es el varón quien arrastra a la mujer.
Pidamos la humilde
grandeza del “Si” a Dios y a la vida, salvando a nuestra Patria de los
nuevos Herodes.
Que la Nochebuena
dé su fruto de felicidad, que todos los niños concebidos lleguen a
nacer, y puedan ver la luz a que están destinados. Que el Niño Dios
proteja a todos los niños, hoy más que nunca.
San Luis, 18 de diciembre de 2004.
Mons. Jorge Luis
Lona, obispo de San Luis