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DIOS HA HECHO SAGRADAS LA MATERNIDAD
Y LA FAMILIA

Catequesis  de monseñor Jorge Luis Lona, obispo de San Luis,
para la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios.
Fiesta de la Sagrada Familia
(30 de diciembre de 2005)
 

La maternidad y la familia son realidades humanas naturales. Son consecuencia del Plan del amor de Dios sobre nuestra vida. Dios nos creó varones y mujeres para que la diferencia y la complementariedad entre los sexos estuviera al servicio de la transmisión de la vida humana en el amor.

Amar es querer el pleno bien de alguien, de veras. Pero esta realidad tan simple, que lo cambia todo, y sin la cual no puede existir la verdadera felicidad del ser humano, está siempre amenazada por su opuesto: el des-amor del egoísmo. Para amar, debemos luchar contra la tentación de ese pecado, que también puede llamarse soberbia, y está en la raíz de todos los pecados.

 Existimos porque Dios quiso amarnos para toda la eternidad. Para eso nos creó. Pero contra ese amor fuimos ingratos, y lo rechazamos. De ese Pecado Original fuimos perdonados y liberados en Jesucristo. Pero seguimos siendo capaces de usar mal nuestra libertad para rechazar al amor divino y al amor humano, que son inseparables. Y por eso la falsa cultura de nuestro tiempo rechaza cada vez con más fuerza a la maternidad y a la familia.

 Se trata de convencer a la mujer de que ser madre es una esclavitud penosa, y de convencer a jóvenes y adultos de que la familia matrimonial es un compromiso inaceptable. Porque es en el matrimonio –la unión fiel y duradera de los esposos con sus hijos– donde puede crecer y llegar a plenitud la vida. Cuando empieza a desaparecer el matrimonio, la sociedad se destruye a sí misma.

 Todo este proceso destructivo es impulsado por poderes que pretenden disimular su proyecto egocéntrico, pero lo fomentan en todos los planos. Desde la infancia, el sexo es presentado como un mero placer, e inevitablemente, así se enseña el egoísmo. Lo hace la televisión, el cine y los gobiernos en sus programas educativos.

 Pero Dios ha hecho suyas –sagradas– la maternidad y la familia. Por eso, son indestructibles realidades del amor humano. Porque son realidades divinas y humanas. Podrán sufrir crisis terribles, pero no desaparecerán porque Dios está en ellas para siempre. El Niño Dios quiso ser concebido y nacer de una Santísima Madre humana. Quiso ser dado a luz y crecer en una Sagrada Familia, divina y humana. Conservemos en alto nuestra esperanza y nuestro ánimo, pase lo que pase. Estas Fiestas Navideñas son gracias de renovación de nuestra confianza en el invencible amor de Dios con nosotros, del Emanuel que hace nuevas todas las cosas.

La generosidad del amor humano es inagotable, porque nace del infinito amor divino. Y así, siempre Felices Fiestas.

 

Mons. Jorge Luis Lona, obispo de San Luis

San Luis, 30 de diciembre de 2005.


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