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SAN JUAN BAUTISTA: TESTIGO HUMILDE DEL
SEÑOR
Y MÁRTIR DE LA VERDAD Y LA JUSTICIA.
Catequesis
de monseñor Jorge Luis Lona, obispo de San Luis,
para
el
tercer domingo
de
Adviento
(11 de diciembre de 2005)
El
tercer Evangelio de Adviento nos presenta el modelo de la vida de San
Juan Bautista. Ha sido elegido por Dios para abrir los caminos de
Jesús en la más perfecta humildad. Le ha
sido
dado poder para perdonar los pecados, pero ese poder no lo llena de
soberbia.
No
permite que lo confundan con el Salvador: ha venido a servirlo, a
Cristo que está antes y por encima de él. Declara humildemente: “No
soy digno de desatar la correa de sus sandalias”.
Es así
modelo de toda vida apostólica. Nos enseña a vencer la terrible
tentación de ponernos en el lugar de Cristo, de hacerlo a un lado
para ocupar el primer lugar. Es la vanidad y la soberbia, que se
disfrazan de mil maneras, pero que al fin quedan siempre en
descubierto. Que la intercesión y el ejemplo de San Juan Bautista nos
preserven de ese mal.
Y el
testimonio del Bautista tiene también la valentía del mártir, la del
que ofrece su vida entera, hasta la muerte, como testimonio final y
decisivo. Así le rindió homenaje Juan Pablo II, en una de sus grandes
encíclicas: “En los umbrales del Nuevo Testamento, Juan el Bautista,
negándose a ocultar la ley del Señor y a aliarse con el mal, murió
mártir de la verdad y la justicia, y así fue precursor del Mesías
incluso en el martirio” (Veritatis Splendor, 91)
En
aquel documento, el Pontífice fallecido nos advertía –hace más de doce
años– sobre el avance de una mentalidad por la cual muchos piensan y
viven “como si Dios no existiera”. Hoy, esa mentalidad totalmente
descristianizada pretende dominar e invadir la vida del pueblo
cristiano, para que deje de vivir de acuerdo a su fe, para que queden
separadas la fe y la vida cotidiana, la fe y la moral. Como signos
claros de ese proceso, aparecen la destrucción de la moral familiar y
de la moral juvenil, convertidos incluso en proyectos educativos
oficiales.
Frente
a esa situación, necesitamos más que nunca el ejemplo de los mártires,
nos dice Juan Pablo II, con palabras totalmente actuales. “El
testimonio de los mártires tiene un valor extraordinario para evitar
la crisis mas peligrosa que puede afectar al hombre: la confusión del
bien y del mal, que destruye a las personas y a la sociedad.
Aunque
no seamos llamados al testimonio de la verdad moral entregando la
vida, existe un testimonio de coherencia que todos los cristianos
deben estar dispuestos a dar cada día, incluso a costa de sufrimientos
y de grandes sacrificios. El cristiano, implorando con su oración la
gracia de Dios, está llamado a una entrega a veces heroica.” (93)
Que en
este Adviento, San Juan Bautista ilumine con su martirio nuestras
vidas.
Mons. Jorge
Luis Lona,
obispo de San Luis
San Luis,
9 de
diciembre de 2005. |