|
COMIENZA EL NUEVO AÑO LITÚRGICO:
EL TIEMPO DE ADVIENTO
Catequesis de monseñor Jorge Luis Lona, obispo de San Luis para el primer
domingo de Adviento (25 de noviembre de 2005)
Evangelio de San Marcos 13, 33-37
Es el tiempo
litúrgico que prepara la Navidad: la venida feliz del
Niño Dios en Belén.
Pero además, nos
hace revivir la venida de Jesucristo –verdadero Dios y hombre ya
maduro– con la prédica de San Juan Bautista preparando al
pueblo de Israel para recibir al Mesías.
Y a toda esa
primera venida, del Niño Dios y del Hombre Dios, se agrega en el
Adviento la espera de la segunda venida de Cristo,
glorioso y resucitado como Señor y Rey del Universo. La Solemnidad de
Cristo Rey que acabamos de celebrar al término del pasado Año
Litúrgico, se prolonga en el Evangelio de este primer Domingo del
nuevo Año.
Es una parábola muy
breve y muy simple: debemos vivir esperando esa segunda venida,
como si Cristo fuera a llegar esta misma noche. No como
cristianos adormecidos en un cristianismo a medias, sino como
servidores fervorosos y atentos a lo que Cristo nos pide cada
día. Como si El viniera esta noche a pedirnos cuentas de la
jornada.
No es una
“amenaza” del Señor, para atemorizarnos. Es un regalo de vida
que El quiere que recibamos. Quiere que cada uno de nuestros días,
hasta el último, esté lleno de su vida.
El nos conoce. Sabe
que con demasiada facilidad dejamos para mañana lo que deberíamos
haber hecho hoy. Y así, la plenitud de nuestra vida puede irse
perdiendo, dejando todo para un “mañana” que nunca llega.
Pedimos en el Padre
Nuestro el pan de “cada día”. Le suplicamos a la Virgen Santísima que
ruegue por nosotros “ahora”. Es en el “ahora” de cada día, vivido en
atenta vigilancia, donde se realiza nuestro amor y nuestra salvación.
Por eso, porque Cristo quiere nuestra vida verdadera, nos pide
vivirla esperando su segunda venida.
Mons. Jorge Luis Lona, obispo de San Luis
San Luis, 25 de
noviembre de 2005. |