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INCITAN
A
LOS
JÓVENES
A
UN
PRECOZ
DESORDEN
DE
LA
SEXUALIDAD
Mensaje
de monseñor Jorge Luis Lona, obispo de San Luis,
en
la
Solemnidad de
Nuestro
Señor
Jesucristo,
Rey
del
Universo
(20 de noviembre de 2005)
San
Mateo
25,
31-46
“...y vendrá a
juzgar a vivos y muertos”. Así lo repetimos al rezar el Credo, y
así nos lo presenta este Evangelio de Cristo Rey.
Dios nos ha creado
por amor, para que nosotros como creaturas libres y parecidas a El,
podamos responderle. De esa respuesta depende nuestro destino eterno.
El sentido definitivo de nuestra vida será ese “sí” o “nó” a Dios, con
que hayamos aceptado, o rechazado, el infinito regalo que se nos
ofrecía.
La misericordia de
Dios es inmensa: El nos juzgará como un juez maravillosamente bien
dispuesto. Pero no podemos pedirle a Dios que se engañe a si mismo, y
que ante nuestra negativa, nos obligue a salvarnos por la fuerza,
privándonos de nuestra libertad. Murió en la Cruz y Resucitó para que
esa libertad nuestra pudiera salvarnos. A ese precio fuimos liberados.
Por eso, ante el
relato del Juicio Final que nos transmite San Mateo, tenemos que
sentirnos todos, allí presentes. Será el momento decisivo de todas las
vidas humanas, y de las nuestras. El momento eterno que preparamos
hoy, con nuestra vida en este mundo.
Este Evangelio nos
ayuda al examen de conciencia que hoy, tanto necesitamos. Nos recuerda
que el “nó” a Dios no se expresa solamente con nuestras malas
acciones, sino también con nuestros pecados de omisión, con esas obras
buenas que no quisimos hacer aunque Dios nos llamaba a ellas. No las
hicimos por pereza, egoísmo, cobardía... cada uno puede hallar la
respuesta en su corazón.
Son las obras de
misericordia corporales, y también siempre espirituales: no son sólo
dar, sino darnos. Dar para el bien del cuerpo y del alma del
necesitado.
En nuestro tiempo,
ese llamado de Cristo a reconocerlo en “los pequeños” que requieren
ayuda, tiene rostros cada vez más numerosos. Son los niños, los
adolescentes y los jóvenes a quienes la incitación al precoz desorden
de su sexualidad -que pronto se incorporará de lleno a la educación
oficial– amenaza con dejarlos inválidos para el amor y la formación de
una verdadera familia.
Necesitan con
urgencia enseñanza y consejo, necesitan también amorosa corrección. Y
cuando muchas veces, no la encuentran en su propio hogar, deben poder
encontrarla en nosotros, enviados de Cristo a esos “pequeños” que
presenta ante nuestra conciencia. Así nos llama a ser apóstoles en el
mundo de hoy.
Si vencemos así a
las tentaciones de ese gran pecado de omisión de nuestro tiempo,
seguramente seremos juzgados con malevolencia y con desprecio por los
que se creen los reyes de este mundo. Pero nuestra confianza está
puesta en el Justo Juez , en Jesucristo Rey del Universo.
San Luis, 18 de
noviembre
de 2005.
Mons. Jorge Luis Lona, obispo de San Luis |