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sínodo
de
los
obispos
Catequesis de monseñor Jorge Luis Lona, obispo de San Luis para el
Vigésimo octavo domingo durante el año
(9 de
octubre de 2005)
Se ha iniciado el Sínodo de los Obispos, sobre
“La Eucaristía: fuente y cumbre de la vida y de la misión de la
Iglesia”.
Aunque los poderes del mundo desprecien a Dios
Nos unimos más que nunca al Señor
en la Eucaristía
En el
último mes del Año de la Eucaristía, el Papa Benedicto XVI ha
inaugurado el Sínodo de los Obispos de todo el mundo, que había sido
convocado por Juan Pablo II.
Es el
mismo Pedro, el Vicario de Cristo en la tierra, que sigue guiando a la
Iglesia con inquebrantable fortaleza.
Nuestro Pontífice denunció con vigor a los poderes del mundo que bajo
un pretendido disfraz de “tolerancia”, desprecian y rechazan a Dios.
Dijo
Benedicto XVI:
“Nosotros humanos, a los cuales la creación, por así decirlo, nos ha
sido dada para ser administrada, la usurpamos. Queremos ser los únicos
propietarios en primera persona . Queremos poseer el mundo y nuestra
propia vida de manera ilimitada. Dios es un obstáculo. O se hace de Él
una simple frase devota, o lo negamos del todo, proscrito de la vida
pública, hasta el punto de perder todo significado".
"La
tolerancia, que considera a Dios como opinión privada y que lo niega
públicamente, en la realidad del mundo y en nuestra vida, no es
tolerancia, sino hipocresía. Allí donde el hombre se presenta único
señor del mundo y dueño de sí mismo, no podrá existir la justicia.
Será el reino de la arbitrariedad del poder y de los intereses".
Los
poderes del mundo de hoy, despreciando a Dios, desprecian a la propia
vida humana, y fomentan la destrucción de la familia y de la entera
sociedad.
Pero
Dios no puede ser expulsado de su propia creación. El es quien nos
sostiene en la existencia, y ante El todos deberemos presentarnos al
fin.
Y Dios
ha querido quedarse en el mundo con una real y plena presencia de amor
y entrega a nosotros. Para que podamos recibirlo en nuestra propia
vida. Para que podamos adorarlo y alabarlo, contemplarlo y darle
gracias, presentarle nuestras súplicas y nuestras necesidades. Darnos
a El, que se nos dá.
Es la
presencia real de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, en la
Eucaristía.
Allí
está Dios, en el mundo entero y en nuestro corazón, triunfador sobre
todos los poderes del mal.
Mons. Jorge Luis Lona, obispo de San Luis
San Luis,
6 de
octubre de 2005. |