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CRISTO RESUCITADO: TRIUNFO Y FORTALEZA INVENCIBLE DE LA VERDAD DEL
AMOR
Mensaje de Monseñor Jorge Luis Lona, obispo de San Luis
para la Pascua 2004
Sin miedo, Cristo proclama ante Poncio Pilato su poder y su realeza:
“Tu lo dices: yo soy rey.
Para esto he nacido y he venido al mundo:
para dar testimonio de la verdad.
El que es de la verdad, escucha mi voz”. (Jn.19,37)
El es la Verdad que salva y nos hace libres, El es el Camino verdadero
para poder vivir la verdadera Vida humana.
Pero en
ese momento, ante los mentirosos que lo acusarán falsamente y ante la
muchedumbre engañada, Cristo aparece como la verdad indefensa y débil.
Pilato
tiene miedo, y entrega a Cristo para que lo crucifiquen. Cristo será
la verdad crucificada y aparentemente vencida. La verdad enterrada en
un sepulcro.
¡PERO
CRISTO RESUCITÓ! El grito de alegría de nuestra Pascua proclama el
triunfo y la fortaleza invencible de Dios. Como dice San Pablo: “la
debilidad de Dios es más fuerte que la fortaleza de los hombres” (I
Cor.1,25).
La
aparente fortaleza de la soberbia y del mal, de la mentira y de la
prepotencia humana, siempre se equivoca al creerse definitivamente
vencedora. Sólo Dios es invencible.
Es la
victoria de la VERDAD DEL AMOR. Cristo es el infinito amor divino que
clavado en la Cruz gana nuestros corazones con la purísima entrega del
dolor aceptado para salvarnos.
Y al fin,
es la victoria total de la VERDAD DEL AMOR TODOPODEROSO. Cristo es el
infinito amor divino que Resucitado vive y triunfa para siempre sobre
la muerte.
Y todo
eso, ES PARA NOSOTROS. Para liberarnos del mal, y para que “en la
resurrección de Cristo, resucitemos todos nosotros”. Para que podamos
vivir la vida Pascual del Mandamiento nuevo. Para que cada Eucaristía
nos renueve y nos haga capaces del milagro de amarnos como El nos amó.
Capaces
de vencer todo rencor y toda tentación de odio. Capaces de ser
testimonio viviente de la VERDAD DEL AMOR.
Ese es el
triunfo y la fortaleza invencible que Cristo Resucitado quiere
regalarnos. Esa es la felicidad profunda de la Pascua, que le deseamos
a todos, y por la cual rogamos a Dios.
San Luis, 11 de abril de 2004
Mons. Jorge Luis Lona, obispo de San Luis |