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ADVIENTO EN LA INMACULADA
ADVIENTO CON SAN JUAN BAUTISTA


Catequesis
de monseñor Jorge Luis Lona, obispo de San Luis, para el segundo domingo de Adviento
(4 de diciembre de 2005)


La Madre

Viene Cristo. Es la venida y la espera del Niño Dios en Belén. Y El viene en María Inmaculada. Llega a nosotros en la mujer preparada por Dios para ser la Purísima.

Estamos en la Novena de la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de María, que se celebrará el próximo jueves 8. Como todos los años, así vivimos el Adviento en la Inmaculada. La gran solemnidad mariana y el Tiempo que inicia el Año Litúrgico, están inseparablemente unidos.

Comprendamos el mensaje que nos transmite Dios. El quiso llegar a nosotros a través de un ser humano que fuera su propia Madre. Hubiera podido, en su omnipotencia, crear su propio cuerpo humano de la nada. Pero quiso recibirlo de María, y para eso la preparó maravillosamente. Quiso ser el Emanuel, el Dios con nosotros, en todo. Y ella es el orgullo de nuestra raza porque por ella y en ella Dios vino al mundo.

Somos pecadores, pero Cristo nos la dejó como Madre nuestra para que la tengamos como modelo, y como intercesora para la purificación de nuestras culpas. Es nuestro Refugio para que el perdón de su Divino Hijo lave nuestras manchas. En esta época en que se nos trata de convencer de que la suciedad del pecado es nuestra vida normal, la Purísima viene a decirnos que el Adviento anuncia el nuevo comienzo, siempre posible, de una vida pura.


El Precursor

Dios tampoco necesitaba que nadie preparara su venida, ofreciéndole al pueblo de Israel el bautismo para el perdón de los pecados. Pero quiso llegar con uno de nosotros realizando ese servicio de amor. Quiso ser también de esa manera el Emanuel. Y por eso vivimos el Adviento con San Juan Bautista.

Es otro mensaje de Dios para el Adviento. El viene, y para recibirlo dignamente necesitamos abrirle los senderos de nuestro corazón. Rectificar lo que está torcido en nuestro interior. El Bautista nos llama a todos a la humildad y a la plena conversión.

Pero además, nos hace recordar que como precursor, es modelo de nuestra vida apostólica. Cristo quiere tener precursores que anuncien su presencia. Quiere unirnos a todos a su obra de salvación, porque así recibimos su vida, renovadamente, en cada Adviento. Que vivirlo con San Juan Bautista nos ayude también a alcanzar este regalo.

 

Mons. Jorge Luis Lona, obispo de San Luis

San Luis, 2 de diciembre de 2005.


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