Se curan diez leprosos, y uno sólo es capaz de agradecer el milagro de
esa curación. Sólo uno acepta el don de la fe, que Cristo les ha
ofrecido a todos, junto con la curación de sus cuerpos. Y por eso,
sólo a él Cristo le dice: "Tu fe te ha salvado". Se lo dice Dios, a un
hombre que ha creído en Él.
¿En quien cree hoy
nuestra Argentina? Hace 195 años, creía en Cristo el país naciente, y
bajo ese signo se enfrentaba la vida con esperanzada decisión de
libertad. Y se era capaz de morir por esa patria nueva.
Hoy, casi dos
siglos después, nuestro destino y salvación sigue dependiendo de
nuestra fe. Nos dicen las encuestas que aún siguen considerándose
católicos el ochenta por ciento de los argentinos. Pero es una
convicción amenazada por la invasión de una nueva cultura universal,
que propone el rechazo de Cristo y su mensaje, un acto de fe al revés
del que construyó la patria.
Nos propone creer
en un nuevo Dios: el individuo humano endiosado, el Yo de cada uno,
adorándose a si mismo. La religión del egocentrismo, del egoísmo
pensado y vivido como si fuera una virtud, y no un vicio.
Es el rechazo de
Cristo, y del difícil vivir en el amor que Él nos predica. Vivir a su
manera es poder amarse amando a los demás como Él nos ama. Realizar y
salvar la propia vida dándola por el bien de todos, y recibiéndola de
Dios. La nueva alternativa, es amarse sólo a si mismo, y usar a los
demás sin que nos importe su bien.
Esta nueva religión
no se presenta a cara descubierta, sino bajo la máscara de una
libertad absoluta. Ya no es la libertad venida de Dios, la del grito
sagrado porque sagrado era su origen. Es la libertad absoluta del Yo
humano endiosado. Un ídolo con inmenso poder de destrucción.
Ese poder, lo esta
demostrando en la Argentina y en el mundo entero con la destrucción de
la familia, primer compromiso humano de amor, primer dar y recibir la
vida. Si se destruye la familia matrimonial -la unión de amor fiel
entre el varón y la mujer con sus hijos- se va destruyendo la sociedad
entera. No hay solidaridad verdadera posible, si desaparece la primera
y fundamental solidaridad.
Pecados contra la
familia existieron siempre, lo sabe bien la Iglesia. Pero el ataque de
hoy es mas profundo que la antigua lujuria. Viene de la nueva religión
del egoísmo total. Del Yo que proclama: no quiero comprometer de veras
mi vida con nadie, porque mi vida es sólo y exclusivamente mía.
Y así, el Yo
egocéntrico se destruye a si mismo, porque se vuelve un vacío
insaciable, invadido por anhelos humanos transformados en otros
ídolos. Los ídolos del Placer, del Tener y del Poder, que sin amor
todo lo devoran. El ídolo del Placer sexual convertido en droga
egoísta devora a la familia, el ídolo del Tener codicioso vuelve
injusta a toda la economía, y el ídolo del Poder soberbio y dominante
devora a la política, avasallando las auténticas libertades civiles.
Sólo el Dios
verdadero puede liberarnos de los ídolos, sólo el acto de fe en Él
puede salvarnos, como salvó al leproso del Evangelio.
Cristo nos busca
para eso, se sigue presentando en nuestro camino. Quiere curarnos de
la lepra interior de la vida egoísta, de la vida vacía.
Que los argentinos
sepamos darle gracias a Dios, que no sólo quiso darnos riquezas
naturales que no hemos sabido compartir, sino que quiere darnos la
riqueza de su amor, definitiva y total.
Que así, nuestra
acción de gracias sea un acto de fe.
Mons. Jorge Luis Lona, obispo de San Luis